barbas de Pablo Casado
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Existe una verdad incuestionable y es la poca seriedad con la que algunos españoles encaran el devenir de España con comentarios y actitudes de verdadero pasotismo respecto del inmediato futuro y de las consecuencias negativas que se pueden producir por la inestable situación política que atravesamos -en medio de una minicrisis mundial- y que nos amenaza sin tregua.

Menos mal que somos los más los que nos preocupamos con responsabilidad por que las cosas no se salgan del cauce de la normalidad. Viene esto a cuento de la noticia que al parecer inunda las redes sociales (en las cuales yo no estoy) y que en los últimos días se ocupan de las barbas que luce el actual presidente del PP. Nada más banal que esto, máxime cuando todo ello coincide con numerosos incendios, alerta por alimentos infectados, más amenazas de los independentistas catalanes y el gran problema de los náufragos.

El colmo de esta cuestión lo escuché ayer tomando café. A mi lado había tres individuos; dos que se decían militantes socialistas y un tercero que se confesaba apolítico. Lo primeros criticaban a Casado porque su barba “tenía calvas”. No me lo podía creer y menos que el tercero en discordia se limitara a reír. Puede ser que a esos socialistas les fastidiara que Casado se anticipara a hacer una visita al incendio de Canarias mientras Zapa-bis gozaba en Doñana de sus “merecidas” vacaciones.

Pero, está visto, que la izquierda siempre está lista para criticar, con o sin causa. Porque hay muchos políticos barbudos a los que nadie critica por la forma de su barba, como, por ejemplo, Garzón e Iglesias.

Y en cuanto a calvas (no alopécicas) en el gobierno en funciones (que no funciona) las hay y bastante significativas, empezando por Zapa-bis y continuando con la vicepresidenta en funciones, que, como sabe todo el mundo, es calva de ideas.