18 puntos de reforma

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A su Santidad el Papa Francisco I con lealtad y sincero ánimo de mejorar la vida de la Iglesia expongo con la libertad de los hijos de Dios estos 18 puntos de reforma.

Ante la grave crisis que principalmente por la secularización de la sociedad, los abusos sexuales y el entramado corrupto del Vaticano atraviesa la Santa Iglesia Católica es necesario dar un paso al frente y abordar la situación.

Recorrido histórico

El surgimiento de la reforma protestante, pudo ser una oportunidad no simplemente para condenar de forma necesaria y comprensible aquello que negaba aspectos nucleares de la fe (negación de dogmas…) sino también para abordar reformas muy necesarias. Sin embargo, se produjo una enmienda total acompañada de la exacerbación de ciertos puntos como forma de apologética, ataque y diferenciación del protestantismo.

De tal forma esa pésima estrategia (y a modo de ejemplo) se fomentó el maximalismo mariano, no se corrigió (y se sigue sin hacerlo) la religiosidad popular plagada de superstición e idolatría, no se fomentó la creación de escuelas donde se aprendiese a leer las sagradas escrituras, no se cambió su visión del trabajo como algo negativo (hasta que el Opus Dei recupera la visión bíblica) entre otras cosas que perpetuaron hasta el dia de hoy males históricos.

Con tal de enmendar todo un cúmulo de errores que manchan y siguen perjudicando a la Iglesia Católica, propongo 18 puntos enunciativos de reforma con más deseo que esperanza en que sean atendidos:

  1. Acabar con la impunidad de siglos. Todos sean laicos o clérigos deben someterse al imperio de la ley. Los abusos del clero del tipo que fueren deben ser despachados sin ningún tipo de distinción en los tribunales civiles. Allá donde la Iglesia tenga cualquier tipo de privilegio respecto del resto de confesiones debe ser desechado por la misma Iglesia.
  2. Convertir el celibato forzoso del clero en opcional. De acuerdo con las Escrituras hemos de volver al modelo neotestamentario fijado en los términos de 1ª de Timoteo 3. Los laicos contribuirán al mantenimiento de las parroquias. ¿Acaso alguien puede negar que la crisis de los abusos es algo de hace siglos? ¿Podemos engañarnos obviando la responsabilidad del celibato forzoso en los abusos y aberraciones sexuales conocidas?
  3. Impulso del carisma del Opus Dei, el cual, recuperando la idea bíblica del trabajo, no lo contempló como un castigo de Dios, sino que lo vio como medio de santificación en el mundo, contribuyendo al bien común. Gen 2:15.
  4. Garantizar el respeto debido en la Santa Eucaristía las rúbricas fijadas por la Iglesia. No se debe de volver a imponer su celebración el latín con pretextos de universalidad, que van acompañados de un exceso de rúbricas que impiden a la congregación y al mismo sacerdote ofrecer un culto racional al Señor (ROM 12:1). Además, en el nuevo modelo eclesial, la Iglesia según el territorio, podrá celebrar los divino oficios según el rito que por tradición del lugar sea más conforme a su tradición.
  5. Recordar y exhortar a que nadie participe de la mesa del Señor, cuando se halle en pecado mortal. Recordarlo constantemente, como San Pablo lo hacía en 1ª Corintios 11:27-29.
  6. Recuperar la existencia de diaconisas, tal y como existieron en la época primitiva de la Iglesia (ROM 16:1) aunque jamás con funciones reservadas por Cristo y la tradición perenne a los varones. La mujer en todo aquello que no incluya la ordenación sacerdotal debe ocupar puestos de relevancia que realicen su gran papel en la vida eclesial.
  7. Afrontar el desconocimiento de la Biblia. Se han de organizar campañas formativas a toda la jerarquía eclesial y a los seminaristas que serán futuros presbíteros. Creación de escuelas bíblicas parroquiales. El fiel católico debe tener voracidad por la palabra de Dios, de tal manera se adentrará mejor en la comprensión de los ritos y ceremonias que la Iglesia celebra. No puede pasar un día sin que el fiel, sea del clero o del laicado no lea y medite una porción de la Biblia, como nos exhorta Josué 1:8
  8. Reforma de la piedad popular. Impulso en la formación de los catequistas quienes deberán de enseñar el catecismo, haciendo hincapié en purificar y reformar la religiosidad popular que comete pecados gravísimos como la idolatría y la superstición.
  9. Autofinanciación completa de la Iglesia. Con el fin de que entregándose por completo a la tarea evangelizadora no dependa en modo alguno de los estados. “Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No pueden servira Dios y a las riquezas.” Lucas 16:13. Así mismo, si el laicado no puede sostener a los cargos eclesiales (diáconos, presbítero y obispos) éstos no cayendo en la errónea idea de que trabajar para su sustento es una cosa indigna, deben mantenerse y trabajar como cosa querida por Dios (Gen 2:15) para su santificación.
  10. Desaparición del estado vaticano. Primero los estados pontificios y tras el siglo XIX el estado vaticano, han sido y son fuentes de perversidades y corrupciones que han sometido a la Iglesia y sus sucesivos obispos de Roma a una esquizofrenia (como príncipes de la tierra y ministros suyos) que ha provocado y provoca. innumerables perjuicios.
  11. Reforma del papado. Ir hacia un primus inter pares en el que el obispo de Rima pudiendo garantizar la unidad de fe y magisterio gobierne de forma verdaderamente colegial la Iglesia. La organización de la Iglesia debe atenerse a la primacía de Pedro en Roma sin ser ello una forma de autocracia.
  12. Impulso de la música y el arte sacro con el fin, no de vanagloriarnos en la capacidad de los hombres, sino como medio que es la belleza para llegar a Dios.
  13. Prohibir cualquier tipo de simonía. Deben quedar prohibidos, los estipendios a los sacramentos, las indulgencias que impliquen cualquier tipo de intercambio dinerario o de bienes materiales. Eliminación de cualquier lucro en iglesias o lugares santos (de peregrinación). Recordemos que dijo Jesús en Marcos 11:15-18.
  14. Impulso de la teología de la gracia. Desechando el retorcimiento y la soberbia intelectual de la escolástica que ha elaborado toda una casuística que no comprenden la lógica divina.
  15. La salvación no se gana. Desechar del laicado y del clero, la idea de que la salvación es algo que conseguimos y no un regalo inmerecido de Dios a los hombres que creen en su sacrificio expiatorio. Aplicar verdaderamente la declaración católico-luterana de 1999.
  16. Reforma de la organización eclesial. No sólo debe implicar la autonomía de obispados y parroquias sino la creación de sínodos donde estén representados laicos (con sus delegaciones pertinentes), obispos y presbíteros.
  17. Ecumenismo. Profundizar en el ecumenismo con ortodoxos y anglicanos.
  18. En el mundo sin ser del mundo. Nuestro Señor mandó como misión principal predicar el evangelio a todas las naciones (Mc 16:15-16), ser sal y luz del mundo (Mt 5:13-16) y en la ultima oración con sus discípulos rogó al Padre que no los apartase del mundo (Juan 17:15) precisamente para poder cumplir con la misión encargada. A ningún cristiano le es lícito apartarse de esto. Desobedecerlo con pretexto de llevar una vida contemplativa o angelical es desobedecer a Cristo. Es por tanto menester revisar los estados de vida que en la iglesia se apartan de la orden y el deseo explícito del Salvador.