Maculadas sin remedio

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Patrocinada por la Fundación Botí y la Diputación Provincial de Córdoba se ha presentado en una dependencia de esta Corporación una exposición de trece mujeres artistas que ellas mismas se denominan MACULADAS SIN REMEDIO. Ya sólo la palabra maculadas parece encerrar una doble intención: considerarse ellas mismas manchadas y, al mismo tiempo, una velada alusión a la Virgen Inmaculada. (Otro ataque a los católicos, esta vez desde la Diputación de Córdoba)

La palabra maculada es el femenino del participio del verbo macular que, al igual de su correspondiente en latín maculare, del que deriva, significa manchar, ensuciar, deslustrar la buena fama, difamar.

Pregunto, ¿qué es lo que mancha a estas trece mujeres? ¿el rencor? ¿la animadversión a unas determinadas creencias? ¿odio a quienes no comparten sus ideas? ¡Vaya Vd. a saber!

No lo sé, pero entiendo que, si ellas mismas se consideran sucias, manchadas y carentes de fama, no deben pedir a los demás que las respeten ni las tengan en consideración.

A pesar de que argumentan que han expuesto sus cuadros con el derecho que les da la libertad de expresión que se recoge en el artículo 20 de nuestra Constitución, que manifiesta, sin lugar a dudas, que se tiene derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones, mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, también nuestra Carta Magna, recoge en su artículo 525 el delito de escarnio con la expresión clara e inequívoca de que lo cometen quienes “para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican”.

Siempre que he hablado sobre la libertad de expresión he puesto el siguiente ejemplo: el espacio que se nos concede para vivir es como un cuadro de un enorme tablero de ajedrez. Dentro de él puedo moverme con entera libertad, pero en el momento que invado al cuadro contiguo, estoy mermando libertad a su dueño, cosa que de ninguna manera puede hacer nadie. Jamás ninguno, esgrimiendo su derecho a la libertad, puede conculcar y desposeer a otro que, por la misma razón, tiene derecho a que se respeten sus convicciones sean del tipo que sean.

Esta infracción, poco más o menos en los mismos términos, se recogen en la mayoría de las legislaciones de la cultura occidental.

Este delito está penado con multa de diez a ocho meses y, fijémonos bien, no se refiere a ninguna confesión religiosa en concreto, sino a cualquiera, por lo que si lo hubiesen llevado a cabo contra al Islam, también hubiesen incurrido en el mismo delito, pero son pocos los que se atreven a atacar a esta religión, pues saben que les puede acarrear graves consecuencias, e incluso perder la vida, ya que está en la mente de todos lo que ocurrió con el edificio de la revista Charlie-Hebdo por haber publicado unas caricaturas de Mahoma al que prendieron fuego unos  islamitas exaltados en venganza por ultraje hecho a su Profeta.

Pero es llamativo que diga la autora que es un autorretrato el cuadro en el que se denigra a la Virgen María, presentándola como una Inmaculada de Murillo, en una clara actitud masturbadora.

Con razón se autodenomina manchada, pues exponer a la vista de todos un acto tan íntimo como es una masturbación, sólo puede llevarnos a pensar de ella que es una sucia, por no expresar una palabra más contundente que posiblemente esté en mente de todos, y que expone sus vergüenzas a la vista de todos con total impudicia.

Aunque sea su retrato, la intención ofensiva está más que manifiesta: la imagen es una mala copia de las Inmaculadas que pintaba Murillo, pues, al igual que las que él pintaba, tiene a sus pies amorcillos y actitud contemplativa como las de este pintor.

La Diputación cordobesa, sufragando con el dinero de todos esta muestra, posiblemente no haya tenido en cuenta o no ha sabido medir el calado de esta exposición, ya que con ella la mayoría de los cordobeses que profesamos la fe católica nos hemos sentido ofendidos en la conculcación de nuestras creencias.

Ha sido corta de vista, ya que no ha previsto que, estando cerca unas elecciones, se le pueda hacer pagar caro este desprecio a los cordobeses católicos, que somos la mayoría en esta ciudad.