Miguelín
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Muchos ya conocéis lo que hizo el diestro Miguel Mateo Miguelín un 18 de mayo de 1968. Ese día Miguelín saltó al ruedo de Las Ventas cuando Manuel Benítez El Cordobés toreaba de muleta al sexto de la tarde, y lo hizo como protesta, para intentar demostrar que los toros que toreaba la figura del momento no eran muy bravos… Algo que sentó muy mal a gran parte del mundo de los toros, por lo que queremos compartir lo que le dedicaron a Miguelín en la revista El Ruedo tras ese hecho, un artículo titulado “El público dijo ¡no! a Miguelín” y firmado por Togarpe que decía así:

«¡No, Miguelín! Ese no es el camino. El escándalo público del que fue usted protagonista no tiene antecedentes en toda la historia del Tauro. Tampoco fue un gesto de valor. Lo hubiera sido si en vez de saltar al ruedo cuando el Cordobés tenía al toro humillado, complentamente entregado, lo hubiera hecho usted a la salida de los toriles. Su acto, pues, tuvo más de tabernario que de heróico.

Ningún hombre que viste de luces puede aplaudir la “faena” de Miguelín. El mismo Paquito Muñoz le increpó duramente cuando el torero algecireño llegó al callejón tras el lamentable espectáculo ocurrido minutos antes. E igualmente condenaron su actitud diestros tan famosos en otra época como Jumillano, Gitanillo de Triana, Pablo Lozano… E igualmente ofrecieron su repulsa toreros en activo, como el Puri, Luis Segura, José Fuentes, Jaime Ostos y todos cuantos forman parte del escalafón taurino.

Pero uno sabe como se fraguó la desdichada historia. Uno fue testigo de como, minutos antes de comenzar la corrida, un crítico tremendista y un ganadero sevillano, se acercaron al hall del hotel Wellington a Miguelín para envenenarle con frases hirientes. Y Miguelín les hizo el caldo gordo a los sapientísimos incordiantes. Tremendo error del que, seguramente, esté ya arrepentido.

Porque el gesto pasó a las páginas de los sucesos. Miguelín se jugó tontamente la posibilidad de quedarse sin torear durante dos años, como establece el artículo 63 del Reglamento.

El asombro, el pasmo, la ira, la escandalera se desató en los tendidos, donde, como era de esperar, el público se dio cuenta de la maniobra, estallando en un unánime aplauso a la labor de Manuel Benítez que acababa de cuajar una de las mejores faenas taurinas de toda su vida. Cuando un toro está vencido, absolutamente humillado, es muy fácil saltar a un ruedo a cuerpo limpio. Pero eso no tiene nungún mérito. La prueba es que el chófer de El Cordobés, Antonio Sánchez (que jamás se ha puesto delante de un toro), saltó también al ruedo, con olímpico desprecio para su integridad física, con objeto de retirar a Miguelín.

Más plausible, pero, sobre todo, más honrada fue la actitud de Manuel Benítez, que en ningún momento perdió los nervios y ofreció a Miguelín una lección de dignidad y de hombría:

-El incidente no tiene la menor importancia. Son accidentes, gajes del oficio. Yo perdono de todo corazón.

Si lo que Miguelín pretendía es una publicidad gratuita es cierto que lo ha conseguido. Pero nadie hoy puede aplaudir una gamberrada de la que la afición madrileña es totalmente ajena. Las disputas entre personas se ventilan dando la cara, de tú a tú, no aprovechándose del éxito de un torero que había puesto escalofríos emocionados en todas las gargantas.

Por eso tengo que insistir: ese no es el camino, señor Matero. Usted ha provocado un escándalo, alterando el orden público con una actitud barriobajera. Usted era ya matador de toros cuando Benítez recorría la geografía taurina en busca de una oportunidad. Nadie le ha quitado el pan a Miguelín. Lo que hace falta es llenar las plazas y no liarse de gresca con reyertas tabernarias.

Lo demás es ganas de atropellar la razón. Que, en este caso, no está de parte del algecireño. La repulsa general de los veintitantos mil espectadores que llenaban la plaza han delimitado las posiciones de las partes litigantes.

¡No, Miguelín! No tiene usted razón.»

Os dejamos con el vídeo de lo ocurrido: