Miguel Ángel Blanco

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Ermua, es el último pueblo de Vizcaya y primero de esa provincia, si miramos a la localidad desde Bilbao o San Sebastián. Ciudad netamente industrial, en la década de los 60, recibió un importante flujo de emigración desde una región como Galicia, hasta el punto de ser considerada como “la Galicia Vasca”.

Estos emigrantes gallegos acudieron a Ermua para prosperar, para mejorar su calidad de vida y para aportar trabajo, esfuerzo, impulso humano a una sociedad que demandaba lograr bienestar, progreso, competitividad para una localidad que, con el esfuerzo de todas sus gentes, quería ser puntera en esa España que respiraba una nueva era de democracia, de libertad, de respeto a la diversidad, pero con el objetivo común de modernizar en todos sus ámbitos, un país llamado España.

En este pueblo, regido por un hombre de paz y honor como su alcalde, el socialista Carlos Totorica, una familia gallega, implicada en la vida diaria del lugar donde vivían, la familia Blanco Garrido, ofreció a su hijo Miguel Ángel a la sociedad, para defender unas ideas de paz, concordia, democracia, libertad, trabajando por ella, como ejemplo de quien no siendo del lugar, se implica en la realidad de donde vive, para mejorarlo, luchar por su proyecto de vida e implicarse en su futuro.

Pero todo buen fin tiene su peligro, porque en aquel entonces, una banda asesina, una banda de mal nacidos disfrazados de libertadores de un sueño demoníaco, le escogieron como víctima de sus desmanes y como ejemplo de lo más degradante de la condición humana, como es el asesinato por ideas. Le ejecutaron solo por ser un “valiente” pero “indispensable valedor de la democracia y Libertad”.

Han pasado 22 años desde aquel fatídico día en donde Miguel Ángel, sacrificó su vida por una sociedad, removiendo espíritus y conciencias, haciendo que esas lágrimas de tristeza de los españoles por su asesinato, se convirtieran en un maremoto de concordia, paz, libertad, hermanamiento social y el despertar de una necesidad de exigir un ¡Basta Ya!, a esos que usaban sus armas llenas de odio y muerte para defender unas ideas de esclavitud política y sectarismo democrático.

En todo este tiempo, su sacrificio nos ha enseñado a unirnos, a sentir colectivamente la necesidad de erradicar los males que nos dañan como sociedad, a recordarle como héroe, porque él nos impulsó a gritar libertad.

Pero cabe preguntarse si la sociedad española está respondiendo al sacrificio de Miguel Ángel, cuando vemos a quienes protegen a los que le mataron, en la televisión de todos, a un presidente de gobierno, que usa a los “escuderos de Eta”, como socios o como aspirantes a ser socios de un proyecto político que solo representa al “poder por el poder” o a los herederos de sus asesinos haciendo de políticos honrados y alimañas escondidas.

Lo cierto es que ese sacrificio tan lejano en años, pero tan incrustado en el alma y pupilas de los españoles, debe hacernos pensar en lo que somos, en lo que queremos y en lo que estamos dispuestos a trabajar para evitar que su ejemplo, quede inerte y vacío, olvidándonos de cuáles son y deben ser los deberes de una sociedad con respecto a ese país llamado España

Miguel Ángel Blanco es un símbolo, un ejemplo y un motivo para una unidad de objetivos, de sensibilidades, de capacidades sociales que deben ser algo así como la conciencia de una Nación y el recuerdo de lo que unos asesinos disfrazados de libertadores, hicieron a un “Vasco gallego” que en su vida y mente, solo buscaba la libertad para vivir, la democracia para opinar y el servicio a los demás como eje de sus ideas de vida.

No puedo olvidarme de dos personas de ideas distintas, pero de mismos impulsos a la libertad, como Carlos Totorica, el entonces alcalde de esa Ermua dolida, dañada, mancillada por alimañas, pero que, del dolor, hizo serenidad y de la tristeza, fortaleza de espíritu para afrontar tan desgraciado acontecimiento, reanudó eso que muchos no recuerdan pero que ahí está, “el espíritu de Ermua”.

Tampoco quiero dejar de lado a mi amigo, a mi admirado Carlos Iturgaiz, presidente de los populares Vascos, formación en la que militaba Miguel Ángel, porque junto a otros, el fue y ha sido ese artífice de modelar a personas e ideas que representaba este concejal, aún a sabiendas de que defenderlas podía costar la vida, expresarlas ser un marginado y darlas a conocer, el mayor orgullo de un vasco de origen gallego que se regaló a los demás, sin esperar nada a cambio.

DESCANSE EN PAZ

GRACIAS POR TU EJEMPLO, MIGUEL ÁNGEL BLANCO

2 Comentarios

  1. Fue uno de los episodios que más me ha impactado, de siempre. Me acuerdo que estábamos todo el mundo pendientes de cualquier noticia, cuando de pronto, los medios comunicaron que lo habían asesinado estos hijosdeputa. Todos teníamos la esperanza de que aquella amenaza, nunca la cumplirían.

  2. En unos momentos como los que estamos viviendo, puede aprovechar el PSOE y el PNV para blanquear a BILDU con el asesinato cobarde de Miguel Ángel “Blanco” de los asesinos de eta y del hombre de Paz Arnaldo, que sigue defendiendo a los compañeros y asesinos de Miguel.
    Y lo peor es que sigue habiendo demasiado fanático en el País Vasco que opina igual que Arnaldo.

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