Manolete en la pintura

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Hoy hablamos de Manolete en la pintura, y lo hacemos de la mano de un artículo de don Mariano Sánchez de Palacios publicado en el semanario El Ruedo. Dice así este artículo sobre Manolete en la pintura:

Cuando aquel toro negro de Miura, número 21, llamado «Islero», hiere gravemente en la Plaza de toros de Linares al gran torero cordobés Manuel Rodríguez Sánchez «Manolete», en la tarde aciaga del 28 de agosto de 1947, el toreo pierde, con la consecutiva muerte del diestro, una de las más grandes figuras de todos los tiempos.

La biografía de «Manolete» es breve, como breve fue su vida. Había nacido el 5 de julio de 1917, y, por tanto, contaba al morir exactamente treinta años. De la primera corrida que torea con traje de luces -Córdoba, agosto de 1934, a agosto de 1947- van transcurridos trece años, número fatídico que faculta a los supersticiosos para predecir el triste y conmovedor final de la primera corrida de feria de Linares. En esos trece años de profesionalidad taurina «Manolete» había toreado quinientas corridas y matado mil ocho toros. En los años últimos al fatal percance el prestigio de «Manolete» era universal. Tal vez en toda la historia de la tauromaquia española no se haya dado una popularidad tan grande como la que disfrutaba el torero. Es posible que gran parte del público no se diera cuenta del arte fino y depurado del cordobés hasta que la muerte lo retiró para siempre de los ruedos. Sucede siempre. Tuvo «Manolete», como todos los ídolos, sus adversarios, y era visible en los tendidos de las Plazas en que toreaba el apasionamiento que su personalidad extraordinaria despertaba.

Manolete en la pintura

Había tomado «Manolete» la alternativa en Sevilla, de manos de «Chicuelo», el 2 de julio de 1939, actuando de testigo «Gitanillo de Triana», con el toro «Mirador», de la ganadería de Clemente Tassara, cortando las orejas del cornúpeta. El día 12 de octubre, día del Pilar y fiesta de la Hispanidad, confirma la alternativa en Madrid, que le otorga Marcial Lalanda. Los toros corresponden a la ganadería de Antonio Pérez, y Juanito Belmonte, aquella misma tarde, la confirmó también. La última corrida que Manuel Rodríguez Sánchez toreó en Madrid fue la de Beneficencia de 16 de julio de 1947, alternando con «Gitanillo de Triana» y Pepín Martín Vázquez. En su última corrida, la de Linares, que vestía traje de color rosa pálido y oro, se lidiaron seis toros de don Eduardo Miura para «Gitanillo de Triana» -testigo, como hemos visto, de su alternativa y compañero también en la última corrida toreada en Madrid- y Luis Miguel Dominguín. El quinto toro, su segundo de la tarde, después de una serie inolvidable de faenas, «Manolete», al dar una estocada inmensa sale prendido y derribado con una profunda herida en la ingle que deja ensangrentado el traje a la altura del vientre. A la enfermería le lleva «Camicerito de Málaga» las dos orejas y el rabo. Cuando, después de cinco transfusiones de sangre, Manuel Rodríguez Sánchez «Manolete» fallece en la habitación número 18 del Hospital del Patronato de los Marqueses de Linares, son las cinco y siete minutos de la mañana del día 29 de agosto de 1947. A título póstumo el Gobierno le concedió la Cruz de Beneficencia. Breve síntesis de una vida que pasó a la historia taurina española como una de las más interesantes y prestigiosas de su tiempo. A pesar del tiempo transcurrido, la emoción detiene a intervalos nuestra pluma. ¡Es grande el dolor del recuerdo!

Prólogo obligado ha sido a nuestra plana de arte los pormenores de la biografía, porque difícilmente se puede hablar sobre el reflejo que un torero ha tenido en la pintura sin hablar del, torero mismo, de la personalidad y de las efemérides del diestro. Tres cuadros ilustran esta plana. Tres momentos de la vida taurina de «Manolete». Tres nombres de artistas: Roberto Domingo, Andrés Martínez de León y Santos de Saavedra. El torero cordobés visto pictóricamente por tres maestros del arte, de los que sólo damos los nombres porque ellos, por sí solos, con su sólido prestigio y con la maestría de su técnica, dirán a los lectores cuanto nosotros podríamos decirles.

Manolete en la pintura