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En la apertura del Año Judicial, la Fiscalía General del Estado presentó su memoria de 2018 alertando del incremento preocupante de delitos sexuales que han aumentado un 23’2% hasta alcanzar los 18.986 en el año pasado, añadiendo además que muchas de las
víctimas son menores y estos delitos están realizados por personas cercanas. Ante esta realidad, la Fiscalía, sugiere estudiar la posible instalación de cámaras de vigilancia en determinados lugares como son las aulas.

De un tiempo a esta parte vengo observando, con cierto estupor, el asombro de muchos expertos ante el cambio de comportamientos sexuales de nuestro adolescentes. Se habla del escándalo que supone que nuestros muchachos vean en sus compañeras, y viceversa, objetos de placer y en sus actos sexuales simplemente una actividad más de relax o diversión. Ante ese escándalo farisaico, solo se me ocurren dos consideraciones.

Si desde el ambiente que rodea a nuestros chicos, televisión, novelas, Internet, comentarios de los mayores, etc, el sexo es un divertimento más, ¿cómo esperan que vean al otro como persona y no objeto? Y, la segunda consideración es que si a los 12,13, 14 años uno ya ha experimentado las posturas básicas del Kamasutra, ¿es raro que quiera más y tenga la tentación y pueda caer en ella del delito sexual? No son cámaras de vigilancia lo que necesitan nuestros chicos, sino una educación y un ambiente que valore la dignidad de ellos y ellas y no los presente como un mero objeto de placer.

No entiendo nada. Reduciendo el amor al sexo, ¿esperamos que del sexo salga amor? ¿Alguien me lo explica?

@jmfrancas

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