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A las once de la mañana de ayer, el portavoz de Vox en el Parlamento de Andalucía presentó en el registro de la cámara una enmienda a la totalidad de los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma, una hora antes de concluir el plazo de presentación de enmiendas, que dará lugar a que el próximo día 12 y 13 del presente mes de junio, empiece su discusión en el parlamento autonómico, tanto en las distintas comisiones como en un Pleno.

La excusa planteada por la formación que conforma el “cambio en Andalucía” y que se autodenomina como partido de “extrema necesidad”, se fundamenta en el hecho de que estos presupuestos, contravienen los acuerdos alcanzados entre las formaciones políticas que dan paso al gobierno que preside Juan Manuel Moreno Bonilla, aunque la realidad de los hechos, nos dice que esta maniobra de Vox, es meramente reivindicativa del papel en el pacto de gobierno.

Lo cierto es que una región como Andalucía, última en todas las posiciones estadísticas conocidas tanto a nivel nacional como europeo, puede ver frenadas sus políticas de cambio y de transformación de la región, después de haber sufrido 36 años de gobiernos socialistas, que les han desembocado a acontecimientos como el juicio de los ERE o a otro tipo de circunstancias que han hecho que el electorado andaluz, haya apostado claramente por un cambio no solo de políticas, sino de actitudes, puesto que hasta la fecha, la manera de gobernar la región desde el socialismo, estaba abocada a los intereses de una formación política y no de la región.

Si analizamos los datos técnicos de estos presupuestos, podremos comprobar que el montante del mismo, asciende a 36.495,5 m de e, de los que 20.343 m, se destinaran a gasto social, con la particularidad de que combinan el mayor incremento en sanidad, dependencia y educación, pero aplicando a rebajas fiscales que impulsen su crecimiento.

También estos presupuestos, se caracterizan en un buen aprovechamiento de los fondos europeos, anteriormente no ejecutados por los socialistas y en la veracidad de las partidas consignadas desde su gasto o ejecución.

En el capítulo de ingresos, estos presupuestos implican una subida de la recaudación de 1.736 m de e, lo que supone una mejora del 5% en la recaudación respecto al ejercicio anterior, con la particularidad de que crece el gasto general pero no a cuenta de la deuda,

El capítulo de inversión en estos presupuestos es de 3.701,3 m, lo que equivale al 2,2% del PIB de la comunidad autónoma y resulta la de mayor volumen a llevar a cabo en los últimos seis años.

Ante estos datos, que presuponen un posible crecimiento de un 3% para la comunidad autónoma, cabe preguntarse si unas cuitas de protagonismo entre formaciones políticas, pueden ser la excusa para dar al traste con la esperanza de prosperidad y desarrollo de Andalucía, motivo por el que después del hartazgo del socialismo, los andaluces tienen puestas todas sus esperanzas en el presente gobierno.

Una de las razones que argumenta la formación Vox para la adopción de esta medida, que no considera definitiva, es al parecer el hecho de que no se cumplen los términos de lo pactado en los acuerdos pactados con PP y Cs, pero lo cierto es que a lo largo del tiempo, Vox quizás por sus reivindicaciones personales o por rivalizar con Cs, ha mantenido reivindicaciones imposibles que en algunos casos, trascendían del ámbito de competencias de la comunidad autónoma, como esa solicitud de que los hospitales de la seguridad social, dieran a la policía los datos de unos 50 mil inmigrantes para que se procediera a su expulsión del territorio nacional, en el caso de que se encontrara en situación ilegal, competencia que en ningún caso le corresponde a Andalucía, o la insistente solicitud de la eliminación de subvenciones a las asociaciones que se ocupan de la violencia de género, cuando la ley general, trasciende también de la propia comunidad autónoma.

Resulta difícil de entender esta postura de Vox, teniendo en cuenta, por ejemplo, su petición de la anulación del impuesto de sucesiones y donaciones, que en el caso de que los actuales presupuestos no se pudieran ejecutar, debería ser aplazado, teniendo en cuenta que este impuesto necesita ser ajustado tanto en las partidas de ingresos como en otros aspectos de las necesidades económicas andaluzas.

Cabe preguntarse si la formación Vox es consciente de las necesidades que tiene una comunidad autónoma como la andaluza y si por razones de “visionabilidad” de su formación, está dispuesta a evitar que en la región pueda

comenzar una etapa de prosperidad, inversiones, teniendo en cuenta que empresas catalanas o madrileñas, están poniendo a Andalucía en su punto de mira, en el caso de que en esas comunidades, terminasen gobernando partidos de izquierda.

Así mismo, cabe preguntarse si provincias prosperas como Málaga, Granada o Almería, esta última un nido importante de Vox en las elecciones generales, pero no así en las municipales, pueden depender de los comportamientos de una formación, mientras que sus aspiraciones están en recuperar el desarrollo que les equipare a otras regiones españolas, teniendo en cuenta que tienen importantes déficits en infraestructuras, pocas ayudas para mejorar su industria agroalimentaria y pocas posibilidades de equipararse a otras zonas de España, con las que podrían ser netamente competitivas.

¿Andalucía tendrá que sufrir una vez más los caprichos de una formación política para salir adelante o los andaluces pueden consentir esta zancadilla a la prosperidad? Lo cierto es que esta actuación de Vox, parece más parte de una partida de mus, respecto a sus posiciones dentro del bloque del centro derecha, pero no es comprensible que se tome a Andalucía como moneda de cambio o como bofetada a sus socios de gobierno. Los andaluces valen más que todo eso.

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2 Comentarios

  1. Estoy convencido de que es una forma de presión para los pactos a nivel nacional en Comunidades y Ayuntamientos. Lo que nadie entiende es la actitud de la “Veleta naranja” con un desprecio hacia los votantes de Vox, y su presidente, en un partido tan democrático y legal como el suyo. No son nadie para decidir a quien ó a quienes tienen que votar los ciudadanos.

  2. La actitud de Vox es absolutamente correcta y muy comprensible.
    El chantaje de la veleta naranja es inaceptable: “o votas sin chistar lo que nosotros queremos o te acusamos de ser muy malo y feo, aunque ya lo eres votes lo que votes”.
    Esa arrogancia y desprecio al pensamiento ajeno es propia, eso sí, del “progresismo” que es fundamento del socialdemócrata partido de Rivera, ese mismo que no duda en apoyar sin condiciones, por intermedio del enviado franco-catalán de Macron, a la antiespañola y separatista Colau.

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