Plácido Domingo
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En verdad es sorprendente la enorme cobertura mediática que se le está dando a un asunto que, en principio, no tiene en qué sustentarse, salvo en la manifestación que ha difundido la Agencia de Noticias Associated Press que apoya su información en unas entrevistas con las imaginarias perjudicadas, así como en otros testimonios de personas cercanas a ellas o a sus allegados. Todas ellas, salvo una, Patricia Wulf, prefieren mantenerse en el anonimato.

Si se tratase de otra persona, no rica ni famosa, el asunto no tendría más trascendencia y no se abrirían con él las portadas de los medios televisivos, ni en las tertulias radiofónicas dedicarían tanto tiempo como el que le prestan, ni los periódicos emplearían tanta tinta en ello, pero como se trata de “difama, que algo queda”, hay que echarle carnaza a la plebe para que tenga en qué entretenerse.

Si existiese la más mínima dignidad o seriedad, a estas noticias no se les daría pábulo, ya que la misma Agencia que la ha difundido manifiesta que no ha comprobado de forma independiente las acusaciones. ¡Indignante! Se lanza al mundo entero un bulo sin ningún fundamento, ni razón para ello, aunque el daño moral y económico que pueda hacer sea irreparable.

Como hemos dicho, la tal Patricia es la que ha manifestado que Plácido Domingo la esperaba tras las funciones para felicitarla y alabarla por su actuación. Lo más normal entre compañeros que hacen bien su trabajo.

Dice que le preguntaba por qué debía de irse a su casa tan temprano. Veamos, yo estoy con un amigo al final del trabajo, estamos tomando unas copas, a las diez de la noche mira el reloj y me dice que quiere irse. Si tengo gana de pasar un rato a gusto, lo más normal es que le pregunte que por qué se va tan pronto, que por qué no se queda un poco más. Bueno, pues resulta que quien me oiga entenderá que lo estoy acosando sexualmente. ¿Es broma o mala intención?

El por qué se iba tan temprano, según ella, es inequívocamente asedio sexual “totalmente y con toda certeza”. Continúa: “Cuando un hombre se te acerca tanto y con una sonrisa te pregunta si te tienes que ir ya a casa, de forma repetida, no encuentro otra conclusión de que quiere irse a la cama conmigo”. Añade que no hubo contacto sexual entre ambos. Si no hubo ningún acto reprobable, ¿qué es lo que hubo entonces? ¿figuraciones, ilusiones o esperanzas por su parte?

Para desprestigiar a una persona hay que tener sólidos fundamentos, pues, si no es cierto, podremos destrozarla en todos los sentidos.

Pregunto ¿Le dijo explícitamente que quería acostarse con ella, o es una deducción a la que ella llegó gratuitamente? ¿No será que eso era lo que pensaba ella?, pues deja bien claro que su marido estaba al tanto de ello.

Si no se lo propuso formalmente, todo son invenciones para hacer daño. Si no lo puede probar de forma irrefutable, debería de responder ante la justicia por calumnia. Eso tendría que hacer Plácido Domingo, denunciarla por difundir ignominias contra él sin fundamento.

Quien acusa debe probar irrefutablemente y con razón las causas de su acusación. El acusado no tiene que demostrar su inocencia. Esto es lo que se preconizas en toda democracia que se precie.

Vamos prestar atención a su marido, conocedor, según ella, del ficticio acoso, pues no aporta pruebas, ni lo ha denunciado ante un Juez que es lo primero que tendría que haber hecho, si fuese cierto, antes de comunicárselo a una agencia de noticias. Nos preguntamos ¿cuánto le habrán pagado por ello? La gente del famoso (permítaseme este palabro), no dice nada si no le pagan. Bien, su marido, ¿se calla y consiente? ¿Qué, tiene falta de dignidad o le daba igual, con tal de que su esposa subiese escaños en su carrera?

Es duro lo que voy a decir, pero en España a los hombres que dejan su mujer en manos de otros, se les llama “cornudos consentidos”, porque se deduce que están comiendo de los cuernos que le pone su esposa.

Prestemos atención ahora en las restantes. Todas ellas permanecen en el anonimato, o sea, que “tiran la piedra y esconde la mano”.

Por limpieza moral, todo anónimo debe de ser repudiado, y no ser atendido en lo más mínimo. Pero no, en esta ocasión se le presta atención y se difunde. ¡Periodistas, un poco de dignidad y de responsabilidad respecto a lo que difundís! Es mucha la destrucción que podéis ocasionar.

Éstas no dan la cara, ¿cobardía? ¿acusación sin fundamento? Ya que, después de tanto tiempo, suponemos que no será miedo. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Plácido arguye que hace treinta años las cosas eran distintas. Yo digo que lo mismo que ahora. ¿Cuántas artistas noveles no se habrán insinuado ante cualquier superior que les pudiese facilitar el triunfo en su carrera?

Lo dejo a la consideración del lector.

Son muchos años los pasados yo, no sé de leyes, pero posiblemente el asunto haya prescrito.

Entonces ¿a qué viene tanta maldad y gana de hacer daño?

¿Qué se pretende? ¿Lisa y llanamente difamar? Pero ¿con qué propósito? ¿Qué obtienen de ello?

¿Por qué han permanecido tanto tiempo en silencio y lo publican ahora cuando ya no tienen efectividad sus manifestaciones, que no acusaciones?

El daño ya esta hecho y será muy difícil de reparar como los que se han causado a personalidades célebres y que después han sido absuelvas, pues no había causa ni fundamento para ello.

Cuentan de un santo italiano, no sé si S. Felipe Neri, que una mujer que se confesaba con él tenía la maldad de infamar a todas sus amigas y conocidas, pero que no sabía cómo dejarlo. El Santo le dijo que cogiese una gallina y que la fuese desplumando por toda la ciudad y, acto seguido, que recogiese las plumas desparramadas. Ésta le respondió que eso era imposible. “Lo mismo ocurre cuando desprestigias a alguien, el daño es irreparable y siempre habrá quien difunda la noticia que se irá expandiendo causando un daño incalculable”, le respondió el Santo.

Por lo pronto, sin esperar a ningún veredicto judicial, ya han suspendido la prevista actuación de Domingo en San Francisco y Filadelfia.

Menos mal que en esta vieja y denostada Europa aún queda un poco de sensatez y buen juicio, y la Directora del Festival de Salzburgo, Helga Rabl-Stadler, apoya a Plácido y ha manifestado: “Conozco a Plácido Domingo desde hace más de 25 años. Desde el principio me ha impresionado, junto a su capacidad artística, sus modos respetuosos con todos los trabajadores y trabajadoras del Festival”.

Mantiene en vigor su próxima actuación en esta ciudad.

La cordura y el criterio ecuánime se deben de imponer por encima de las habladurías y las maledicencias.

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