convención

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El próximo mes de Septiembre el Partido Popular del País Vasco ha convocado una convención para “actualizar su mensaje” y “marcar perfil propio como manera de entender la pluralidad de España”. La intención de este encuentro es fortalecer nuestro discurso con el objetivo de ofrecer un proyecto más atractivo y mejorar los malos resultados de las últimas elecciones. En definitiva, para que aquellos vascos de centro derecha que no son nacionalistas, sientan la utilidad del voto al Partido Popular. No conozco todavía el texto de la ponencia política, pero creo que esta circunstancia hace precisamente que mi aportación sea más espontánea y menos mediatizada.

Hablemos en primer lugar de la “actualización del mensaje”. Habitualmente esta necesidad suele plantearse por la dirección de cualquier organización, también la de los partidos políticos, cuando los resultados no son los apetecidos. Es una obviedad, pero conviene decirlo, si en el mes de Mayo en vez de 55 concejales hubiéramos obtenido por ejemplo 232, como llegamos a tener en el pasado, nadie habría planteado la necesidad de un cónclave. Por tanto, se plantea la necesidad de actualizar el mensaje desde la preocupación por una trayectoria descendente que debemos intentar detener. Esta preocupación, compartida por todos los militantes, debe obligarnos a acertar con el análisis, no vaya a ser que con las prisas traslademos un discurso que, lejos de incorporar nuevos votantes, deje de ser atractivo para los que todavía confían en nosotros.

En su actualización no debemos olvidar que el Partido Popular, siendo con diferencia la opción mayoritaria del centro derecha constitucional en el País Vasco, no es ya la única opción. Esta circunstancia ha resultado por ejemplo definitiva para no obtener el escaño alavés en las elecciones generales del mes de abril. Por tanto, al presentar nuestro proyecto recordemos que, en nuestro espacio político, tenemos ahora competidores a derecha e izquierda.

Vayamos con la segunda y más importante cuestión, el modo en que “marquemos el perfil propio”. La manera en que ofrezcamos a los vascos nuestro proyecto será definitiva para que iniciemos la remontada o terminemos por convertirnos en una opción testimonial sin capacidad de influencia alguna. Tras la aprobación de la Constitución y los estatutos de autonomía, se produjo en España, obviamente es solo una opinión personal, una eclosión de los sentimientos particulares, de los propios, por encima de lo general, de lo común. Podríamos decir que España pasó a ocupar un segundo plano y lo prioritario, lo moderno, era evidenciar y potenciar todo aquello que nos hiciera distintos a unos españoles de otros: Lengua, costumbres, cultura etc.

Han tenido que pasar cuarenta años para darnos cuenta que esta competición desaforada por exaltar la diferencia, esta apología de la singularidad, ha llevado a esa patria común e indivisible de todos los españoles, recogida en el artículo dos de nuestra Constitución, a la unidad de cuidados intensivos. Si algún lugar de España, sin olvidarnos de Cataluña, se ha distinguido por tirar de las costuras de nuestra nación reivindicando la diferencia, ése ha sido el País Vasco. En nuestro caso hasta el extremo de tratar de imponer un proyecto totalitario mediante el terror, dejando tras de sí un reguero de 856 asesinatos. Así pues, a la hora de determinar perfil propio no podemos olvidar el de aquellos que con violencia o sin ella, como los nacionalistas, continúan combatiendo nuestro proyecto desde el desprecio y con engaños.

Por tanto, a la hora de establecer cuáles deben ser las señas de identidad del Partido Popular Vasco centrémonos en lo fundamental. Recordemos por ejemplo que el euskera, recogido en el artículo seis de nuestro estatuto como lengua propia junto al castellano, tiene carácter oficial. No olvidemos tampoco que la actualización de los Fueros, se incluye también en la disposición adicional primera de nuestra Constitución. Siendo esto así y no estando cuestionados por nadie en el País Vasco, no parece que necesiten de mucha mayor defensa porque ya forman parte de nuestras señas de identidad.

Por contra, quienes se sienten asfixiados por un sistema educativo en el que se adoctrina y se manipula la historia, quienes pagan una televisión pública al servicio del nacionalismo o aquellos que tienen dificultades para acceder a un empleo público por no conocer con soltura la lengua minoritaria, creo que sí necesitan de un proyecto que les defienda y diga con claridad “basta ya” y lo haga sin complejo alguno, defendiendo la libertad individual que es la mayor conquista de una sociedad democrática. Un proyecto que desde su profundo enraizamiento en cada una de las tres provincias vascas se siente orgulloso de los vascos que nos precedieron, vascos como el embajador Gardoqui o el General Álava, Almirantes como Oquendo o Churruca, descubridores como Elcano, Legazpi o Garay, santos como Ignacio de Loyola, escritores como Unamuno o Baroja o artistas como Zuloaga o Chillida. Vascos que contribuyeron a la forja de España junto a extremeños, catalanes, castellanos, andaluces o gallegos porque creyeron que la unión nos hacía mejores, sin sentirse distintos ni superiores.

Por eso, ahora que estamos en tiempos de tribulación y recordando a San Ignacio, conviene que nos reunamos sí, pero quizá la mudanza debe ser la justa para que nos sigan reconociendo como lo que somos, vascos, tanto como los nacionalistas, pero vascos que trabajamos en defensa de la patria común, España, y con mente abierta, como hicimos siempre a lo largo de los siglos. Vascos que como, Iparraguirre, otro antepasado que anduvo por Europa y América en el siglo XIX, apostemos por lo que nos dejó escrito en esos versos universales del Gernikako arbola: “Eman ta zabalzazu munduan frutua”. Si trabajamos para dar y esparcir por el mundo el fruto, no tengo ninguna duda de que acertaremos.

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