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El Blog TERMIDORIANOS fundado por usted en 2009 está especializado en historiar la trágica década 1970 argentina. ¿Cuál era el contexto internacional, continental y argentino en aquellos años?

El contexto internacional estaba condicionado por una “guerra fría” entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Era “fría” porque descartaba un enfrentamiento militar directo entre ambas potencias, pero ni el Acuerdo Truman-Stalin de 1945 ni la posterior “coexistencia pacífica” Nixon-Brézhnev de 1971 evitaron enfrentamientos indirectos mediante otras guerras “calientes” que les beneficiaran. Así lo hizo la URSS en África, aprovechando las guerras de liberación nacional en las colonias inglesas, portuguesas, francesas y belgas, mediante el envío del Ejército cubano a las guerras civiles de Angola, Etiopía y Mozambique. En Angola la campaña del Cuerpo Expedicionario de las FAR cubanas duró dieciséis años involucrando a 260.000 combatientes que para Fidel Castro eran… “brigadistas voluntarios”. Esto indica la importancia geopolítica que la Unión Soviética concedía a su pequeña colonia americana a cambio de sufragar su paupérrima economía y regalarles armas y petróleo. Por no hablar de los misiles nucleares a sólo 370 Km. de Estados Unidos. Ya antes, en 1962, Cuba había enviado 686 combatientes a Argelia y en 1973 a la guerra del “Yom Kippur” contra Israel, aunque finalmente los argelinos y egipcios decidieron que no entraran en combate.

Jorge Fernández Zicavo

Obviamente, el contexto latinoamericano también fue un escenario de la “guerra fría”. La URSS atacó el “patio trasero” de Estados Unidos por intermedio de su colonia cubana, que ya en 1959, tras tomar el Poder, había comenzado a exportar su Revolución a países caribeños (Santo Domingo-Haití) y centroamericanos (Panamá-Nicaragua) transportando en sus buques a guerrilleros de esos países entrenados y armados en la isla “Territorio Libre de América”. Oficiales y suboficiales del Ejército Cubano (FAR) integraron algunas de esas fuerzas invasoras, tal como ocurrió en las de Panamá y Santo Domingo. Posteriormente, Cuba alentó, entrenó y financió terrorismo, guerrillas rurales y urbanas en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Chile, Uruguay y, por supuesto, en la Argentina del “Che” Guevara. De esta manera, por intermedio de Cuba la URSS patrocinó guerras “insurgentes” en el subcontinente americano. Durante la “guerra fría mundial”, salvo excepciones como el apoyo financiero a una guerrilla angoleña enemiga de los cubanos, y a la Contra nicaragüense organizada por la CIA, Estados Unidos no utilizó tropas mercenarias en África y América Latina. Se concentró en operaciones de Inteligencia en Europa, especialmente contra la OTAN. Las únicas guerras directas de ambas potencias fueron las de Estados Unidos (además de Corea en los años ’50), en Vietnam del Sur (1965-75) y de la Unión Soviética en Afganistán (1979-89). Ambas catastróficas, como es sabido.

El contexto argentino cuando triunfó la Revolución Cubana (1959) era de una desestabilización política-institucional crónica desde 1955, año en que las Fuerzas Armadas derrocaron a Perón y proscribieron toda actividad política y sindical a su Movimiento, a lo que el ex presidente constitucional respondió con una “Resistencia” que combinaba atentados terroristas y huelgas generales organizadas por su poderosa Confederación General del Trabajo. Un posterior Gobierno constitucional (Frondizi, 1958) ganó las elecciones gracias al voto de los peronistas pactado con Perón a cambio de legalizar al Movimiento, pero en cuanto ocupó la presidencia, Frondizi no cumplió su promesa y Perón radicalizó la “Resistencia”. En este escenario inestable, un pequeño grupo peronista (UTURUNCOS) influenciado por la teoría castro-guevarista del “foquismo”, pretendió en 1959 iniciar un “foco” guerrillero en los montes de Tucumán que fue rápidamente desarticulado.

Posteriormente (1963), dentro de una Operación planificada por el “Che” (entonces Ministro de Economía) y apoyada logísticamente por Checoslovaquia, la República Democrática Alemana y Argelia, otro grupo (EGP: EJÉRCITO GUERRILLERO DEL PUEBLO) compuesto por dos oficiales y un general del Ejército cubano más unos pocos ex militantes del Partido Comunista argentino, intentó abrir otro “foco” en la provincia de Salta, pero fueron capturados antes de operar.

