48 horas secuestro asesinato Miguel Ángel Blanco

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Miguel Ángel Blanco fue ejecutado a cámara lenta por la escoria etarra

Jueves 10 de julio de 1997, tres y media de la tarde, un joven concejal del PP en el Ayuntamiento de Ermua, Miguel Ángel Blanco, licenciado en Empresariales y empleado de Eman Consulting, acaba de bajar de un tren en Eibar para ir a trabajar.

En ese momento es abordado por Francisco Javier García Gaztelu, «Txapote», e Irantzu Gallastegui Sodupe, «Amaia» quienes, pistola en mano, le meten en el maletero de un coche en el que les espera José Luis Geresta Mújica, «Oker», para dirigirse a Añorga (Guipúzcoa).

Comienza así uno de los episodios más recordados por todos los españoles, el del secuestro y posterior ejecución de Miguel Ángel Blanco.

A las cuatro de la tarde de ese mismo día se recibe una llamada en el Ministerio del Interior. La llamada acaba siendo atendida por la secretaria del ministro, Jaime Mayor Oreja, al otro lado del teléfono una voz rabiosa y llena de odio le dice las siguientes palabras: “Hijos de puta, lo de Ortega Lara lo vais a pagar. ¡Gora Euskadi Askatuta!” Dos horas y media más tarde, ETA, emitía un comunicado a través de Egin Irratia responsabilizándose del secuestro y anunciaba que si antes de las 16 horas del sábado el Gobierno no acercaba a sus presos matarían a Miguel Ángel.

El etarra Txapote

El sábado 12 de julio, día en el que finalizaba el ultimátum, los tres etarras que secuestraron a Miguel Ángel le volvieron a meter en el maletero de un coche. Según se supo posteriormente, Miguel no sabía que le trasladaban para matarlo, pensaba que le iban a cambiar de secuestradores.

A las cuatro y diez de la tarde llegaron a un descampado de Lasarte. Miguel iba encapuchado y con las manos atadas con un cable. Le hicieron caminar unos 20 metros por una senda. Al llegar a una explanada y mientras uno de los etarras sujetaba a Miguel, “Txapote” se situó a su espalda y disparó sobre la cabeza de Miguel. Ese primer tiro no fue mortal, se alojó en el hueso mastoideo del pabellón auditivo derecho. Decidió entonces dispararle una segunda vez, en esa ocasión el tiro fue definitivo. La bala entró por la zona zona occipital de la cabeza y causó destrozos en el cerebro, imposibles de reparar.

Los etarras dejaron a Miguel en esas condiciones, tendido en el suelo y con un hilo de vida hasta que poco después fue encontrado por una pareja que paseaba a sus perros. Fue traslado a un centro hospitalario donde falleció en la madrugada del 13 de julio de 1997.

A día de hoy, los herederos de sus asesinos son socios preferenciales del gobierno de Pedro Sánchez.

Ni olvido, ni perdón.

Descanse en paz Miguel Ángel Blanco.