muertos

Ya han pasado varios días del fallecimiento del que fue político socialista Don Alfredo Pérez Rubalcaba, que alcanzó gran notoriedad durante los mandatos de Felipe González y de Zapatero. Y por tanto es hora, a la que me sumo como católico, de elevar unas preces al Cielo para pedir a Dios Todopoderoso que le acoja en su Seno. Y, también es hora, de analizar las distintas manifestaciones que, sobre el difunto, han realizado políticos de izquierda, derecha y restantes opciones, así como los distintos editoriales escritos en los principales medios de comunicación españoles.

Creo que, tanto unos como otros, han calificado a Don Alfredo como persona inteligente y consecuente con sus ideas. Y no me parecen mal (todo lo contrario) todas estas expresiones, incluso habiendo omitido o referenciado solo “de pasada” aquellos tristes acontecimientos relacionados con el 11M y su desacertado mensaje que señalaba “los españoles no se merecen un gobierno que les mienta”.

Estoy seguro de que él (que lo sabía todo) se arrepintió de aquella actuación que ahora por respeto no quiero calificar como lo hice en su día. Pero estas expresiones y escritos a que antes me he referido, me han servido de piedra de toque para recordar los comentarios que hicieron en 2012 algunos socialistas cuando falleció Don Manuel Fraga Iribarne, uno de los políticos más decentes y que hizo más por España a lo largo de su dilatada vida política. Hasta el punto de que, el presidente González, reconociéndolo, dijo “que tenía el Estado en la cabeza”.

Concluyo reivindicando que, de una vez por todas, en España se dé el mismo tratamiento a los muertos de uno y otro lado. O, ¡mejor todavía!, que dejemos a los muertos en paz. ¡¡Dios les habrá juzgado ya, en su infinita misericordia!!