investidura

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El próximo jueves, día de Santiago, Patrón de España, en segunda votación de esta sesión de investidura, Pedro Sánchez será con toda probabilidad el próximo presidente de España, con los apoyos del nacionalismo vasco, independentismo catalán, Bildu y de su socio de gobierno, Podemos. Esta afirmación puede deducirse del hecho de que, durante el transcurso del debate, concretamente tras la intervención del líder de Podemos Pablo Iglesias, el candidato a la presidencia del gobierno, no le ha expresado todas las opiniones reflejadas en una reciente entrevista televisiva, lo cual, en términos políticos significa asentamiento y el reconocimiento del partido de la extrema izquierda, como socio preferente de gobierno.

Si nos centramos en el debate, podríamos decir que su desarrollo ha sido un evidente “fraude institucional”, porque en el discurso del candidato a la presidencia del gobierno, no se han dado las premisas de presentación de un programa de gobierno, el anuncio oficial de quienes van a ser los socios de gobierno, ni la manera en que se va a configurar ese ejecutivo que puede regir los destinos de España, los próximos cuatro años.

Durante sus Dos horas de presentación de  candidatura a la cámara baja, Pedro Sánchez ha recorrido diversas materias y aspectos de la situación de la política española, como si fuera un “debate del estado de la Nación , pero no como un debate de investidura, porque ni se ha hablado de política económica, deuda pública, política territorial, ni de financiación autonómica y mucho menos de Cataluña, uno de los principales focos de preocupación de la política española, limitándose a enumerar unas posibilidades de acciones de gobierno posibles pactos de Estado o reformas constitucionales, pero sin entrar en el detalle de las mismas y la manera de aplicarlas, pero sin concretar nada ante la cámara de representación legislativa de España.

Ya por la tarde, después de las intervenciones tanto de Pablo Casado como de Albert Rivera, con altanería, pero con una insistencia “mendicante”, Pedro Sánchez llegó a exigir a ambos líderes su abstención, apelando a que será su responsabilidad que el gobierno se apoye en independentistas, nacionalistas y Podemos, por el interés de España.

En lo que se refiere a la oposición, cabe decir que el líder Popular Pablo Casado, quiso evitar la crispación, pero con firmeza, reprochó al candidato que no había dicho nada a la sociedad sobre su manera de gobernar, ocultando quienes iban a ser sus socios, ni las políticas concretas ocultando a los españoles sus verdaderas intenciones de gobierno. Afirmó que en ningún caso apoyaría al gobierno que pretende Sánchez con una abstención, pero que en el caso de que le planteara pactos de Estado, siempre que fueran de interés general, podrían estar abiertos a apoyarlos.

En líneas generales, puede calificarse la intervención de Casado como muy adecuada para la situación que propiciaba este debate de legislatura, en el que una vez más, intervino sin papeles en réplicas y duplicas, en la tribuna.

Por su parte, Albert Rivera salió a la tribuna como un torbellino, con dos misiones, parar su crisis interna en Cs por la que algunos dirigentes han dimitido y la segunda, intentar arrogarse como líder de la oposición no por su responsabilidad institucional, que recae en Casado, sino como acciones de carácter legislativo.

Respecto al discurso del candidato, Rivera acusó a Sánchez de tener un plan para ejecutar con una “banda” que le apoyaría, cuando en realidad, son quienes quieren destruir España y de subvertir la Constitución en Cataluña. Tras una durísima réplica y duplica entre el candidato y el líder de Cs, en donde rozaron la crispación y casi el insulto, quedó en evidencia su falta de entendimiento e incluso una mala relación personal, acusándole de ser “culpable” en el caso de que se produjera un bloqueo a la formación de gobierno en España.

En definitiva y si no hay sorpresas de último momento, que tampoco serían descartables, este jueves podríamos tener un nuevo gobierno en el que, por primera vez desde el inicio de la democracia, la extrema izquierda formaría parte del gobierno que encabezarían los socialistas, apoyado por las fuerzas que no se caracterizan por fomentar ni aplaudir la unidad de España.

¿Ahora que hemos llegado a eso, caben quejas del resultando teniendo en cuenta como hemos votado?