Pedro
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Las lenguas con las que nos comunicamos los seres humanos, son entes vivos que nacen, crecen, viven, en algunos casos se multiplican, evolucionan o mueren. Tal ocurrió con el Latín que se esparció por toda Europa y tuvo varias hijas que se conocen como lenguas románicas, o romances, entre las que se encuentran el Castellano o Español.

Éste dio sus primeros vagidos allá por el siglo IX, según las últimas investigaciones, por documentos de este tiempo encontrados en el monasterio de Valpuesta en Burgos en los que se hallan oraciones con términos en castellano a medida que el latín iba desapareciendo.

Esto no quiere decir que el pueblo llano no se estuviese expresando con anterioridad en esta balbuciente forma de hablar, pues bien nos dice Gonzalo de Berceo, ya en el siglo XIII: “quiero fer una prosa en román paladino, en qual suele el pueblo fablar con so vecino”, lo que pone de manifiesto que el pueblo ya hacía tiempo que se manifestaba en la nueva lengua nacida del Latín.

Las hablas evolucionan y se van acomodando a los nuevos tiempos adquiriendo unas palabras y dejando atrás otras que terminan abandonándose por falta de uso.

Hoy día, salvo para los campesinos que continúan apegados a su tierra y han evolucionado poco, utilizar la palabra bieldo, trillo u otras semejantes, carece de significado para la mayoría de los hablantes de las ciudades.

La idea que concebimos en nuestra mente, y que para comunicarla a los demás no tenemos otro remedio que usarla palabra, ya que carecemos de telepatía, debemos de enunciarla con propiedad y corrección. Ambas deben de ir de la mano pues puede ser que nos expresemos con una palabra correcta pero carente de corrección, porque sea malsonante.

Pero lo que deberemos de evitar a toda costa es usar palabras que no sean genuinas ni apropiadas para comunicar lo tenemos en mente, porque puede poner de manifiesto que o no tenemos cultura, somos carentes de conocimientos o quizá no sabemos ni lo que queremos decir, llevando a la confusión a los que nos oyen.

¿A qué viene todo esto? Pues a que nuestro nunca bien “ponderado” Presidente en funciones Pedro Sánchez, pasada la tragedia que ha asolado a la Palma de Gran Canaria, después de que lo madrugase Pablo Casado, se ha presentado en la isla para expresar el profundo sentimiento que le embarga la pérdida de tantas hectáreas calcinadas por el fuego y ha manifestado que a los palmeses no les faltará: “el apoyo y el arrope de las instituciones”.

Me remito a la RAE, el arrope, según lo define dicho organismo es: “Mosto cocido hasta que toma la consistencia de jarabe espeso…”, o también “…jarabe concentrado hecho con miel y alguna sustancia vegetal medicinal”.

¿A cuál de los dos te refieres? Supongo que a ninguno, pues los palmeses, después del desastre soportado no estarán para que nadie le lleve dulcesitos.

Posiblemente hayas querido decir que no les faltará apoyo, atención y cuidado, pero eso se expresa en Castellano con la palabra arropamiento, derivada del verbo arropar que significa, según la segunda acepción que a este verbo la da el DIRAE: “Proteger, defender o amparar a alguien”.

Vamos a ver Pedro, ¿qué es desconocimiento, falta de vocabulario o incultura? ¿Con cuál no quedamos?

No sé cuantos asesores te pagamos los españoles, pero considero que deberían de ser más cuidadosos y allí dónde no lleguen tus conocimientos ellos lo suplan con la sapiencia que deben de tener para que no cometas meteduras de pata de tal calibre.