colaboradores necesarios

Se viene repitiendo últimamente la conocida frase atribuida al filósofo y ensayista español de finales del Siglo XIX y primera mitad del XX, Jorge Agustín Ruiz de Santayana que reza así: “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, recogida en “La razón en el sentido común”, primero de los cinco volúmenes de su obra La vida de la razón. Una frase que aparece en una de las naves del Campo de Concentración de Auschwitz como “El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”, sin duda para que el visitante no eche en olvido tan profunda afirmación y que tan bien vendría que se la grabasen en su mente algunos de nuestros mediocres políticos y buena parte de esa sociedad ignorante del pasado que parece buscar precisamente la repetición de la peor parte de nuestra Historia más reciente menos de un siglo después.

Permítaseme esta pequeña y a mi juicio incuestionable introducción, antes de hacer un breve repaso de lo que desde hace algunos años vengo tratando al hilo de lo que anuncio en el título del artículo de hoy acerca de algunos periodistas que se dicen “liberales” y, supuestamente, más cercanos a la derecha que a la izquierda, a los que en su día califiqué como “colaboradores necesarios” -indirectos si se quiere, pero colaboradores- de la triste y, sobre todo, peligrosa situación por la que atraviesa nuestra querida España, “gracias” en primer lugar a la “inestimable” acción del beneficiado directo de la triste masacre de Atocha -rememorada hace unos días- durante sus siete años largos de desgobierno y ruina y a la, en buena parte, cobarde -prefiero este calificativo a otros que se me podrían ocurrir mucho peores- inacción en muchos ámbitos, del que heredó esa ruina moral, social y económica -por ese orden, aún siendo crítica la última- del hoy asesor del dictador comunista y “avezado” comprador inmobiliario de ‘chollos’ fuera del alcance del resto de los honrados mortales, al que le dimos una holgada mayoría absoluta en Noviembre del 2011, desperdiciada salvo en lo económico. Pero no es de esto de lo que quiero escribir hoy, que ya traté no pocas veces.

Dicho esto, paso al resumen algo de lo escrito al respecto y puede encontrarse en la hemeroteca sin más que ir a los blogs y medios que me publican desde hace ya cinco años.

El 18 de Septiembre de 2015, como oyente de esRadio y votante -no afiliado- del PP, le dirigía una carta a Federico Jiménez Losantos, que por supuesto no me publicó Libertad Digital, donde de vez en cuando escribía entonces, recriminándole su radicalidad en la crítica a Mariano Rajoy que compartía en el fondo pero no en las formas -mucho escribí también sobre eso- y que me había llevado a unirme al proyecto de Alejo Vidal-Quadras que desembocó en VOX, hasta que las deslealtades de algunos me hicieron, como a cientos más, abandonar esa opción -cuando escribía esto, sin futuro alguno-, pero ese es otro tema, también tratado y por tratar, seguramente. Le recriminaba poca objetividad por ese trato y por su entonces confeso y exagerado “amor” por Albert Rivera, que recordaba al que tiempo atrás profesaba a Rosa Díez, que se diluyó cual azucarillo en café caliente, fervor que ahora se vuelve verde en ese medio que preside, en la práctica totalidad de titulares y contertulios, aunque en los últimos tiempos se le nota cierta dicotomía sentimental tras la llegada de Pablo Casado y la vuelta al PP activo de su contertulia Cayetana Álvarez de Toledo, con la que reconocía aquellos días que el PP “es el partido con la mejor y más cualificada dotación humana”.