En 1967 se produciría un hecho de enorme trascendencia. En agosto se celebró en La Habana la Conferencia OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) donde todas las izquierdas latinoamericanas acordaron iniciar la Guerra Revolucionaria en sus países bajo la consigna de Fidel Castro “Convertir la cordillera de los Andes en la Sierra Maestra de América”. Para dar una idea del carácter estatal de la Conferencia, basta decir que fue inaugurada por el Presidente de la República Osvaldo Dorticós y clausurada por el Jefe del Estado y “líder supremo” Fidel Castro. Asistieron a la misma 326 militantes de las izquierdas nacionales. Resumiendo: se acordó fundar un Ejército de Liberación Nacional (ELN) continental que quedaría bajo la comandancia del “Che” Guevara cuando éste finalizara su campaña guerrillera en Bolivia que, por supuesto, preveían victoriosa. La Conferencia se inició leyendo un Mensaje del “Che” lanzando la consigna “Crear dos, tres, muchos Vietnam contra el imperialismo yanki”. Como es sabido, dos meses después (9 de octubre) fue capturado y ejecutado. Tras la OLAS se fundaron las “organizaciones armadas” argentinas que operarían mediante guerrilla urbana y rural desde 1969 hasta su aniquilación a finales de 1977; aunque hubo tres acciones terroristas residuales en 1978 y otras tres en 1979.

Abordemos ahora la Guerra Revolucionaria Argentina 1969-1979

En 1969 las flamantes “organizaciones armadas” iniciaron operaciones de terrorismo y guerrilla urbana. Un grupo conocido como “el francés” que luego se denominaría FAL (Fuerzas Argentinas de Liberación) copó un vivac dentro de una Guarnición del Ejército para robar 700 fusiles. Audaz acción de comando que resultó fallida porque las armas habían sido trasladadas. Las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) fundadas en La Habana durante la OLAS, incendiaron trece supermercados de la cadena Minimax (Rockefeller). El PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) participó en la insurrección obrera-estudiantil de la ciudad de Córdoba, y el grupo peronista DESCAMISADOS asesinó al Secretario General de la poderosa Unión Obrera Metalúrgica y líder peronista, Augusto Timoteo Vandor. Gran parte de los miembros de FAL. FAR y PRT eran ex militantes del Partido Comunista. En 1970 la Organización MONTONEROS secuestró y luego asesinó al ex teniente general y ex presidente “de facto” Pedro Eugenio Aramburu que había participado en el Golpe de 1955 contra Perón. Ese mismo año el PRT fundó su EJÉRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO.

Desde 1969, hasta finalizar la Guerra Revolucionaria en 1979, hubo un trepidante accionar terrorista-guerrillero urbano y rural que no es posible reseñar en su totalidad, pero el lector podrá hacerse una idea con estas cifras oficiales:

5.225 atentados explosivos /1.052 atentados incendiarios /1.748 secuestros /1.501 asesinatos /2.402 robos de armamento /551 robos a bancos /5890 robos de vehículos / 36 robos de explosivos /20 copamientos de localidades /45 copamientos de unidades militares, policiales y de seguridad /80 copamientos de fábricas… etc.

También debe citarse el derribo de un avión Lockheed C.130 de la Fuerza Aérea y el ataque con explosivos a una Fragata de la Armada. Finalmente, cabe mencionar el intento del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), de establecer una “zona liberada” en Tucumán mediante una guerrilla rural, para conseguir reconocimiento internacional. Como era de esperar, tras adaptarse a este tipo de guerra el Ejército Argentino la derrotó en menos de un año.

¿Cuáles serían las conclusiones o resumen de aquellos años?

