Batalla de Flores de Laredo
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“Laredo tiene unas cosas que le han dado justa fama”. Esta frase de una de las canciones marineras del conocido como cancionero pejino, define perfectamente la historia de Laredo porque fue la capital de Las cuatro villas de Cantabria, La idiosincrasia, por su carácter de villa marinera y puerto de Castilla al mar, su belleza al ser un emporium turístico desde la década de los sesenta en el norte de España, y sobre todo su alegría y arte de un pueblo marinero, sacrificado, pero jovial, que da todo de sí, a sus habitantes como visitantes, con la “Batalla de Flores de Laredo”.

Ciento diez años contemplan a esta hermosa fiesta laredana, la más importante del año y la que define su carácter y su manera de ser, desde que unos humildes pescadores engalanaran sus barcos, con flores, claveles y guirnaldas, para hacer del final del verano, su expresión de alegría y capacidad artística.

De ese puerto pesquero, poco después el desarrollo de la “Batalla de Flores”, pasó a celebrarse en tierra, con la construcción de bellas carrozas de base de madera y llenas de claveles y dalias, que servían de soporte a figuras artísticas, elaboradas con piezas que son petaleadas a mano, pétalo a pétalo, creando una composición perfecta en lo artístico, preciosa en lo estético y grandiosa en su conjunto.

Hoy viernes y una vez más, con la participación de casi todo el pueblo en su construcción, ocho carrozas, desfilarán en el circuito de la Alameda de Miramar, como culmen de la expresión y trabajo de todo un pueblo, que desde su humildad, pero con el orgullo de su capacidad, ha trabajado todo el año, en el diseño de estas carrozas, de tres metros de ancho, por ocho o diez de largo que contemplan cada una unas doscientas mil flores entre dalias, claveles y pétalos de las figuras que además de ser un regalo para la vista, es el regalo del alma hermosa y bonita de los pejinos, tanto a sus habitantes como a los visitantes, porque sí en Laredo el mar es el medio de vida, sacrificado oficio, sus fiestas, son también producto del sacrificio y trabajo de sus habitantes, quienes para estar de fiesta este viernes último de agosto, trabajan meses, cultivando flores, construyendo las carrozas desde Tarrueza a La Pesquera, pasando por las Carcobas, el puerto o El Barrio de San Lorenzo.

Definir la Batalla de Flores de Laredo no es fácil, porque se mezcla el sentimiento de un pueblo, su capacidad, su fortaleza de espíritu, pero como bien dice la compositora de boleros laredana M.Jose García Castillo, en ese su himno particula a la Batalla de Flores de Laredo, es “ un perfume de flor, dalias en color, Laredo florece.Agosto se va, con ritmo y compás cargado de luz.Carrozas sin fin, pasan ante ti, rozando las nubes. Afán de emoción, belleza sin par, música y canción .Quédate a disfrutar, que Laredo te espera, no verás nada igual!. La Batalla de Flores, preparada ya está da comienzo el desfile, déjate deslumbrar, perfume de flor, dalias en color. La noche anterior, la magia empezó. Ven a pasear, gozar del ritual, verás como visten carrozas de gala, un esfuerzo por ti, amo, tradición.Nuestra alma, está aquí “.

Pero hoy, este último viernes de agosto, tiene para los laredanos un doble sentimiento, porque si la Batalla de Flores es un regalo al alma y a los sentidos, es a la vez motivo de tristeza porque ese alma pejina, retrechera y marinera, se queda sola, porque los visitantes del verano, que quedan enamorados de Laredo por siempre y para siempre, se van a sus casas, dejando esa fuerza que en la vida da la convivencia, el recuerdo de los buenos momentos y la imagen de esa inmensa sonrisa que refleja y representa la playa Salve a quienes visitan la joya turística de Cantabria, Laredo, que fuera incluso elogiada por el Emperador Carlos V, cuando desembarcó desde Flandes en la villa, para iniciar su traslado de retiro a Yuste.

Laredo, madre, alma, casa, sentimiento, tierra. Déjame pedirte una preciosa Batalla de Flores como siempre ofreces y regalas a todos, pero déjame decirte que te amo, que eres la dueña de mi alma, mi ilusión como tú hijo y sobre todo ese grandísimo orgullo de llamarme “ pejino”.