franco

Por fin Pedro Sánchez ha culminado su desastrosa legislatura de ocho meses. Llegó a la Moncloa supuestamente para convocar elecciones generales por considerar que Rajoy ya no era apto para ser presidente del gobierno, prometiendo que su objetivo sería convocar elecciones lo antes posible, pero eso no era cierto. Únicamente pretendía pasar a la historia como el mandatario español que había sacado del Valle de los Caídos a Franco, como si fuera quien después de 40 años de fallecimiento del dictador, le hubiera ganado una guerra contra él, por el mero hecho de estar en la historia de España como parte de una etapa de la que casi nadie está orgulloso. 

Aquí no es cuestión de analizar si esa decisión del gobierno de exhumar los restos del dictador es acertada o no, cuando en España hay otros temas prioritarios que podía haber abordado este gobierno durante el periodo de su mandato, sino si realmente, desde la sociedad española, existía esa petición, esa necesidad o si era un elemento vital para la convivencia y la tranquilidad de los españoles. 

He de reconocer que es un tema que me deja frio, porque cuando el dictador falleció, apenas tenía 13 años y he conocido su obra y su historia a posteriori de su fallecimiento y que es un tema que no me causa ni frío ni calor, porque entre otras cosas, considero que el hecho en sí mismo del franquismo y de todo lo que supuso, está claramente superado por una sociedad española del siglo XXI, preocupada del Brexit, de la posibilidad de una inminente recesión económica o de la gravedad de los hechos que están sucediendo en una región española en rebeldía, en donde se desobedece a la ley de leyes que nos hemos dado todos y en donde desde su gobierno, se mira por intereses personales, en vez de la prosperidad y tranquilidad de la convivencia de los ciudadanos. 

Este episodio de la exhumación de Franco, solo lo comparo a un magnífico libro escrito por Fernando Vizcaino Casas, titulado “Al tercer día resucitó”, en donde el autor valenciano a modo de sátira y comedia, hacia un hipotético relato de lo que podía suceder en España, en la época de la construcción democrática si el general fallecido, volviera a la vida en uno de los momentos más convulsos de España, en donde todos, los de un lado y los de otro, tenían la aspiración de consolidar una democracia, reforzar la convivencia de un país que necesitaba modernizarse en modos, maneras y fondo, para convertirse en un país homologable a Europa y Occidente. 

Bien, Franco lo sacarán el próximo diez de junio, lo llevarán a la tumba familiar del Pardo y para algunos, será una victoria ficticia a la realidad, mientras que, para otros, para la mayoría, no será más que una conversación de café, llena de bromas y chascarrillos que, por su trascendencia, será tan efímera, como los logros del gobierno que lo ha conseguido en todo el tiempo de su mandato. 

Los españoles queremos seguridad, tranquilidad, prosperidad, ver que nuestro país avanza y que el hecho de vivir cada día, sea más fácil en una convivencia lo más positiva posible entre nosotros, especialmente cuando hoy en día, por inacción del gobierno o por las circunstancias, estamos llenos de incertidumbre, preocupación, inseguros respecto a nuestro futuro y viendo con asombro, que quienes nos dirigen, pierden el tiempo en golpes de efecto que no añaden nada al día a día, ni aportan nada a la mejora de nuestras circunstancias de vida. 

Franco es historia pasada, forma parte de una etapa de la España del siglo XX, en la que ocurrió lo que ocurrió para desgracia de todos y en donde todos perdimos mucho, porque no es cuestión de bandos, es cuestión de olvidar y evitar todo aquello que haga daño a la sociedad en su conjunto. 

Los que nacimos en la época de los 60, sabemos de Franco por las historietas que nos han contado nuestros mayores, razón por la que, con la perspectiva del tiempo, podemos juzgarlas de una u otra manera, pero nos queda tan lejano, que no merece la pena perder tiempo en pararse a hacerlo, porque ya no tiene remedio. Lo que realmente nos inquieta es el hecho de saber si en los próximos meses, el gobierno que saldrá de las urnas el próximo 28 de abril, será capaz de solucionar el problema de Cataluña sin dañar a la unidad de España o si seremos capaces de afrontar esa situación de crispación y crisis evidente de valores y de ilógica tensión que estamos viviendo en la convivencia los españoles, que hace que fundamentos importantes se estén deteriorando de manera peligrosa. Lo importante es eso y nada de lo que simbolice al pasado, porque el pasado es pasado y ya no tiene remedio, salvo para evitar aquellos errores cometidos por nuestros mayores y que nosotros, no debemos repetir.

1 Comentario

  1. De España me llevaron a Perú en 1942 con siete años de edad y he vuelto con 70 y por lo tanto mi opinión al respecto poco valor tiene. Me imagino que el traspaso de la dictadura a la democracia se hizo con acuerdos de por medio y entre ellos el que Franco estuviera enterrado dónde está, y por lo tanto, y añadiendo los deseos de la familia, debe seguir donde está. Por otro lado, Franco gobernó España, quiera que no, durante 50 años, que no son pocos…

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