El Cordobés

Reproducimos la crónica del debut de Manuel Benítez El Cordobés en la plaza de toros de Córdoba, un 16 de octubre de 1960. Así lo contaban en el semanario El Ruedo:

«Puede decirse que esta novillada marca un hito en los anales de la Plaza de toros de Córdoba. Pocas veces se dio en esta ciudad un caso de expectación semejante, ni aun remontándonos a los tiempos de figuras señeras de la tauromaquia. Y el «milagro» lo hizo, principalmente, ese chaval de Palma del Rio, Manuel «el Cordobés», que ha traído la virtud de revolucionar a la afición de Córdoba y la provincia, y que en el mes de octubre no se hable de otra cosa sino de toros. Hay que agregar también que el fin simpático del festejo -el tradicional dela Archicofradía de las Angustias, todos los años, por esta misma época-, la actuación por vez primera en su tierra del nieto de «Machaquito», Rafael Cruz Conde González, y la repetición del «ídolo» montillano Paco Raigón, contribuyeron a que antes de comenzar la fiesta, en las taquillas luciese el cartelito de «No hay billetes».

Abarrotado, pues, aparecía el coso y un palmoteo general acogió la presencia de los jóvenes espadas que, en general, tuvieron afortunadas actuaciones, en lucha con el ganado de don Manuel Sánchez Cobaleda, de Salamanca, que tuvo de todo: sosería de una. parte, falta de casta y suavidad, por otra; buen son en la embestida, en los novillos lidiados en quinto y sexto lugares.

El peor lote correspondió, desde luego, a Rafaelito Cruz Conde González. No es que su primero fuese dificultoso, sino que acusó blandura de remos y tras torearlo el espada muy bien con el capote y templarlo con garbo con la muleta, se echó el novillo y hubo de ser apuntillado. El cuarto traía muchos y muy afilados pitones, y era él, Cruz Conde porfió mucho con la muleta, pues el animal sacudía, con sentido, la cornamenta. Escuchó música el espada por lo cerca y lo tranquilo que realizó el trasteo. Y al matar ora brevedad dio la vuelta al ruedo. Regaló un sobrero de Germán Gervás, que era todo un toro, con fuerza y mal estilo, y también estuvo valentísimo, dejando en los aficionados una excelente Impresión.

Paco Raigón, segundo espada, se las entendió con un lote mitad y mitad. O sea, que su primero no se dejó torear a gusto, por vencerse por el lado derecho. Estuvo con él breve y voluntarioso, y como mató, asimismo, con brevedad, dio la vuelta al ruedo. El quinto era, por el contrario, un novillo de temple superior y en él si estuvo Raigón en plan de triunfar, pues le hizo una faena totalmente con la derecha, entre entusiasmo y música. No probó el diestro a torear con la izquierda y ahí estuvo su fallo, a nuestro Juicio. Mató de un pinchazo y una estocada y descabello, y obtuvo una oreja, con la consiguiente vuelta al anillo. El novillo fue merecidamente ovacionado en el arrastre.

El Cordobés

«El Cordobés» respondió totalmente a esa expectación tan singular que aquí despierta y que puede despertar, desde luego, cuando se presente en otras Plazas la temporada próxima. Porque esta tarde no ha estado, precisamente, en plan de «tremendismo», sino en el de hacer bien el toreo. Su primer novillo cabeceaba mucho y sólo pudo vérsele voluntad al torero. Le hizo un buen quite de frente por detrás, le banderilleó con un estilo propio, con las cortas y con las largas, y en la faena -en el trascurso de la cual fue cogido varias veces- predominó el valor y el buen deseo. Breve estuvo con el pincho. Pero el que cerró plaza era un novillo análogo al quinto en bondad. Y aquí cuajó «El Cordobés» un auténtico triunfo. Le lanceó con quietud a la verónica, realizó un quite por gaoneras, banderilleó de poder a poder y al quiebro, y con la muleta imprimió a cuanto hizo una acusada personalidad. Repetimos qué el torero «tremendista» dio paso al buen torero, porque ora la derecha y con la izquierda dio pases de magnifico estilo, que hicieron que el público se volcara en aclamaciones. Pinchó dos veces bien y tras de conseguir la estocada entera, la plaza, blanca de pañuelos, pidió las dos orejas para «El Cordobés». Mostrando los apéndices -y un gallo de pelea; que le fue arrojado-, recorrió el ruedo en triunfo y después a hombros, y de tal guisa fue llevado hasta el hotel… ».