Línea tan crítica y dura contra lo azul como admirativa hacia el naranja, especialmente radical en ambos frentes en las fechas previas a las elecciones generales de Diciembre de 2015, seguida por la mayor parte de sus compañeros de tertulia y especialmente por Pedro J. Ramírez, que no perdía ocasión en demostrar su malestar -¿inquina o resentimiento?- que él mismo me negó en el único correo electrónico al que ha tenido a bien contestarme, con la excepción a veces de Luis Herrero, probablemente el que mejor conocía al Partido Popular y a Rajoy, que introducía cierta moderación en sus comentarios. Les preguntaba entonces (7.12.2015) “¿qué han hecho realmente Albert Rivera y su partido en casi diez años de presencia en Cataluña?, añadiendo “aparte de oponerse verbalmente -y además en español- a los desmanes y despropósitos de Arturo Mas, que no es poco”, traducido hasta ese momento en nada práctico ni efectivo pese al crecimiento en escaños, pocos en cualquier caso para ser de utilidad real habida cuenta del descalabro del Partido Popular en Cataluña tras aquellos nefastos “Pactos del Majestic” de 1996 por parte de José Mª Aznar, que se rindió al independentista Jorge Puyol a cambio de un apoyo “provisional” que nunca iba a ser real sino interesado como hemos visto. Les decía entonces que “dos semanas más en esa línea -las elecciones eran el 20D siguiente- pueden traducirse en lo que la mala política de comunicación de los populares hasta ahora no ha conseguido, sobrepasar ese listón de 130 diputados que parece sería el límite de percepción de un fracaso monumental de este partido”, que se quedaron en 124 y llevaron a seis meses de absoluta inestabilidad y a la repetición de elecciones en Junio de 2016. Objetivo de desprestigio conseguido y puesta en serio riesgo el futuro de España. ¡Felicidades, “galgos”! Obvio detalles, de sobra conocidos, pero el resultado fue un variopinto “hemicirco” que recogí en “Del títere al teatro” (24.02.2016) iniciando un despropósito de incierto futuro, en el que ya se veía venir un poco más al “no menos carismático líder de Ciudadanos, el ‘aseado’ Albert Rivera” -como ahora lo llama el número tres de VOX-: votaré NO a cualquier pacto de perdedores que tenga como objetivo impedir que gobierne el partido más votado”, aunque pactó con los dos.

Le dejaba después a ese grupo, impulsor del que llegó para “ocupar el espacio de centro izquierda” que luego se declaraba “socialdemócrata, progresista y liberal”, la pregunta “Quo vadis, Ciudadanos?” (06.04.2016) recogiendo algunas de las ¿contradicciones o incoherencias? de su líder que, junto a lo anterior, sentenciaba “No apoyaré ni al Partido Popular ni al Partido Socialista” -ahí mentía dos veces- y “Nunca votaré SÍ a la investidura de Sánchez”mintió del todo- o “Ciudadanos respetará al partido más votado” -el PP entonces y volvió a mentir-, además de “Ciudadanos no formará parte de ningún Gobierno que no presida”, que su portavoz Juan Carlos Girauta le desmentía sobre la marcha, “un gobierno del PSOE sería demasiado débil, por lo que deberían formar parte de él algunos miembros de Ciudadanos” y los hechos consumados tras las últimas elecciones andaluzas lo acabaron de rematar ¿verdad Sr. Juan Marín?, pero la memoria es corta entre los españoles. Aventajado alumno sin duda, Rivera, del maestro político del multimillonario José Bono, aquel “viejo profesor”, don Enrique Tierno Galván, que decía que “Las promesas electorales se hacen para no cumplirlas”, demostrando el catalán que ese guión se lo sabía y que le venía ”grande la Península, Islas y Ciudades Autónomas”.

Y todavía llegaría a más el seguimiento al naranja por parte de estos comunicadores, cuando tras la nueva contradicción de Rivera después de las elecciones repetidas de Junio de 2016, “nunca veté a Rajoy” dijo, culpando a los periodistas de titular “como quieren” lo que repetía hasta la saciedad: “estaría dispuesto a hablar con el PP pero no con Rajoy o “Rajoy se tiene que ir”, cuando en el artículo del “capitán” que los manda, “La ‘desvestidura’ de Rajoy”, FJL cuestionaba al único que había salvado los muebles en esas repetidas elecciones, al que llamaba “más soberbio que inteligente” -¿se estaría autodefiniendo don Federico?- o no tiene un proyecto de Gobierno”, alimentando así el pacto con Ciudadanos, yo le sugería (10.07.2016) que iba a tener que pasarle una comisión Albert Rivera si, al final, se ve con la ‘patata caliente’ de un ministerio”. Algo en lo que no estuvo solo el comunicador de las mañanas radiofónicas sino bien arropados por sus compañeros de “Desahogo en torno a una alcachofa granate” (29.03.2017). Y, animado por esa “peña” de fans, el que perdió en esa cita -en sólo seis meses- casi 400.000 votantes y 8 escaños le quiso marcar la agenda al que volvió a ganar y recuperó 700.000 votos y 14 escaños y hasta “estaría dispuesto a entrar en el Gobierno de Rajoy”. En fin, ‘loco por la música’, el chaval, cuando olió posibilidad de poder, que sus palmeros pedían en forma de vicepresidencia o ministerio para Rivera, remiso a la asunción de responsabilidades, que lo suyo era, y sigue siendo, la charla.

