Meetic

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Para encontrar imbecilidad basta con salir a la calle

Todo está lleno de gente que camina guasapeando sin mirar hacia adelante, hablando con el teléfono cogido con la palma de la mano derecha como si fuera una bandeja de canapés y conduciendo esos monopatines que son el mayor peligro para la circulación del siglo XXI, sin potencia y con ruedas pequeñas. Pero está claro que el lugar con el mayor nivel de estupidez del siglo XXI es Meetic. Intentaré razonarlo.

Me apunté no ha mucho a Meetic, en parte por curiosidad y en parte porque atravesaba un momento de una cierta hambruna. Parecía una buena idea: miles de mujeres buscando pareja al alcance teórico de un clic. Tuve que pagar seis meses por adelantado y a los dos meses y veinte días me había dado de baja, de manera que perdí el resto del dinero. Pronto llegué a la conclusión de que la plataforma romántica es el sitio en el que menos originalidad, frescura o sentido del humor pueda uno espontáneamente encontrar y también el lugar en el que más se miente de todos los que he frecuentado en mi vida. Excepción hecha, claro está, del único escenario en el que nadie dice jamás la verdad: los tribunales españoles.

Vaya por delante que casi ninguna chica me contesta nunca en la Red, pero este texto no es fruto del resentimiento, sino mera observación. Además, esos mismos porcentajes de éxito son los que cosecho en la calle, cuando trabajo en modo analógico. En el instante en el que llegas a Meetic, te topas con que casi todas las mujeres se alimentan de clichés y escriben, en su perfil, lugares comunes del jaez de “Odio la mentira”, “Soy amiga de mis amigas” o “Positiva, leal y trabajadora”. Casi todas las féminas son tan originales que se quieren llamar Yomisma. Si hoy pides ese apodo en Meetic o en Twitter, el sistema te asigna @Yomisma_9.317. Ellas no se mueven de ahí mucho más de un centímetro. Nadie es peor, ni siquiera un poquito, ni tiene un defectillo menor: toda biografía es un escaparate de virtudes, aunque en realidad ella esté buscando pareja. Hasta el punto de que el sistema, cuando pregunta por una “imperfección”, ofrece como respuesta de la panoplia “demasiado honesta”. Para empezar, eso no es imperfección sino virtud. Para seguir, contesto a todas estas que ellas quieren decir “demasiado honrada”, lo que opera de cintura hacia arriba: “Verás: “honesta” es de cintura hacia abajo y eso no resultará buena publicidad para ti en un sitio de ligue”. Nadie tiene vicios, resulta perezoso, habla mucho ni ha cometido jamás pecado de envidia. Nadie asume tampoco lo que les escribo a muchas de ellas: “Verás, a partir de los cincuenta somos todos desechos de tienta, hay mucha chalada y tiene que haber también mucho rarito, aunque yo no vea sus perfiles”. Según me han contado dos de estas mujeres, la mayoría de estos varones quiere ejecutar la operación de Meetic yendo cuanto antes a la horizontal, cosa que es perfectamente legítima pero no suena muy caballerosa. Ellas lo resuelven de la siguiente forma: ponen en el perfil que no son una chica fácil (el mismo mensaje que acabé colgando yo, pero como varón, para dejar las cosas claras) y así desbaratan las intenciones de los aspirantes de llevarlo todo en seguida al terreno sexual.

Pero, a continuación dejan claro que ellas sí tienen derecho a trasladarlo todo a su propio predio: el sistema les pregunta “¿Quiere iniciar una relación? y casi todas ellas responden: “Sí, estaría encantada”. Nada de “Según vayan las cosas”, por ejemplo. O sea: tiene que ser como ellas dicen. Y ¿cómo dicen ellas? Pues publicitando que quieren un novio ya, hoy mismo, pero delante de absolutos desconocidos. Todo nos lleva a un paisaje de mediocridad absoluta muchos milenios anterior a lo digital: él va a por nota el primer día, ella quiere un novio que presentar a la familia.

Y todavía quedan las fotos. Un diez por ciento es del rostro de la otra persona sin el camuflaje de truco alguno: sin gafas de sol ni en penumbra, por ejemplo. El resto es una antigua instantánea de cuando la chica tenía pareja, que ha amputado por un lago al garañón anterior. La fotografía está claramente cortada por el lado en el que aparecía el tío y vemos la otra mitad: una mujer que estaba siendo agarrada por un macho, generalmente por el brazo. Esto decepciona mucho al aspirante y puede incluso dar lugar a fallos en horizontal después. No olvidemos que los mayores problemas del cincuentón son precisamente la falta de rigidez y la alopecia.

A partir de aquí, más sustos fotográficos. La señora aparece apretada, mejilla contra mejilla, con un perrito al que quiere muchísimo; sudando en un gimnasio entre sementales que la miran como si fuera comestible; o bien caminando por un sendero con pantalones apretados de esos de Decathlon. De los que denominan sinceros o de sordomuda. Ni quiero canes, ni se me ha perdido nada por el campo y mucho menos si hay rocas. Como decía el capitán Haddock, “La montaña como paisaje no me molesta demasiado… pero emperrarse en subir montones y montones de piedras, eso no lo concibo”. Sin olvidar que algunas de estas féminas se muestran en las instantáneas no sobre un sendero, sino literalmente colgadas de paredes de roca verticales, interminables y peligrosas. Será que ahora todo el mundo es escalador profesional. Y ese es el escaparate de su mejor oferta de ligue. Adiós, huyo de los logotipos de corazón en Internet. Creo que estoy mejor en desfiles como los del otro día.

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