España
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Mi corazón late estos días más que de costumbre. A pesar de que mi prosa a veces no es la justa correspondencia sobre lo acontecido, y a pesar de mis sentimientos canarios, ahora mismo me detienen las palabras para este nuevo enemigo que se ha cebado en España, concretamente en la Gran Canaria, como yo la he llamado siempre.

Cuando he colgado el teléfono interesándome por este nuevo incendio, el pavor que estoy seguro que reflejaba mi cara, era el augurio que me daba la voz desde Gran Canaria y una vez mirando al cielo Canario imaginario —porque Canarias también tiene su cielo— he sentido un sobrecojo que se ha anudado en mi garganta, de ver como en estos momentos estaba ardiendo una belleza forestal que además de su parte ecológica estaba mimada por los grancanarios de Valleseco, parte de la Reserva Natural de Tamadaba. Vista que la recuerdo como si fuese ayer, cuando visitaba esa tierra, que llegué a conocer con mi señora, nacida canaria y de recuerdos nuestros en nuestra boda de plata.

Al hilo de este fuego, donde aun cuando escribo estas líneas, no hay señales de su producción, bien por los silencios como siempre, o por dada la idiosincrasia, vetusta y belleza a la vez y como dice su jefe de Emergencias del Cabildo, el único acceso de esta zona está cerrado por el fuego, donde las llamas llegan a una altura de 50 metros, que hace aún más impenetrable entrar en este patrimonio ganado por los Gran Canarios. Los evacuados se acercan a más de 8.000 personas y de seguir así irá desmembrando parte de la zona incendiada por el fuego cercando a siete municipios de la zona.

Los españoles tenemos la suerte de tener una nación llena de paraísos naturales. Un lugar -España- donde la más diversa flora y fauna campa a lo largo y ancho de nuestra geografía. Y más en Gran Canaria, donde sumamos su patrimonio vegetal, sus playas… Pero todo esto puede desaparecer si no somos conscientes del privilegio que ostentamos.
Descuidos en los tendidos eléctricos, el intenso calor y sobre todo la mano del hombre siembran el caos cada verano en nuestras ciudades y montes. Ayer fue Galicia, hoy Gran Canaria, mañana quién sabe. Esta “lotería de la vida” que condiciona tu forma de vida se puede cambiar. Todos debemos colaborar para solucionar esta lacra que cada verano asoma por la ventanilla.

Porque hoy es Gran Canaria, pero mañana puede ser tu ciudad. Otro día contaré el otro enemigo público que tenemos en España.

2 Comentarios

  1. Yo soy partidaria de una pena única para los pirómanos: Que permanezcan en prisión hasta que costeen todos los daños causados. No sólo económicos y de propiedades ajenas, de animales quemados vivos, del enorme trauma psicologico para las víctimas que sobreviven, sino hasta que quede todo el paraje antural arasado y toda la biodiversidad animal y vegetal igual que cuando él lo quemó. Es decir, sólo saldrá del talego con los piés por delante. Mano de santo. Los pirómanos se lo pensarán muy mucho.
    Exactamente igual con los maltratadores (del sexo que sean)
    Resuelto el problema.

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