Al final, esa línea de actuación de tantos “colaboradores necesarios”, que no era otra cosa que una nueva “Crónica de una muerte anunciada”, produjo lo que sólo el resentimiento -aunque como decía, alguno de ellos me lo negó- impedía ver a todos ellos y a muchos de sus fervorosos “clientes” radiofónicos, el asalto al poder de un nuevo frente popular que se consumó en Junio del pasado año por todos los enemigos de España confabulados -extrema izquierda y nacionalismos- en su único objetivo común que viene de lejos en nuestra Historia, acabar con la España que los derrotó en 1939.

Y haciendo bueno el Refranero español, “No hay dos sin tres” o “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” -hay alguno más-, tras comprobar una buena muestra de lo que aquel empecinamiento -en gran medida, insisto, “mérito” de la parte del PP que motivó el desencanto- ha dejado claro y puede empeorarse, vamos al desastre si una mayoría sensata de españoles no lo impedimos el próximo día 28 de Abril con nuestro voto. Porque ahora, ese empecinamiento de los mismos “galgos”, facilitando la táctica del “divide y vencerás” de la izquierda, que tan bien les viene a ésta y a sus socios, cambian de “liebre”, esta vez verde en lugar de naranja, y sigue alimentando el descontento de su clientela en lugar de tratar desde sus micrófonos y medios digitales de unificar el voto al nuevo “cazador” que aparece en escena, Pablo Casado, con un mensaje de esperanza que, a mi juicio, representa la recuperación de lo que echábamos de menos los que siempre -incluso en las dos últimas elecciones como mal menor- votamos al Partido Popular en elecciones generales, municipales y autonómicas, como el mejor -o el menos malo- de los posibles. Y la cosa sigue igual, aunque esta vez creo que el PP vuelve a ser el mejor, sin duda. Pero parece que para algunos el “Objetivo – tal vez irracional, pero obvio- de acabar con el Partido Popular… como sea” (03.05.2017) prima sobre la recuperación de la razón y el interés por el bien de España como prioridad única.

De primarias turbias en Ciudadanos o suprimidas en VOX, en un claro ejemplo de democracia interna, llamada de generales a “filas” y candidatos “estrella” o “estrellados”, ya hablan suficientemente los medios y puede que haya algo más que decir en los próximos días.

1 Comentario

  1. Comparto con el articulista la crítica al nefasto Rodríguez Zapatero que, no solo se conformó con dejar a España como un solar, si no que sigue dejándola como un estropajo con sus visitas a Venezuela, despreciando a buena parte del pueblo venezolano.
    De Vidal Cuadras solo diré que no puede merecer mucha credibilidad cuando abandonó el PP porque Aznar lo envió al Parlamento europeo por indicación de Jorge Pujol, si quería tener su apoyo. Luego se pasó a Vox y ahora ni en Vox.
    En cuanto a la política de Rajoy, ya he dejado sentado en varias ocasiones que lo considero una persona íntegra y aplicó, cuando procedió, el art. 155 de la Constitución, cuando la oposición, primero no quería y luego que fuera “blando”.
    En cuanto a Casado, o mucho me equivoco o no sacará el 60% de los votos que sacó Rajoy. Luego se metió en líos con lo del aborto, que parece que reculó posteriormente, y algún que otro error. Lo tiene crudo para gobernar, y ojalá lo lograse.
    Jimenez Losantos y Pedro J. Ramirez atacaron despiadadamente a Rajoy porque no lograron lo que querían de él. Ahora que no está que echen la mano a Casado, que a Rajoy le negaron.
    De Ciudadanos, siempre lo dije y lo mantengo; no se puede fiar uno de un partido que es una veleta en busca del viento.

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