repetir el paseíllo

La anécdota de hoy, titulada ‘a repetir el paseíllo’, cuenta lo que ocurrió en una plaza, cuando el alcalde obligó a repetir el paseíllo porque los toreros no lo habían hecho muy bien… Dice así:

«Creemos que fue en Aldeanueva de Ebro (Logroño), hace ya muchos años. Toreaba un hijo del pueblo, Agapito Benedí, «Riojanito»; presidía el alcalde, y en el improvisado coso no cabía ni un alfiler más.

En cuanto el que hacía de alguacilillo recogió la llave, desfiló la cuadrilla capitaneada por dicho «Rioianíto».

¿Qué echó de menos la mencionada autoridad en aquel paseo? Tal vez bracearan con poco salero los muchachos, acaso no fuera simétrica la formación, probablemente no se distinguirían por marchosos aquellos torerillos de pueblo.

El caso es que el referido alcalde se levantó airado de su asiento tan pronto como la cuadrilla llegó bajo el balcón presidencial, y con ademán furioso, ordenó al «Rioijaníto» y sus subalternos:

— ¡Chiquios, muy mal, eso está muy mal! ¡A hacerlo en seguida otra vez!

Y la cuadrilla se vió obligada a desfilar de nuevo».