Juez Marchena paciencia pesados separatistas
El juez Manuel Marchena

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Muy pesados

Si hay algo que caracteriza al separatismo además de su cobardía es que son más pesados que una vaca en brazos. Parecen como de una secta y a la más mínima oportunidad que se les presenta comienzan su representación siempre ridícula y calcada a las representadas por otros. Es como si se pasaran por wasap el guión y lo tuvieran que llevar todos bien aprendido desde casa.

Un ejemplo claro de todo esto es lo que está sucediendo en el juicio que se está celebrando en el Tribunal Supremo contra los golpistas del 1 de octubre de 2017 en Cataluña. Entre los habituales mítines cada vez que tienen que contestar a los abogados de Vox y los también habituales de hacerlo en español, se repiten todos como el ajo y le agotarían la paciencia hasta al Santo Job.

Y el Santo Job del Tribunal Supremo es, en este caso, el juez encargado de presidir el tribunal, el juez Marchena. Marchena, como es lógico, parece estar ya aburrido de escuchar siempre la misma cantinela y la misma sarta de tonterías cada vez que se sienta en el banquillo alguno de los testigos separatistas y ya no les deja ni acabar su discurso, les pone en su sitio a las primeras de cambio.

Es un disfrute para la vista y para los oídos escuchar de qué forma reparte Marchena en las últimas jornadas y qué cara se les queda a los lerdos de la secta separatista. Parecen todos como atontonados. Como si el agua que bebieran estuviera en malas condiciones o como si fueran el fruto de un matrimonio entre primos carnales.

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