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La investidura como Presidente del Gobierno de Pedro Sánchez, puede convertir a la Comunidad Foral de Navarra y a su medio millón de habitantes en rehén del intercambio de votos que pueden hacerle perder su condición de Comunidad Autónoma, si el candidato socialista accede a las pretensiones del nacionalismo vasco.

Históricamente hablando, por sus condiciones, Navarra ha sido una comunidad fundamental como eje de la unidad de España, pero a la vez y desde que en 1906 se instalara el Partido Nacionalista Vasco en esta comunidad, el objetivo de un nacionalismo separatista para la consecución de sus fines de la creación de un estado vasco conformado por los tres territorios históricos Vascos, las tres provincias de lengua vascofona del sur de Francia y la propia Navarra, lo que en términos nacionalistas, se conoce como “Zazpi Batían “ ( Siete en uno).

Desde entonces hasta la fecha, esa ensoñacion de Sabino Arana, ha sido el objetivo constante de la formación separatista vasca, para lo cual, no ha dejado de utilizar todas las opciones que le han sido posibles, incluida la de la manipulación histórica, la propaganda constante desde sus aparatos mediáticos hacia los habitantes de esta comunidad y lo que es peor, ha utilizado y fomentado la división entre los propios Navarros en las zonas rurales vascofonas, para hacerse dueño de la situación.

A lo largo de todo este tiempo, los objetivos del nacionalismo vasco no se han producido por la existencia de una sociedad fuerte y concienciada en sus fundamentos forales, que no solo son de carácter económico, sino de estructura política y administrativa.

De hecho, a lo largo del tiempo, la sociedad navarra se ha apoyado en la fortaleza de formaciones políticas propias e identificadas con su idiosincrasia, aunque  divisiones internas la han debilitado, junto con el hecho de que desde el centro derecha español, se ha jugado también a debilitarles, con la apertura de sus sucursales en el espectro político navarro, como lo hizo Mariano Rajoy, creando y formando una estructura política navarra del Partido Popular, que siempre ha resultado irrelevante y que en la actualidad, resulta más un estorbo, que un planteamiento político defensor de los intereses de la Comunidad Foral.

Desde el comienzo de la democracia y sin visión de futuro de que algún día pudiera suceder, en el estatuto navarro y en la propia constitución española, se abrió la posibilidad de una Disposición Adicional, mediante la cual, podría producirse la incorporación de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca, como elemento que pudiera calmar al nacionalismo vasco en sus pretensiones, además de así incorporarles al hecho del inicio del proceso democrático  en España a raíz de la muerte de Franco que se consolidaría con la elaboración de la Constitución del 78, en cuya elaboración participaron los nacionalistas Vascos, aunque posteriormente, rechazaran o se abstuvieran en la aprobación de la misma,  a pesar en ella, figurara un Estatuto de Autonomía para las provincias vascas.

Ahora, 40 años después y dada la debilidad de la estructura política española, como consecuencia de la falta de fuerza de los partidos políticos, el nacionalismo vasco utiliza a Navarra como moneda de cambio para apoyar al candidato a la presidencia del gobierno, sin tener en cuenta su situación minoritaria en la Comunidad Foral y condicionando la fuerza del socialismo navarro como elemento que le catapulte a conseguir sus fines.

Si este “chantaje” es por sí grave, está situación se agrava si tenemos en cuenta que a lo largo del tiempo, con el único objetivo de apuntarse el fin de Eta, el socialismo español, especialmente encabezado por Zapatero, usó Navarra como elemento de negociación con el nacionalismo vasco y la banda terrorista Eta, sin otro fin que apuntarse la medalla del fin de la banda terrorista y así dar un papel falsario pero de vencedor ante la sociedad española, no teniendo en cuenta a los propios Navarros y sus deseos de ser una comunidad foral, en las claves que marcan tanto la Constitución española como la historia de la propia Navarra, como eje de la unidad de España .

Aquí no se está jugando con una situación administrativa de una comunidad foral, sino con la idiosincrasia de un territorio, culturalmente diverso como es el navarro, con lazos pero escasos con la comunidad vasca en lo cultural, pero entroncada porque una parte de su territorio es vascofono, pero claramente diferenciado con el hecho Vasco en gran parte de sus comarcas.

Es una situación que sobrepasa lo económico y lo administrativo, para convertirse en sentimental y sobre todo por la manipulación que supone que Navarra sea invadida por pretensiones que pueden suponer su destrucción como ente político, cultural y administrativo, sin contar con la protección de un gobierno de España, independientemente de su signo político, que durante todos estos años de democracia y una vez desarrollado el Estado Autonómico, no haya derogado esa “Disposición Adicional Cuarta” de nuestra constitución, que solo genera conflicto, desasosiego e inquietud de supervivencia a los propios Navarros, que ven que sin contar con su voluntad, desde Madrid, que debería ser un elemento de defensa de su propia concepcion, usan a la comunidad foral como moneda de cambio, como carta de juego o botín de quienes quieren obtener el poder.

En mi caso personal, este caso de “venta de Navarra” resulta muy doloroso, dada mi condición de vasco-navarro, porque he sido educado en el amor a una Navarra que defiende “su navarridad” desde tierra Estella hasta la Barranca o desde Tudela hasta Leiza.

Siendo guipuzcoano como soy, de madre navarra, desde muy pequeño he oído en mi tierra natal calificar a mi madre como “castellana” por no hablar Vasco y no tener la cultura vasca o despreciarla cuando se calificaba como navarra, blandiendo “su navarridad”.

Defiendo Navarra por su historia, tradición, cultura y no entiendo como este territorio, puede usarse como moneda de cambio, porque alguien puede decirme, ¿qué tiene que ver Tudela, Tafalla, Estella, Cintruenigo, Corella o Fitero con alguna de las zonas de Azcoitia, Azpeitia, Regil, Guernica o Durango?

Podría seguir analizando esta “canallada política” de usar a Navarra como moneda de cambio para acceder a unas pretensiones de un nacionalismo sectario y excluyente que quiere atar a Navarra al yunque de sus fines y que un partido de izquierdas sin alma parece que está dispuesto a conceder por obtener el poder, cosa que haré, pero ahora entiendo a mis mayores cuando decían que quien toque a Navarra, se encontrara con miles de “boinas rojas con borla amarilla”.Yo desde luego, desde mi sentimiento navarro, me pondré esa boina para combatir con la pluma y la palabra esa venta de mi Navarra, sin que la queramos quienes nos sentimos Navarros y tenemos alma y sangre navarra.

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