Feminismo retador

El pasado 8 de marzo se produjeron en España una serie de “manifestaciones pacíficas” (según las convocantes) por las mal llamadas feministas, que se convirtieron -como anuncio en el título- en verdaderas marchas retadoras, repletas de embustes e insultos. Cosa muy natural viniendo de quienes venían. Como cualquier español que está al día, lee los periódicos, escucha la radio, ve la televisión y anda por las calles, lo que hicieron, vociferaron y ensuciaron por toda España ha servido, al menos para mí, para comprender que (salvo las engañadas, que siempre las hay) esas manifestantes no practican el feminismo sino otra cosa a la que no quiero ponerle nombre.

Es fácil que ellas no sepan que, según el DRAE, feminismo, en su primera acepción, significa “Doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres”. Y yo no he visto, leído u oído a estas “féminas” a las que me he referido antes (incluidas saltarinas ministras y la esposa del presidente) reivindicar nada de lo que señala el diccionario. Muy al contrario, las he visto tras pancartas insultantes, haciendo gestos indecorosos y gritando proclamas que no me atrevería a reproducir por escrito.

Y profiriendo consignas contra los partidos constitucionalistas, a la vez que vandalizaban el patrimonio histórico, incluidas catedrales estatuas de insignes personajes -que no les gustan- o sedes de partidos de orden.

Se ha visto claramente que es un movimiento subvencionado y amparado por las organizaciones y partidos de extrema izquierda que lo que consiguen en realidad es dejar por los suelos el prestigio de las mujeres que se prestan a sus repugnantes consignas.