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Ya estamos abocados a las cuartas elecciones generales en el último cuatrienio. Catorce meses se han cumplido desde que Pedro Sánchez, ese desfenestrado líder socialista de ida y vuelta, al que echaron de su partido como secretario general, volvió a la política, con la presentación de una moción de censura contando con toda la radicalidad de la izquierda española y sin escrúpulos para ser apoyado por nacionalistas, independentistas y los pro etarras de Bildu.

Desde entonces hasta ahora, con presentación de presupuestos que no salieron, con una convocatoria electoral que no ha servido para nada, Sánchez ha estado representando una “obra de teatro” política, que avergüenza la democracia, es una burla a los españoles y solo ha servido para demostrar sus actitudes caudillistas, su buen vivir y como es capaz de utilizar en beneficio propio, todos los resortes del Estado.

En estos catorce meses, ha engañado y burlado a los españoles, se ha burlado de Pablo Iglesias, se ha colocado en un falsario centro político, queriendo desplazar a sus rivales de izquierda y derecha, hacia los extremos, cuando en realidad, su discurso ha sido falaz, la mentira el eje de su política y su despreocupación por la realidad ha sido tan evidente como su capacidad de fracaso, como lo demostró cuando queriendo hacer ver sus liderazgos europeos a la hora de configurar los puestos de presidente del parlamento y de la comisión europea, nadie le hizo caso en su liderazgo ni en su capacidad.

El 10 de Noviembre tenemos que acudir a las urnas, para supuestamente, recolocarle en Moncloa, con más fuerza y con posibilidades de gobernar, pero la razón nos dice si eso conviene a España, si va a ser capaz de afrontar ese Brexit duro que se prevé para el inicio de campaña, si aceptará los aires de rebelión que suenan desde Cataluña con ese juicio por desobediencia a Quim Torra, el 26 y 27 de este mes, o como reaccionará ante lo que pase tras la publicación de la sentencia del Proces, que según todos los indicios, se conocerá dentro de un mes.

A esto hay que sumar esa crisis económica que toca las puertas de Europa, el exceso de déficit público que tenemos y el ahogo voluntario que ha propiciado a las Comunidades Autónomas , negándoles un adelanto a cuenta de los impuestos de sus ciudadanos correspondientes a la financiación de servicios, pago a proveedores y temas tan vitales como Sanidad o Dependencia. Pero, ¿eso que le importa a Sánchez?

En estos momentos hay que dejar de hablar de la izquierda española y del “caudillo Sánchez” para pensar en una alternativa de gobierno, desde posiciones de centro derecha. Si nos lo tomáramos en serio, esa posibilidad cabe, es posible, pero con una voluntad de unidad, de responsabilidad y sobre todo, de dejarse los “egos” en casa. Tenemos a Pablo Casado como el lider más fuerte de los tres partidos, capaz de afrontar una situación así para trabajar por España y quiere afianzar el desafío de alternativa, con unidad, diálogo y tendiendo la mano a las otras dos formaciones del bloque.

Los otros dos partidos, condenados a perder fuerza y alguno de sus líderes probablemente el liderazgo, dado su continuo fracaso en intentar un sorpaso que nunca llega, tapando los agujeros de elementos de su partido que lo han abandonado, aunque dice que yendo por separado, llegaría a un acuerdo con Casado en menos de un mes para conformar un gobierno, ha dejado abierta la puerta de la desconfianza y a un posible castigo, por su operación de última hora, propia de un mal jugador de ajedrez, queriendo abstenerse y arrastrar al PP a esa posición , faltando a su promesa de no investir a Sánchez.

El tercero de los partidos, no se si ha querido pero no ha podido, pero su mala estrategia, su “realidad propia”, alejada de las necesidades de los españoles y su bisoñez, le van a suponer una pérdida de votos tremenda, que seguramente reducirá su fuerza, pero que ha de servir a sus dirigentes, para reflexionar sobre su papel en política, sobre la capacidad que tienen para ser eficaz y no ser, esos que pudiendo ser útiles, se convierten en mero ruido y los descolocados de la realidad política española del día a día.

Lo cierto es que por número de votos, esa alternativa del centro derecha es posible, si no en su totalidad, en los territorios en donde ir juntos, es vital para frenar a la izquierda, que no dudará en usar al independentismo o al nacionalismo e incluso a Bildu para estar en el poder, pero ya no valen excusas ni amores a España de palabra, pero no de hechos, ni el vergonzoso espectáculo de darse de bofetadas en mítines y redes sociales, para el gozo y risas contentas desde la izquierda sanchista.

Ha llegado la hora de ver el nivel de responsabilidad de ese centro derecha, capaz de gobernar pero con excesivos egos en algunos de sus dirigentes y pensar en España, en evitar una ruina económica que parece puede llegar, una desazón política evidente que se está produciendo en perjuicio de los valores democráticos y en el hastío que empiezan a producir los políticos, que ni son víctimas ni lo parecen, pero que si convierten en víctimas, primero a los españoles y después a sus electores.

Tenemos tiempo para hablar, empezar a poner en la mesa lo que une, lo coincidente, para eliminando desafectos y desavenencias, que las hay, hacer lo que se ha hecho en algunas Comunidades Autónomas en donde se ven visos de acuerdo, de ganas de trabajar y de prosperidad. ¿Seremos capaces de llegar a ese camino o continuaremos dejando el camino libre a la izquierda para que termine de destruir España?

Espero que no acabe decepcionado con quienes tienen ese desafío o vamos a mandarles a esparragar.

1 Comentario

  1. Al personaje de Sánchez no hay por donde cogerlo, con todos los calificativos imaginables, pero lógicamente está en su papel para conseguir la victoria. Lo que no tendría ningún perdón, es que las demás fuerzas políticas por sus egos personales y políticos,le dejaran conseguirla.

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