San Sebastián

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Ahora hace más de cuatro décadas   y algunas vueltas de reloj que no visitaba la Bella Easo. Como siempre más cosmopolita, abierta al mundo. Una ciudad  dominada por la bahía de la Concha, cuya figuración es parecida a una peineta de esas las que se ponen en mi Andalucía los días de feria las flamencas en sus cabezas cuando van vestidas de faralaes y ahora es, y cuando estamos en feria de mi Córdoba querida he vuelto a ver esta hermosa ciudad como una  peineta colocada por la playa de la Concha  o la Ondarreta, estos últimos días los he pesado con mis compañeros antañones, pero jóvenes en espíritu y recuerdo, cuya familiaridad nos aproxima aún más satisfactorio y ver  pasando los años, con ganas como siempre de ver cosas y como no pasarlo bien.

Llevamos unos quince años visitando con nuestras colegas, las ciudades de nuestra España más entrañable, no por esta circunstancia las no visitadas dejan a las otras en menoscabo de las  visitadas que por cierto este año venidero visitaremos una nueva. El abolengo y linaje que hemos visto en la Ciudad de San Sebastián, ha sido un entronque muy grande ya que un año es mucho tiempo sin ver los amigos. Este cacho  de las Vascongadas lo he visto nuevo, señorial  cuyo desarrollo arquitectónico y moderno nos ha dejado con la boca abierta. Menos más que los pintxos los teníamos  a pedir de boca, es decir,  como cada vez que cambiamos de lugar, tenemos a un paisano que, por cierto, no ha habido lugar donde estas delicatesen no entraron en boca, y hablando de pitanza, este, el  amigo Jesús y su señora Merche, fueron los encargados una noche de cenar en un cofradía, donde Jesús es, y lo comprobamos, nos llevó a su rincón gastronómico Gaztelobide a cenar,  un estupendo chef con garantía y con  gracia los primeros pintxos que nos puso por delante regados con un prestigioso Txakoli  fresquito y agradable al paladar.  Esa misma noche y antes de emparejarnos visitamos el bar del hotel Londres a tomarnos unos exquisitos y bien aderezados combinados: donde con estas bebidas han hecho de este centro hotelero peregrinaje para los más apasionados bebedores de estos brebajes.

San Sebastián

Como buen monitor, nos sirvió de guía Jesús, nos llevó a visitar el Peine del Viento donde nos coronó en un vetusto teleférico, en el cual unas obras de Chillido adornan este lugar. Jesús  no llevó con visita guiada al museo de Chillida-Leku, en donde las obras de Chillida están expuestas en la  frondosidad de sus campos verdes aterciopelados  en donde sus veinte esculturas viven caprichosamente, en donde una joven-bella nos deleitó con su gracia verbal algunas de estas “vivientes obras “ con delicada prosa. No quisiera dejar de dar una puntada al Asador de Laia en Hondarribia, donde su restaurante dirigido  por un excelente y conocido chef su terraza es parecida a la cubierta de un barco y como no también la merienda-cena en el Real Club Náutico de la Bella Easo.

¿Qué por qué escribo esto? En primer lugar para darle las gracias a mi compañero y amigo Jesús, a su encantadora esposa Merche por los cuatro días pasado en esta encantadora tierra, donde me ha demostrado con aumentos de grandeza  el talante, el estilo y buen gusto en llevar a las dos decenas de amigos en una encomiable familiaridad de compañeros de diez regiones distintas. La segunda, ya estamos esperando nuestra próxima visita que será Sevilla. Gracias Merche y Jesús y como no el saber que hemos llegado a nuestras tierras, como llegamos, eso sí, con un par de kilos de más. Gracias a todos y a todas.

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