fronteras de nuestra libertad

El pasado sábado 2 de marzo asistí por primera vez a un acto de VOX en Cataluña. La presentación en Sabadell del que ahora es mi partido, me permitió vivir personalmente los efectos de una democracia cada día más defectiva.

Robert Dahl llama democracias iliberales o defectivas a aquellos sistemas políticos que reúnen algunas de las características formales de la democracia, como el multipartidismo o las elecciones periódicas por ejemplo, pero que carecen de otras garantías esenciales para el ejercicio diario de las libertades por parte de la ciudadanía.

Hace tiempo que veo con preocupación la degradación que ha sufrido nuestra democracia. Primero fue la radicalización del PSOE desde la llegada al gobierno del revitalizador del guerra-civilismo, esa némesis de la libertad y embajador de Maduro llamado Rodríguez Zapatero. Después le siguió la irrupción en la esfera pública de un partido marxista como Podemos, liderado por Iglesias, el nuevo Lenin español -con permiso de Largo Caballero-. Tras la anomia política provocada por Mariano Rajoy, hemos de añadir el posibilismo nihilista de Pedro Macbeth, digo Sánchez. El último sumando es patrimonio  del separatismo catalán y su inmenso desprecio por las reglas del juego democrático.

Dada la baja conciencia moral de muchos políticos, así como su indiferencia ante la violación de los derechos fundamentales de los españoles, me temo que estamos sufriendo los efectos de algún virus sociopático. Vivimos en una época en la que la empatía se distribuye con cartilla de racionamiento.

Y en este contexto asistí al acto celebrado en el Casal Pere Quart de Sabadell. En un ambiente más propio de los años negros del Ulster, rodeados de furgonetas antidisturbios de los mossos, padecimos estoicamente el acoso de los CDR, nuestra cuatribarrada kale borroka. Las tropas de choque del Nada Honorable Quim Torra, lanzaron huevos, amenazaron de muerte, tiraron petardos, y quemaron contenedores, mientras sacaban fotos del público como silente y ominosa amenaza de futuras represalias.

La democracia es una forma de vida. Una democracia sin demócratas se destruye a sí misma. Descuidar los deberes ciudadanos se paga con la libertad. Y en la Cataluña de hoy, se ignoran sistemáticamente las dos condiciones que Dahrendorf consideraba pilares de la democracia, pues ni se respeta a una parte de la sociedad civil, ni rige el imperio de la ley.

Especialmente significativo fue el homenaje que rindió la Coordinadora de VOX en Sabadell, Patricia Muñoz, a los militantes ausentes, personas sin rostro a las que significarse podía costarles el empleo o sus relaciones con amigos y familiares. Los compañeros que subieron al escenario saben quiénes son. Yo no. Pero como a ellos, también les rindo mi personal homenaje.

Más allá de compartir o no los principios de VOX, es evidente que sus militantes, especialmente en tierras como la catalana, en ciudades como Sabadell, nos hacen un favor a todos. Con su convicción, con su valentía, como señaló Lola Martín -presidenta de VOX en Barcelona-, creo que son la punta de lanza de una nueva Marca Hispánica. Una Marca que sin obediencia a otros intereses que no sean los de España, se arriesgan cada día a perder su trabajo, a ser agredidos o a la muerte civil, por defender nuestras libertades. Porque no se dejan amilanar por los talibanes de la izquierda, por esos mandarines que conceden carnets de demócrata al albur de sus intereses mientras apoyan a dictaduras o realizan golpes de estado, que demonizan a los que piden que se cumpla la ley, a los que plantean reformas dentro del marco constitucional que ellos pretenden abolir.

Ellos son la última línea de defensa de nuestra defectiva democracia. No por lo que piensan, que también, sino por el precio que están dispuestos a pagar para que sigamos siendo libres. Ellos, como Alicia Rubio, tan sólo son culpables de vivir aquello que proponen, de pagar el precio de la coherencia, de combatir en las fronteras de nuestra libertad.