Toro bravo
Bulls (Pixabay)

La fiesta de los toros se sitúa entre las tradiciones españolas más conocidas. De hecho, pese a la polémica, se mantiene desde el siglo XVIII (cuando nacieron las corridas de toros). Pero, ¿cómo nació este ritual milenario? La realidad es que no habría podido nacer sin el descubrimiento del toro bravo, el cual dio origen a esta tradición. Por ello, queremos hacer honor al mismo en este artículo.

El toro bravo: el inicio de la tradición

La tradición taurina no podría existir sin su protagonista: el toro bravo, también llamado toro de lidia. Esta raza antigua de toro existió en diferentes lugares pero terminó por extinguirse. Sin embargo, en España aún la conservamos y ha sido siempre objeto de sacrificios debido a su consideración divina. Así, las supersticiones en torno a los animales han existido siempre y continúan haciendolo. Podemos encontrarlas en algunos como: el pájaro Kareke de Nueva Zelanda o incluso estatuas dedicadas a animales como ‘Il Porcellino’ (un jabalí) en Florencia o el mono de metal situado en Bélgica. Pero, ¿qué hay de divino en el toro bravo de España?

Origen de las plazas y su representación en la modernidad

En cuanto a las plazas de toros, su origen se debe a los templos celtibéricos. Hoy día podemos encontrar uno de ellos en la provincia de Soria donde se cuenta que estos animales eran sacrificados a los dioses. Por su parte, la plaza de toros de Sevilla ha sido escenario de la afamada serie Juego de Tronos, donde en la quinta temporada fue utilizada para grabar una de las escenas más costosas jamás vistas en la televisión. La afamada serie ha sido protagonista también en distintos productos culturales, como la tragamonedas de Juego de Tronos, que encontramos en Betway Casino desarrollada por Microgaiming, o en los múltiples juegos de ordenador. Y al hablar de las plazas de toros no podemos dejar pasar el hecho que tienen su origen en la tradición grecorromana, que influyó en la concepción de espectáculo que caracteriza los eventos. Tomando esto en cuenta, podemos pensar en una gran variedad de filmes que las han tenido como escenario central, entre ellos Gladiador, la película de Ridley Scott ganadora de 5 premios Oscar y 12 nominaciones, y que por cierto tendrá una secuela, como afirma el sitio Espinof.

Por supuesto que desde el siglo XVIII se abandonaron las ceremonias de sacrificios a los toros y se inventó el toreo al cual le debemos los eventos más esperados. Tanta es la adoración por este animal que en ABC el toro bravo ha sido descrito como: una obra perfecta de ingeniería genética y existen innumerables cantidades de películas dedicadas a este animal como Manolete con Penelope Cruz y Adrien Brody, o Toros Bravos con Anthony Quinn, entre otros.

Fue considerado deporte de la nobleza

Tal cual podemos leer en este artículo de Don Quijote, la tradición viene de los antepasados del toro bravo, es decir, del primitivo urus. Este toro fue adorado por numerosas civilizaciones pues tenía un papel referente para las tribus que vivían en España y que desempeñaban ceremonias religiosas. De hecho, incluso en la Biblia podemos encontrar referencias en torno a sacrificios (holocaustos religiosos) hechos bajo el nombre de la justicia divina. De hecho, ya en los íberos encontramos referencias de sacrificios a toros bravos en espectáculos públicos.

Sin embargo, fue durante la caza de este animal cuando se dataron los primeros enfrentamientos que inspiraron las actuales corridas de toros. Y es que más que la fuerza física, la habilidad y destreza desempeñaron un papel crucial para combatir al toro bravo. No obstante, en tiempos medievales, esta tradición se consideró un deporte de la nobleza donde el señor feudal luchaba contra el toro bravo a lomos de su caballo y dotado de una caña larga que representaba su lanza. Fue en el siglo XVIII cuando se abandonaron las ceremonias de sacrificios y la nobleza abandonó el toreo a caballo para mostrar su valor y destreza a pie. Este fue el paso de un deporte de élite a un deporte de plebeyos.