Rubalcaba

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El sepelio de Rubalcaba ha acaparado el fin de semana sentando un precedente que choca y mucho con las costumbres de la democracia española en las exequias de las figuras políticas. Los precedentes más parecidos han sido de ‘Padres de la Constitución’ y la verdad es que dentro del respeto de todos no han sobrepasado lo ordinario.

El caso más reciente ha sido el de José Pedro Pérez Llorca cuya capilla ardiente se situó en el tanatorio de Tres Cantos y que tuvo a los Reyes presidiendo su funeral en San Jerónimo el Real, choca con la exagerada pompa y boato de la desmedida despedida de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Dado que me han enseñado a actuar bajo la premisa de que ‘si no puedes hablar bien, cállate’, no iba a escribir sobre el personaje más que mi deseo de que descanse en paz, recordando como loa su actitud de estado posibilitando, como líder del PSOE, la sucesión tranquila del Rey Juan Carlos al Rey Felipe y ahí me hubiera quedado si el PSOE, o su secretario general, no hubieran aprovechado la defunción del líder socialista para su particular campaña electoral y su visión más que falsa de la reciente historia de España.

Rubalcaba no acabó con ETA sino que fue el responsable del chivatazo del bar ‘Faisán’, se saltó antidemocráticamente la jornada de reflexión que aupó al poder a Zapatero y contribuyó en grado máximo a destrozar la ‘educación’ en España con la LOGSE. No hay mucho entonces que agradecer, ni que admirar, ni que imitar. Descanse en paz.

No entiendo nada. ¿Es decente aprovechar una defunción en beneficio propio? ¿Alguien me lo explica?

 

@jmfrancas

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