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Tomemos nota

Se llama Julio Cao de la Fuente y la carta que ha publicado el miércoles pasado a través de su cuenta de Facebook es una carta que debería leer todo el mundo y debería, incluso sonrojar a muchos. Julio empieza presentándose, como un “barrendero” y no como un “barremierdas”, empieza, por tanto, pidiendo un lógico hacia su profesión que obviamente no tiene por parte de todo el mundo.

Y a partir de ahí, Julio, empieza a desgranar, uno a uno, todos los problemas que muchos ciudadanos le generan cuando realiza su día a día, problemas que, en muchos casos, le llegan en forma de insultos o vejaciones.

Para tomar nota. Una lección de educación, comportamiento y civismo que todos deberíamos tener para con Julio y todas las personas que desempeñan labores de limpieza en nuestras ciudades. Una carta para que todos tomemos nota y, sobre todo, mucho estúpido que, sin ser nada ni nadie, mira a estas personas con el aire de superioridad de quien se cree más que otro por lo que tiene o por lo que hace.

“Querido ciudadano:

Me presento. Soy un barrendero, no un “barremierdas”. No hace falta que me admires, sólo que me respetes y valores. Cuando pases por mi lado puedes darme los buenos días, las buenas tardes o noches (según mi turno), porque ante todo soy un ser humano y en la vida valen más   la honestidad, humildad y bondad de una persona, que todos sus títulos y dinero juntos.

En este mundo todos somos iguales y cada profesión tiene su valor. Por eso te pido respeto.

Si me ves venir de noche no me insultes diciéndome que soy un alienígena, no he bajado de ninguna nave espacial, si llevo uniforme brillante y uso conos reflectivos, es para que me veas en la distancia, por seguridad. No es la primera vez que algún niñato borracho ha estado a punto de atropellarme entre risas. Cuando haya recogido la basura de tu barrio, no salgas de tu casa y tires los desperdicios en la acera para después llamarme a gritos: – “Ahí tienes, barrendero, para que no te falte trabajo”.
Cuando pases con el coche no me lances botellas de plástico o papeles de periódico como si fuese tu criado, no me digas desde la ventanilla: – “Recógelo que para eso te pagan”, porque menudo ejemplo le estás dando a tus hijos. Estoy triste y cansado. A mí me pagan para dejar las aceras y las calles como los chorros del oro, para pasar la barredera y el cepillo y regar de agua la ciudad, para que al amanecer puedas salir de tu casa y pasear por la calle presumiendo de que tu barrio es el más limpio, el más amplio y el más humano del mundo.
Querido ciudadano, puedes gastar todo el dinero que quieras en servicios de limpieza más eficientes, pero si no eres cívico continuarás teniendo la calle llena de latas, papeles, plásticos y demás. Y no me refiero sólo a aquellos que remueven los contenedores buscando entre la basura, sino a niños, ancianos o adultos a los que no les importa tirar cáscaras de pipas, hojas de periódico o colillas al suelo, incluso en mi presencia y cuando acabo de barrer. Me produce mucha tristeza haber terminado de limpiar una calle entera y volver la vista atrás para comprobar que todo está de nuevo sucio, que no has valorado mi trabajo, que has dejado un colchón en la acera, que has tirado la bolsa de basura en el interior de una papelera por no acercarte hasta el contenedor, que no has recogido las boñigas de tu perro, y has dejado sus orines por todas partes: paredes, rellanos, postes, ruedas. Un asco, vamos. No te quejes luego de que hay plagas de cucarachas o ratas muertas, de que tu barrio huele mal. La culpa no es mía. La ciudad es de todos y entre todos la tenemos que cuidar. Muchas gracias por tu interés y un saludo.
El barrendero“.