Ya tenemos nueva víctima de los “acosos” de Plácido Domingo y se trata de nada más y nada menos que Karmele Marchante. Así lo ha contado Marchante en su columna del Huffingtonpost titulada “Plácido Domingo: el patriarcado protege a sus cachorros”.

En ese artículo, Marchante nos da su opinión sobre Domingo, los hombres, las mujeres y el feminismo. Pero lo más fuerte es que nos cuenta que en los 80, y tras entrevistar al tenor, ella también se sintió acosada por él: “A solas él y yo, más o menos a media tarde. En su camerino. Cuando cerré el magnetofón se acercó más de la cuenta y con cara de “a mi me está todo permitido” me invitó al mismo hotel en el que él se alojaría en Nueva York una semana después y donde de paso lo podría admirar (sic) en el Metropolitan Opera. Y, como teníamos amistades en común, salir a cenar luego. Algo sonó en mi interior a encerrona rara y me aparte…

Ahí es nada, Karmele acosada también por Plácido Domingo, nada más y nada menos. Y viendo la trayectoria del uno y de la otra, viendo la planta de la una y del otro, hacemos un gran esfuerzo mental por creer que la batallita que cuenta Karmele no es algún tipo de sueño húmedo y la creemos para después preguntarnos, ¿tan desesperado estaba Plácido Domingo si esto fuera cierto?

Y como no somos capaces de creernos algo así, simplemente pensamos de Karmele Marchante que no es más que una oportunista que busca que se hable de ella cuando no tiene nada que ofrecer, cuando no tiene nada que vender más que su exacerbada militancia separatista. Y nos preguntamos si esto no le habrá pasado también con Brad Pitt, George Clooney, Leonardo Di Caprio, el vecino del quinto o algún compañero de colegio.

Hay que tener poca vergüenza para apuntarse de esta forma a un carro que está de moda para vender más. ¿Por qué no lo diría antes Karmele trabajando en lo que trabajaba? Quizás porque le resultara más difícil de lo que resulta ahora vender un tórrido sueño húmedo como una realidad que no más falsa que la república catalana que tanto anhela y que solo verá también en sus sueños más tórridos.

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