monte calvario

Ha empezado la Semana Santa. Un olor a incienso recorre con loa aires de estos días llenos de ese olor que derrama y acompaña por nuestras calles la flor del azahar.  El ir y venir de los paisanos se les ve en sus ojos, algo de pasión y paz que nos trae la Semana de Pasión. El ajetreo de estos días vemos las visitas a las iglesias, como decimos, a ver los Santos. Recodemos que Jesús murió en la Cruz para desagravio de nuestros pecados. Este misterio de la Cruz se encuadra en el marco general del proyecto de Dios y de la venida de Jesús al mundo. El sentido de la creación está dado por su finalidad sobrenatural, que consiste en la unión con Dios. Sin embargo, el pecado alteró profundamente el orden de la creación; el hombre dejó de ver el mundo como una obra llena de bondad, y lo convirtió en una realidad equívoca. Puso su esperanza en las creaturas y se fijó como meta falsos fines terrenos. La finalidad propia del misterio de la Cruz es cancelar el pecado del mundo, algo completamente necesario para que se pueda realizar la unión filial con Dios. Esta unión es, como hemos dicho, el objetivo último del plan de Dios.

El mundo dentro de sus miserias, Jesús, con su muerte nos redime de nuestros pecados. Jesús murió en la Cruz para perdonar nuestros pecados. ¿Y nosotros que hemos hecho?  Lo mismo que cualquier persona, pero le ayudamos a ser mejores o nos corree la envidia y el hacer el mal a la gente, lo vemos todos los días en la calle, en el trabajo en cualquier sitio en donde estemos.  Jesús murió por nuestros pecados para librarnos de ellos y rescatarnos de la esclavitud que el pecado introduce en la vida humana. La Sagrada Escritura dice que la pasión y muerte de Cristo son: el sacrificio de alianza, sacrificio de compensación y sacrificio de reparación por los pecados, en una palabra, un acto de redención y liberación de los hombres.

Esta semana que ha empezado, el bullicio de estos días, no es solo el olor a Incienso o los olores azahar, a juncia y a romero, incluso a mastranto con su olor a menta. Es también en esta semana la conmemoración de la muerte en una cruz en el calvario, es también la resurrección del hijo de Dios. San Pablo escribe: «yo estoy con Cristo en la Cruz, y no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí» para alcanzar la identificación con Cristo hay que abrazar la Cruz. Abramos nuestros corazones para comprender a nuestros hermanos. Y pidámosle a Jesús y a su Madre María, que uno a uno, miremos a nuestros políticos representados en estas próximas elecciones con mirada que Jesús querría mirarlos. Dios estará estos días entre nosotros y cada uno según su criterio cristiano y profese con su voto depositado en las urnas, una vida mejor, más comprensiva y más humana. Hace tiempo que un misionero franciscano me dijo estas palabras que aun me traen el recuerdo: Él vino a pagar una deuda que no debía, porque yo tenía una deuda que no podía pagar. ¡¡Aleluya!!

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