Máxim Huerta dimisión Pedro Sánchez
Máxim Huerta jurando su cargo ante el Rey

Un juguete roto

A Máxim Huerta, según se interpreta de sus más recientes declaraciones, su experiencia política le ha dejado como un auténtico juguete roto. En unas recientes declaraciones realizadas en Telecinco ha confesado que su paso por la política y su dimisión le han afectado personalmente y que incluso ha necesitado de ayuda médica para superarlo.

Confesó, además, que durante varios meses en los que ha estado completamente desaparecido no ha sido capaz de hablar de ello y que todo lo sucedido le ha hecho mucho daño. Ha revelado, también, cómo y de qué manera le llamó Pedro Sánchez para ofrecerle la cartera del ministerio de cultura, “tenía varias llamadas perdidas en el móvil de un número desconocido. Cuando al día siguiente cogí el teléfono, era Pedro Sánchez y me propuso irme con él”.

Lo más curioso de todas esas declaraciones es lo contradictorio que resulta el hecho de que confiese que lo volvería a hacer, para después reconocer que lo ha pasado mal con todo el asunto de su dimisión. Y más, si cabe, cuando le preguntan si en estos meses le ha llamado Pedro Sánchez o se ha interesado por él, a lo que Huerta contesta con un lacónico y rotundo “no”.

Hacer leña del árbol caído, y sobre todo cuando una persona confiesa haberlo pasado mal, no es algo que nos guste y que vaya con nuestra forma de ver la vida. Con este pequeño resumen sobre las declaraciones de Máxim Huerta se deducen dos cosas. La primera es que hay que ser de una pasta especial para ser político y es evidente que una persona sensible no puede serlo. Huerta, con sus aciertos y sus errores, ha demostrado serlo y por eso ha sufrido las consecuencias de la política como las ha sufrido.

Pero, por otro lado, el hecho de que Pedro Sánchez no se haya dignado a interesarse por él demuestra el tipo de persona que es el presidente del Gobierno. Un personaje siniestro y con una ambición tan sumamente grande que no tiene sentimiento alguno ni el más mínimo interés en conocer el estado de una persona que, equivocado o no, ha dado la cara por él. Un personaje sin ningún tipo de escrúpulo y sin corazón alguno. Si hace eso con los conocidos, ¿qué no va a hacer con los desconocidos?