corazón

ÚNETE A NUESTRO NUEVO CANAL DE TELEGRAM

ÚNETE A NUESTRA NUEVA COMUNIDAD EN VK

El corazón viene a representar el centro de la vida moral, espiritual e intelectual de un hombre. Es la semilla de la conciencia humana en la vida. Por eso, cabe preguntarnos ¿cómo está nuestro corazón? Seamos sinceros y no pretendamos creer que nuestro corazón se encuentra bien porque pensemos que tenemos una vida decente y asistimos regularmente a la iglesia. Sin un corazón nuevo no vale nada.

Por eso la Biblia, como palabra infalible de Dios nos muestra cual es nuestra situación y es muy clara en cuanto al estado de nuestro corazón. Éste se encuentra maquinando planes perversos (proverbios 6:18) es terriblemente cruel (Jeremías 17:9) y puede ser que muchos honren el nombre de Dios con los labios, pero sus corazones están lejos de Él (Mt 15:8).  No sirve de nada engañarnos pues Dios mismo escudriña y conoce bien nuestros corazones (Jeremías 17:10)

Sin embargo, la salida a ese estado común a todos los seres humanos es un encuentro personal con Cristo el cual nos arranca el corazón de piedra y nos da uno de carne (Ezequiel 11:19-20)

No en vano, la insistencia del cielo con el corazón humano se ve claramente reflejada en los diez mandamientos: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas (Dt 6:5)

Siempre es un buen momento para volvernos a Cristo y pedirle un corazón nuevo, pero quizá el lector de éste artículo está recibiendo ahora especialmente su invitación a hacerlo.

La insistencia del cielo por el corazón humano es clarísima, aunque ha habido momentos en la historia de la providencia en que ésta se ha preocupado especialmente de mostrarnos el corazón amante y sufriente de Cristo. Es el caso de las apariciones del corazón de Cristo a Santa Margarita de Alacoque el cual se le mostró envuelto en llamas, con una corona de espinas y con la llaga de la lanzada.

Estas apariciones son demasiado extensas para relatarlas aquí, pero podríamos resumirlas del siguiente modo: la humanidad va camino de perdición y necesita volverse hacia Dios. Y esta conversión debe ser tanto a título individual como social.

De forma individual diciéndole a Jesús que le damos nuestra vida, que queremos una vida nueva y un corazón nuevo.

Y de forma social hemos de hacer lo mismo pues, en nuestro caso, como españoles, nuestra patria se ha forjado un corazón incrédulo y rebelde, se ha retirado de Él y se ha marchado (Jeremías 5:23)

Por eso mismo recientemente, se ha conmemorado y renovado la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. El evento transcurrió en el Cerro de los Ángeles (Getafe), el pasado 30 de junio, unas 12.000 personas se reunieron para participar de la Santa Misa y tras la misma, con la solemne exposición del Santísimo Sacramento se pronunció por todos los asistentes la oración consagratoria al Corazón de Cristo, la cual reza así:

Señor Jesucristo, Redentor del género humano, Sacerdote eterno y Rey del Universo:

Nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Salvador del mundo, al cumplirse el centenario de la consagración de España a tu Sagrado Corazón, los fieles católicos volvemos a postrarnos en este lugar
donde se levanta este trono de tus bondades, para expresar nuestra inmensa gratitud por los bienes innumerables que has derramado sobre este pueblo de tu herencia y de tus predilecciones.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, el cual, traspasado por nosotros, es fuente de nuestra alegría y manantial del que brota la vida eterna.

Reunidos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, renovamos la consagración que fue hecha aquí hace cien años a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

Al renovar la consagración de España, los fieles católicos expresamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordia, impulsando, en comunión con toda la Iglesia, una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio.

Cuando la Iglesia nos llama por la voz del Sucesor de Pedro a impulsar una nueva evangelización, concédenos salir valerosos al encuentro de las heridas de nuestros contemporáneos para llevar a todos el bálsamo de la misericordia que brota de tu Corazón traspasado.

Que a todos anunciemos con mansedumbre y humildad: ¡sus heridas nos han curado! Venga, pues, a nosotros Vuestro Santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor.

Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones.

Concédenos permanecer siempre junto a María, Madre tuya y Madre nuestra, como en la víspera de Pentecostés, para que el Espíritu Santo produzca un profundo rejuvenecimiento de la fe en España.

Que nuestro pueblo, tierra de María, sepa recibir y custodiar los frutos santos de su herencia católica para que pueda hacerlos crecer afrontando con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro.

Líbranos del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.

Que al consagraros nuestra vida, merezcamos recibir como premio de ella el morir en la seguridad de vuestro amor y en el regalado seno de vuestro Corazón adorable.

¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos!

Amén.

Frecuentemente, cuando se piensa en el pecado de Sodoma y Gomorra, se tiende a pensar en un solo pecado, de tipo sexual (la sodomia) como el único pecado que cometió. Sin embargo esa rebelión contra Dios es más profunda y extensa, en un artículo anterior la detallé.

Recordemos, que aun en esa situación, Abraham quiso interceder por Sodoma ante Dios, y le pregunto una última vez: ¿Y si se hallaren diez (justos)? No la destruiré por amor a los diez (Gen 18:32).

Ojalá que Dios, viendo que aun en España puede encontrar fieles y justos, no permita su destrucción, la proteja y la guarde en su dulcísmo corazón.