vergüenza torera
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Leyendo la biografía de torero sevillano Antonio Reverte Jiménez, nacido en Alcalá del Río el 28 de abril de 1870 y muerto en Madrid el 13 de septiembre de 1903 víctima de una enfermedad, me he topado con una crónica como ejemplo de vergüenza torera. Crónica que quiero compartir con todos vosotros:

<<Lidiábase el último toro de la tarde. El público, que llenaba los ámbitos de la Plaza, contenía en silenciosa expectación su angustia ante la silueta del torero perfilado en la misma cabeza de la fiera para hundir su espada en todo lo alto del morrillo. Y en aquel momento, momento largo y breve, una rosa, procedente quizá de una mano femenina, vino a caer revoloteando a los pies del lidiador como una blanca mariposa primaveral.

¿Qué hizo entonces Antonio Reverte? El héroe, nunca mejor así llamado, desarmó su brazo, se inclinó sobre la arena y recogió la rosa. Un grito de espanto sacudió a la multitud hasta las raíces del alma. El toro se había arrancado y corneaba aparatosamente al temerario. Acudió la cuadrilla al quite y el torero pudo levantarse ileso con la rosa en la mano.

vergüenza torera

Más tarde, su amigo le interrogaba:

-¿Por qué hiciste aquello Antonio? ¿No viste que aquel toro, al arrancarse pudo matarte?

-Naturalmente que lo vi. Pero si no recojo aquella rosa hubiera quedado como un cobarde; y no es ciertamente a los cobardes a los que se arrojan flores en el ruedo>>.

Así muestran esta anécdota como ejemplo de vergüenza torera. En mi opinión la vergüenza torera va más allá, ¿qué opináis vosotros?