Juan Carlos I a Guecho

La visita del Portaaviones de la Armada a la localidad vizcaína de Guecho, ha sido sin lugar a dudas uno de los acontecimientos más importantes respecto a la presencia de estamentos del Estado en el P. Vasco en los últimos años, teniendo en cuenta que, en apenas dos días y medio, cerca de 15mil personas han acudido a ver este buque, aguantando colas de hasta cuatro horas y agotando las existencias de los bares del puerto deportivo de la localidad.

Si analizamos este acontecimiento desde el punto de vista político, podemos decir que esta visita, contaba con la oposición de partidos nacionalistas y de los socialistas Vascos, que en un pleno celebrado en Guecho, votaron en contra de la presencia de este buque insignia de la Armada, por su simbología de “instrumento de guerra”, aunque la realidad nos dice que el PSE ha adoptado una postura de “no molestar” a su socio de gobierno tanto en el ejecutivo vasco, como en las diputaciones forales, dado que desde tiempos en los que se formalizara el Pacto de Ajuriaenea, esta formación ha pactado ininterrumpidamente con los peneuvistas, salvo en la legislatura en la que Pachi López, fuera elegido lehendakari con los votos del Partido Popular.

Por otra parte, tampoco hay que olvidar, aunque pasa desapercibido en ambientes políticos del P. Vasco, que sus siglas, a las que lleva incorporada las letras EE de Euskadiko Eskerra, corresponden a su fusión de hace un par de décadas con el partido que en su día encabezará el abogado donostiarra Juan M. Bandrés, en su día abogado del proceso de Burgos y entre los que militaban personas como Mario Onaindia o Kepa Aulestia.

Ni que decir tiene que esta masiva afluencia de Vascos ante la presencia de un elemento de representación del Estado, no puede ser considerado como un despertar del Constitucionalismo en la comunidad autónoma, en la que en décadas la presencia del Estado está reducida a la mínima expresión, sino una reflexión para determinar porqué desde el gobierno u organismos de representación españoles, no se utiliza el P. Vasco, para ningún acontecimiento en el que se refleje su pertenencia a España.

En este sentido cabe decir que la representación del constitucionalismo en el P. Vasco ha ido reduciéndose paulatinamente año tras año, por la desatención que han tenido distintos organismos oficiales dependientes del gobierno central, como consecuencia de los pactos de legislatura de algunos partidos nacionales con el peneuvismo o por la grave crisis que vienen sufriendo algunos partidos constitucionalistas en la comunidad autónoma que desde la marcha de líderes como María San Gil de sus filas, han mantenido una posición más “suave” con el nacionalismo, para así conseguir su apoyo al gobierno de la nación, algo que ha ocurrido con frecuencia, hasta que el PNV pese a aprobar los PGE de Mariano Rajoy en 2018, propiciará su salida del gobierno, apoyando la moción de censura que presentó Pedro Sánchez para acceder a la Moncloa.

Debe quedar muy claro para quien piense que esta visita del Juan Carlos I, puede suponer un cambio en la manera de votar de los Vascos en las próximas elecciones, que esto no va a ser así, puesto que como señalan todas las encuestas, el nacionalismo será el ganador de las elecciones generales, municipales y forales en los tres territorios históricos, mientras por el contrario, el constitucionalismo puede ver mermada su fortaleza de antaño, logrando ser en la década de los 90 la primera fuerza del ayuntamiento de San Sebastián y a cogobernar el ayuntamiento de Bilbao con el PNV, con una reducción de su representación política en casi todas las instituciones, debido a que el electorado no está de acuerdo con las posturas adoptadas por las direcciones de los partidos respecto a sus acercamientos al nacionalismo, junto a un evidente desconocimiento de sus candidatos, casi nada conocidos en los ambientes más granados del centro derecha vasco, fuera del ámbito de sus partidos.

Finalmente cabe decir que la reacción suscitada por esta presencia del buque en Guecho, debería hacer reflexionar a las autoridades del Estado sobre su responsabilidad en la casi nula representación   de “lo español” en el P. Vasco puesto que la demanda de una gran parte de la sociedad es sempiterna, porque le supone una inyección de moral respecto al nacionalismo y su agobiante presión social, que no se ve atendida ni en la posibilidad de que se disputen partidos de la selección española, consejos de ministros en alguna de sus ciudades, ni mucho menos desfiles de carácter militar o actos que hagan reafirmar al P. Vasco, como parte de la España Constitucional.