Ciudadanos

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La segunda vuelta de las elecciones generales ha confirmado, como no podía ser de otra forma, el panorama expuesto en la cita de sólo un mes antes: el PSOE retoma el control del electorado de izquierdas mientras que los votantes de derechas se dividen en tres opciones que se disputan sus favores antes de las elecciones y procuran pactar una vez cerradas las urnas. En esta dispersión el indudable derrotado es un PP que ve troceado sus apoyos de antaño en tres porciones irregulares, de las cuales se reserva la mayor, mientras Ciudadanos se adueña de un porcentaje nada desdeñable y Vox araña un pellizco, cuya volubilidad está pendiente de determinar.

La mejor conclusión que dejan las elecciones múltiples del 26-M es, sin duda, la debacle de Podemos que, a excepción del subidón de Cádiz gracias a la personalidad de ‘Kichi’ González, cosecha desilusiones una tras otra que alcanzan su culmen en Madrid, tanto ciudad como Comunidad Autónoma, donde la división interna que ha provocado importantes escisiones le ha llevado a quedar en una fuerza residual. Descontado el componente de influencia importante en comicios locales como es el tirón individual de algunos candidatos y comparando elecciones de ámbito similar como son las generales y europeas, el descenso de la formación de Pablo Iglesias -escondido por cierto en la noche electoral- se hace aún más evidente ya que de los 11 escaños que sumaron en 2014 han descendido a 6, confirmando así el fracaso obtenido en los comicios de abril tras la fusión de Podemos e Izquierda Unida en esa mescolanza denominada Unidas Podemos.

Para los amantes de la moderación, la democracia y el respeto a las libertades individuales, el desinflamiento de Podemos sólo puede ser recibido como una buena noticia y se atisba como preludio del estallido de la burbuja podemita, siempre que Pedro Sánchez no le dé aire nombrando ministro a Iglesias. En ese caso, nunca España habría caído tan bajo ni un personaje tan vil habría ascendido tanto.

Este reagrupamiento del electorado izquierdista en torno al PSOE marca el inicio del camino de retorno al bipartidismo, en el que el ‘alter ego’ conservador de Podemos, Ciudadanos, sí está sin embargo soportando la presión e incluso está consiguiendo aprovechar la crisis en la que se ha sumido un PP noqueado desde la moción de censura perdida por Mariano Rajoy. La consecución del Gobierno en las instituciones madrileñas será la tabla de salvación de Pablo Casado, quien, con cuatro años por delante sin elecciones, puede tener tiempo para consolidar un liderazgo interno del que ahora mismo carece. El primer paso para ello habría de ser volver a captar al sector más derechista que abruptamente ha ido a abrazarse a Vox. Curiosamente, durante años la izquierda ha afeado al PP que tuviera en su interior a un sector cercano a la extrema derecha; hoy se llevan las manos a la cabeza por el soporte electoral que ha conseguido el partido de Santiago Abascal, un escindido del PP quejoso de la cobardía con la que se manejan los populares en determinados asuntos, como la inmigración o el feminismo radical.

El proceso electoral que se iniciaba en diciembre en Andalucía, continuaba en abril con las generales y ha concluido el 26M con la triple convocatoria europea-autonómica-local deja un gran signo de interrogación sobre el devenir y el futuro de Ciudadanos y de su líder, Albert Rivera. Al igual que Vox, la formación naranja podría aparecer como gran triunfador si no fuera porque ha establecido previamente una expectativas finalmente incumplidas. A pesar del ascenso en la mayoría de las instituciones y de la posibilidad de acceder al gobierno en lugares emblemáticos, Rivera ha quedado bastante lejos de su objetivo de liderar la oposición, lo que le aboca a tener que adoptar una decisión crucial: mantener la ‘operación sorpasso’ o permanecer -con las dificultades que ello conlleva- como partido bisagra capaz de pactar a izquierda y derecha.

En esta disyuntiva, que deberá ir despejando de forma inmediata con la conformación de gobiernos de coalición en los municipios y Comunidades Autónomas donde sea necesario, los de Albert Rivera deberán hilar fino para no caer presos de una incongruente política de alianzas que pueda pasarle factura en citas electorales futuras. Su deseo de reeditar la ‘fórmula andaluza’ en otras instituciones puede venirse al traste en caso de que Vox decida exigir la entrada en los gobiernos a cambio de sus votos, lo que abriría un cisma interno entre los ‘naranjitos’ de consecuencias incalculables respecto a la conveniencia, o no, de pactar con aquellos a quienes consideran extrema derecha. Y desde la opción opuesta, el PSOE le ha hecho ya responsable de que la gobernabilidad del país dependa de los independentistas y de los filoetarras dada su negativa a entenderse con los nacionalistas.

La calculadora postelectoral explica la presión que Pedro Sánchez está ejerciendo sobre Rivera para la consecución de un entendimiento global que se plasmara en gobiernos de coalición no sólo a nivel nacional sino también en Comunidades como Castilla y León, Aragón, la Rioja, Asturias, y Murcia, así como en numerosas capitales de provincia, sobre todo de la zona centro del país. Sin descartar a Andalucía, donde el ‘Gobierno del cambio’ podría estar en el punto de mira de la reunión mantenida en La Moncloa por Sánchez con Susana Díaz sólo horas después de cerradas las urnas del 26-M. La aceptación por parte de Ciudadanos de esta golosa oferta que le supondría obtener amplísimas cotas de poder supondría guardar en el cajón la ‘operación sorpasso’ al PP, al que dejaría como líder de la oposición y única alternativa al poder socialista.

En caso, sin embargo, de que ‘los naranjitos’ opten por alienarse con los partidos de derecha y reeditar la fórmula andaluza, las parcelas de poder territorial obtenidas serían sensiblemente inferiores en términos cuantitativos, aunque cualitativamente más relevantes al incluir tanto al Ayuntamiento como a la Comunidad de Madrid, así como a los gobiernos autonómicos de Aragón, y Castilla y León. No obstante, y al margen de la relevancia institucional obtenida, el mantenimiento del intento de ‘sorpasso’ supondría insistir en la fracasada estrategia diseñada por Albert Rivera, cuyo liderazgo en el partido podría empezar a estar en entredicho. En los próximos días se verá si Rivera es capaz de soportar la presión de sus socios europeos -ni 24 horas ha tardado Pedro Sánchez en acudir al Elíseo a pedir la colaboración de Emmanuel Macron, a quien el presidente de Ciudadanos profesa veneración-, de su aliado Manuel Valls -aunque su operación en Barcelona haya fracasado, es una voz mediáticamente relevante- e incluso de los estamentos financieros que anhelan tener estabilidad en el Gobierno español, y exporta al resto de España el ‘trifachito’ estrenado en Andalucía.

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