CGPJ

El escándalo de los fines de semana caribeños del anterior Presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), al fin y al cabo un caballero, al lado de tanto carroñero que anda investido de vocal en el citado gallinero, donde las peores son las gallinas, como suele ocurrir, me obliga a reflexionar en voz alta sobre el destino de tan inútil organismo.

Que los jueces son independientes, sabemos que no es verdad. Todos tienen sus fobias y sus filias, su ideología, y a veces la falta de ideología, que es lo más preocupante. Por no hablar de los que andan faltos de principios, o sólo tienen uno: estar al lado de quien mande, en todo momento, haciendo de la judicatura una profesión vicarial del poder, retomando –por otra parte- el que ha sido el papel tradicional de los juristas desde la España medieval hasta estos días en que el puzle de las Españas amenaza con descomponerse.

Crear un organismo para asegurar la independencia de los jueces, cuando muchos de ellos no quieren serlo, es absurdo. Se es o no independiente, con todos los riesgos que ello comporta, pero si uno quiere ser un vendido al poder, por mucho CGPJ que haya, hará lo que le plazca, y se venderá por un plato de lentejas, o más bien por algún cargo con coche oficial, que hoy en día es lo que marca la diferencia entre ser un don nadie o un señor.

En resumen, que hay veintiún vocales del consejo, incluido el presidente, que tienen muy poco trabajo, lo que hace que maten moscar a cañonazos, y ante cualquier asunto incoen expedientes y armen la de San Quintín, pues de alguna forma tienen que justificar sus magros salarios.

Y a su alrededor pululan una corte de letrados, jueces revenidos en burócratas, de los que odian la jurisdicción o quieren seguir viviendo en Madrid, que de todo hay. Y es que, claro, en ningún sitio hay tantos teatros –y putas- como en Madrid, y no van a perder la bicoca de poder vivir en la capital del reino, haciendo como que hacen algo, para justificar sus elevadas retribuciones…, lo más lejos posible de cualquier órgano judicial.

¿Qué sentido tiene tener varias decenas de Jueces desempeñando tareas meramente burocráticas y repetitivas, para las que, encima, no están preparados? Cualquier técnico de la administración general del Estado podría hacer su trabajo mejor que ellos, en términos generales, y salvo excepciones.

Un juez dónde debe estar es en un juzgado, resolviendo asuntos, que para eso le pagamos y, se supone, está capacitado. Y digo esto tanto para los veinte vocales como para las varias decenas de letrados. Letrados que pueden permanecer hasta ¡diez años! dedicados a tareas administrativas.

Mientras tanto sus plazas son ocupadas por jueces sustitutos, simples licenciados o graduados en derecho, carentes muchos de ellos de la adecuada preparación, y produciéndose así un incremento del gasto público, ya que para una sola plaza se pagan dos salarios, el del titular –vocal o letrado del CGPJ, en situación de servicios especiales-, y el del juez sustituto, elegido normalmente por enchufe.

¿Esta es la administración de justicia que queremos tener en lo que queda de España…?

2 Comentarios

  1. Creo que tiene mucha razón en todo lo que dice.
    EL CGPJ ESTÁ TOTALMENTE POLITIZADO, y hoy por hoy, es el “brazo armado” de los partidos políticos en la Administración de Justicia.

  2. No se si el CGPJ tiene solución. ¡Tal vez habría que echar Zotal primero, para desinfectar todo bien!

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