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¿Desde cuando la izquierda es progreso?

El pasado viernes, el “amado líder”, Pablo Iglesias, publicaba un vídeo tipo telepredicador norteamericano en el que sólo le faltó dirigirse a sus fieles con un “hijos míos” o frasecitas del estilo. Con esa voz que pone de mal actor emocionado nos vino a decir que renunciaba a lo que no tiene y todo en aras de un “gobierno de progreso“.

Pocas horas antes habían salido los habituales “abrazafarolas” del mundo de la “kultura” a pedir a los dos amados líderes, Sánchez e Iglesias, que renunciaran a sus egos y que formaran un gobierno “progresista“, ese “progreso” que, por supuesto, sólo puede venir de un gobierno formado por socialistas y comunistas, ¡toma ya!

Pero volviendo al vídeo, ahí aparecía él en cuerpo y coleta a decir que renunciaba a algo que no tiene. Y de eso escribe hoy Antonio Burgos en su habitual columna de ‘ABC‘, de la humildad de Pablo Iglesias, de “Iglesias el humilde“. Porque se han juntado dos en las negociaciones, Sánchez e Iglesias, que son las dos caras de una misma moneda, si el uno se quiere a sí mismo, el otro todavía más. Para cualquiera de los dos sólo existe una palabra en su limitado vocabulario: “yo“.

Aquí no hay negociaciones sobre programas, ellos no discuten sobre lo que sería mejor para España, solo se reparten sillones. Se enfrentan dos egos enfermizos, dos personalidades ambiciosas cuya único negociación consiste en repartir los jugosos sueldos y las extraordinarias prebendas que suponen tener un alto cargo político en España. Y todo ello se resume en el punto en el que ahora está la negociación de sueldos: si no me haces a mi ministro, por lo menos coloca a mi mujer.

No le den más vueltas, es todo cuestión de dinero. Los firmantes del manifiesto quieren arramplar más dinero público para obtener beneficios sea cual sea el resultado de su producto cuando salga al mercado. Las dos “vedettes” sólo negocian los repartos de sueldos y puestos que les beneficien a ellos y a sus pelotas. Y los ciudadanos, los españoles que mantenemos todo este chiringuito con nuestro trabajo: a oír, ver, callar y pagar.

Quedan los dos, Pedro y Pablo, muy bien retratados en uno de los párrafos del artículo de Antonio Burgos: “Toda esta civil virtud de la humildad de Iglesias se está viendo en estas horas en las que está al caer, como si fuera una llegada de la Vuelta a Francia, la «foto finish» de los apoyos a Sánchez como presidente de verdad y no como ahora, que todavía no es presidente, pero como si lo fuera, de cómo estando en funciones gasta el dinero, de cómo entrampa al Reino de España con sus caprichos, de cómo está todo el santo día con el que-voy-que-vengo del Falcon. Iglesias, en sus dudas de la investidura, se ha pedido ser vicepresidente del Gobierno. ¡Qué modestia, teniendo una mierda de 42 diputados pedirse solamente la Vicepresidencia del Gobierno!

Enlace directo al artículo de Antonio Burgos: “Iglesias el humilde”.