  1. El proyecto de una guerra revolucionaria no tenía posibilidad de prosperar porque no había condiciones “objetivas” ni “subjetivas”. Ni el régimen burgués-capitalista estaba colapsando por una crisis terminal, ni Argentina era homologable al resto de países latinoamericanos. En las décadas 1960-70 tenía la Renta Per Cápita más alta de América Latina, casi no había inflación y desempleo y el 75% de su población era urbana y con una fuerte presencia política-cultural de la clase media. Para colmo, su clase obrera era peronista, y por tanto, anticomunista. ¡Ni yankis ni marxistas. Peronistas! fue una popular consigna de los sindicatos. Finalmente, no había masas campesinas miserables reclamando tierras y Reforma Agraria como en Rusia, China, Vietnam o Cuba.
  2. Ninguna Revolución puede triunfar con una vanguardia sin masas. Obviedad que los mesiánicos “comandantes” de sectas armadas no tuvieron en cuenta. Lenin dedicó un librito llamando “enfermedad infantil del comunismo” al ultraizquierdismo que por un exceso de romanticismo y voluntarismo omnipotente subestima la realidad y sobrestima sus fuerzas. Por lo visto, los pedantes intelectuales marxistas argentinos no lo leyeron.
  3. La decisión de aniquilar la subversión en todo el territorio nacional (1975) fue tomada por el Poder Ejecutivo del Gobierno constitucional presidido por María Estela Martínez; y sus Decretos para que las FFAA entraran en Operaciones fueron convalidados en el Congreso de la Nación por todos los partidos. Por lo tanto, las FFAA se limitaron a cumplir las órdenes de la Jefatura del Estado, tal como establece la Constitución de todas las naciones democráticas donde impera el Estado de Derecho.

La decisión de ejecutar a los prisioneros terroristas-guerrilleros y desaparecer sus cadáveres, fue la única opción posible para el Gobierno y FFAA porque, tras la Amnistía de los “presos políticos” ordenada por el presidente neo montonero Héctor Cámpora en 1973, que puso en la calle a 300 terroristas que inmediatamente retomaron la “lucha armada”, resultaba impensable volver a repetir un círculo vicioso de cárcel-amnistía. El Estado argentino no volvería a repetir aquel error y, en consecuencia, debía dar una “solución final” a siete años de una guerra revolucionaria o insurgente de apátridas-mercenarios subordinados a dos Estados extranjeros (Unión Soviética-Cuba) que agredían a la nación. En 1974, el tres veces presidente constitucional Perón, había pedido por radio y televisión al pueblo argentino y al Ejército:

“Aniquilarlos… Exterminarlos uno a uno para el bien de la República”. 

Respecto a las cifras de “desaparecidos”, la primera lista confeccionada por CONADEP (Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas) creada a instancias del presidente Alfonsín en 1984, se publicó en su libro-informe NUNCA MÁS dando la cifra de 8.961 casos denunciados por familiares; basándose en su palabra, puesto que, obviamente, al no haber cadáveres no podían probar que fueron asesinados; lo cual generó un sinfín de picarescas. La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (ONU) computó 5.566 denuncias. La Comisión Interamericana de DDHH (OEA) 5.580. El ex montonero Luis Labraña declaró que al solicitar fondos a un Organismo de DDHH en Holanda con una cifra estimada entre 3.700 a 4.700 desaparecidos, los holandeses les dijeron que no era propia de un Genocidio, por lo cual, él y la presidenta de las “Madres de Plaza de Mayo” Hebe de Bonafini la aumentaron 30.000. Algunos generales, entre ellos Videla, calcularon 7.000 casos. Posteriormente los nada sospechosos Néstor Kirchner y Cristina Fernández revisaron el listado CONADEP reduciéndolo de 8.961 a… 6.415. Por lo tanto, lo que queda claro en este asunto es que la cifra de 30.000 desaparecidos es un arma de propaganda sin soporte documental. A ello hay que añadir que cada ex detenido-desaparecido que luego haya sido liberado, así como los familiares de primer grado de un desaparecido, cobraron 224.000 Dólares. La cuantía total abonada hasta el presente (lista de beneficiarios que es secreta incluso para los diputados) se calcula en 1.800.000.000 (mil ochocientos millones) de Dólares.

Por último, debe mencionarse el caso de las víctimas civiles, militares y policiales del terrorismo marxista, de las cuales, ni los familiares de los asesinados o caídos en combate ni las víctimas que sobrevivieron a atentados han sido reconocidas como tales ni indemnizadas. Son 1.200 víctimas mortales y 18.000 afectadas de varias maneras por el terrorismo izquierdista. Hasta hoy la existencia de estas víctimas del Terrorismo contra el Estado y la población civil es oficialmente ignorada. Son protagonistas invisibles de aquella década, testigos inoportunos para Gobiernos y Medios. Unos “aguafiestas” cuya tragedia y testimonios contradicen un Relato oficial consolidado durante treinta y cinco años que sólo reconoce víctimas de lo que llaman Terrorismo de Estado. Omitiendo que fue todo lo contrario: Contraterrorismo de Estado.

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