centros comerciales

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La necesidad de intercambiar productos, la necesidad de relación entre las personas, y un lugar estratégico para hacerlo posible, dio origen a las ciudades. En base a esos dos fundamentos, las ciudades no han dejado de evolucionar. El pequeño comercio hoy, sigue siendo el máximo responsable para que esa filosofía que dio lugar a la concentración de las personas siga viva. Ejerce el mejor papel a la hora de vertebrar la vida social allá donde se encuentra, donde hay comercio hay relaciones humanas. Italo Calvino en su libro “Las Ciudades Invisibles” nos dice: “Las ciudades son lugares de cambio” y por supuesto que se refiere a la palabra ”cambio” en el más amplio sentido de la misma.

Desgraciadamente, luego llegaría Le Corvusier con su famosa “Carta de Atenas” y se cargaría el invento, confundió a las personas con robots. Un sector como es el comercio que hasta entonces era la mejor fórmula para la redistribución de la riqueza pasó a ser blanco de las grandes empresas financieras. Al meter sus manos en este sector, eliminaron infinidad de puestos de trabajos y el ahorro consiguiente, lejos de traducirse en un abaratamiento de los productos, se limitó a pasar a renta neta para las mismas. Afortunadamente la idea de este señor, parece que va cayendo en desuso. Ya solo falta que los consumidores abran los ojos y valoren el trato cercano, individualizado, agradecido y vuelvo a insistir, sobre todo humano que se da en el pequeño comercio.

Hemos visto como en grandes urbanizaciones de reciente construcción sin locales comerciales, ya cada vez menos, se han convertido en zonas residenciales fantasmas. Dando lugar en muchos casos a que vecinos de pared con pared, no se conozcan. Salir a tomar un café, a comprar la prensa, hacer las compras básicas, ir al banco o llevar a los niños al cole caminando y sin necesidad de coger el coche, es calidad de vida. Todo lo demás son imposiciones de los voceros y demás timaores para llevarse nuestro dinero. Pueblos y ciudades donde se dan esas circunstancias son en las que merece la pena vivir, donde es agradable pasear y salir a desayunar para ver y relacionarse con otras personas con las que la habitual coincidencia pueda dar lugar a ello.

En días pasados, leí una “entrevista”, publicidad encubierta, en un periódico de tirada importante, a un Director Ejecutivo, ahora por lo de la neo-lengua, se hacen llamar CEO. Señores que en muchos casos también su imagen va en ese mismo sentido, con lo que antes se entendía como una imagen “descuidada”. Venía hablando de las “grandes bondades” de comprar en los “centros comerciales” si, esos a los que no se puede ir sin el coche, sufrir atascos y exponerse a tener un accidente (Hoy ya, a las empresas se les obliga a pagar un seguro sobre posibles accidentes, en el traslado de sus empleados desde casa al lugar de trabajo) Naturalmente, este señor, sabía muy bien que su publicidad estaba encaminada para vecinos de Sevilla, la ciudad de Europa con mas centros comerciales por habitantes, gracias a que “nuestra Junta de Andalucía” dio en su momento y sigue dando todas las facilidades para la implantación de ese modelo de negocio en esta tierra. La ignorancia de nuestros dirigentes o los grandes agujeros en sus bolsillos dio lugar a que ignoraran entre otras cosa que por cada puesto de trabajo que se crea en un centro comercial, desaparecen entre cuatro y ocho en el pequeño comercio, en paralelo, es igual a lo que sucede con la fiscalidad que es aún más escandaloso. La publicidad encubierta de este señor, tan oportuna en la fecha, venía a intentar suavizar, el colapso que la inminente apertura del nuevo Centro Comercial a los pies del Quinto Centenario va provocar en toda Sevilla capital y su área metropolitana.

Aquí en Andalucía, no tenemos arreglo. Con un gobierno social-demócrata durante cuarenta años y cuando hablamos de grandes empresas, nos encontramos con el Neo-Liberalismo más avanzado de Europa. No se dejen tomar el pelo; recuperen el trato con el dependiente del comercio cercano, el que le da los buenos días cuando llega, el que se preocupa por su salud cuando usted se lo permite, el que disfruta de darle un trato agradable y que sobre todo, se siente muy agradecido con su visita. Que siempre se preocupara de que usted vuelva y que le echará de menos si no lo hace. Por último y debido a las actuales circunstancias, será ese dependiente el que más se preocupara de que usted siempre lleve los mejores productos y con mayor garantía para el consumo.