político

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Un catalán llamado Miguel Buch Moya no ha podido tener mejor suerte en la vida. Resulta que, en pocos años, ha pasado de portero de discoteca a consejero del gobierno de la región catalana. Al parecer, al menos así lo dice su curriculum, “cursó estudios de formación profesional” lo cual es más que suficiente en Cataluña (con eñe de desengaño) para ostentar un cargo de categoría en la administración autonómica. Claro que antes de “meter sus fauces” en la política (separatista, por supuesto) tuvo ese trabajo -a que antes me he referido- de portero de discoteca (supongo que valorarían en la empresa discotequera sus dotes de matón) que le vino muy bien para ser alcalde de su pueblo.

Así las cosas, en esa región española, y chapurreando una estropajosa lengua poco parecida al catalán culto, ya tenemos al “chuleta de turno” para servir de “mandadero amarillo” a quien corresponda con tal que sea un renegado de España. Este tipejo, con ocasión de la difícil y meritoria actuación de la Unión Militar de Emergencias de las Fuerzas Armadas españolas, UME, para controlar un incendio en Tarragona, se ha permitido aprovechar esta oportunidad ¡vaya acierto! para ahondar en su fobia contra España. Ha dicho este tipejo, sinvergonzón, despreciable y gilipuertas, que la UME ha ayudado porque el incendio estaba en un “país vecino”.

Queda bien claro que este individuo (cuyo rostro se asemeja al de un porcino) es un desagradecido y un mentiroso como son todos los separatistas. Y un redomado cobarde como Torra y los suyos. Tienen un espejo donde mirarse: el del gallináceo Puigdemont que quiso hacerse el chulo e ir a recoger su acta europea y no tuvo dídimos para traspasar la línea fronteriza al ver tras ellas a las fuerzas europeas del orden.

Retrocedió como el gallina que es y hay quien dice que hubo que ponerle pañales absorbentes, aunque ello no alivió el típico hedor que inundaba la furgoneta en la que huyó a Waterloo con sus bien pagados lacayos, dejando plantados a unos cuantos descamisados que habían hecho el viaje desde Cataluña para arrodillarse ante él.

Y, como es costumbre, me temo, con los gastos pagados por todos los españoles.