CIS de Pedro Sánchez

Gonzalo Fernández de Córdova era un principiante en comparación con José Félix Tezanos. El primero pasó a la historia por defender a los Reyes Católicos en el reino de Nápoles y por elaborar unas cuentas que llegaron a iluminar el genio de Lope de Vega. El segundo pasará a la historia por defender a Pedro el resistente en el reino de los sueños y por inventar unas encuestas que no se sostienen, ni siquiera como un argumento teatral.

Han bastado dos mil novecientas sesenta y cuatro entrevistas para retratar un país que no existe en absoluto. Es suficiente dar un paseo por la calle y hablar con los vecinos para dejar constancia de que el CIS se está volviendo a equivocar tal como hizo en Andalucía. Creo que en lo único que acierta, es en la aparición de VOX como nueva fuerza política de implantación nacional, pero seguramente con un resultado detectado muy por debajo de la realidad en términos de porcentajes.

Si las estadísticas y los estudios serios sirven para algo, lo cierto es que a tenor de lo que acaba de pensar en el sur de España, existen inmensas probabilidades de reeditar un pacto entre PP, Ciudadanos y VOX para cambiar el colchón de la Moncloa y dejar atrás la pesadilla del separatismo catalán. España necesita un cambio de aires y ese cambio no puede llegar por la izquierda de un PSOE, que hoy por hoy se ha convertido en un peligroso juez parcial.

De izquierda a derecha el abanico de colores se ha abierto tanto, que las posibilidades para los electores están llenas de matices y de tonalidades que hacen más complicada una elección sensata y emotiva a la vez. Los líos en la casa de Pablo Iglesias han convertido a Podemos en una opción con derecho a baja maternal, que bien podría sufrir una importante fuga de votos hacia el PSOE de Sánchez, mucho más cercano a los planteamientos radicales de la extrema izquierda que a la trayectoria histórica de sus siglas.

A vista de CIS, si podemos creer que el PSOE vaya a mejorar el resultado respecto a las últimas generales, pero ni mucho menos doblando en escaños al PP. Pensar en que podemos y PSOE sumen casi un 48 por ciento de votos es una alucinación o un breve trastorno mental de un cocinero que busca el resultado antes de analizar convenientemente las autenticas cifras. Ni siquiera creo que esas encuestas le convengan lo más mínimo a su jefe, por eso todo resulta francamente inexplicable, al menos con la cabeza fría.

El resultado para los nacionalistas vascos y catalanes si será muy similar al resultado que ahora se reparte por la carrera de San Jerónimo. Espero sinceramente que no sea significativo para el futuro de España pues sería demencial vernos otra vez pendientes de Rufián para aprobar un presupuesto, o mucho peor, una reforma constitucional. Algo hay que cambiar para que el voto de un catalán o de un vasco valga igual que el de un madrileño. No parece justo que un diputado madrileño sea el representante de 182.000 residentes en su comunidad mientras que el Vasco lo haga con 120.000 y el catalán con 159.000. Pero esa es otra cuestión.

Donde se juega la auténtica partida electoral es en el centro derecha. Rivera y Abascal apuestan a mejorar el resultado y a irrumpir en el hemiciclo con el mayor empuje posible, es lo lógico. Pero es el proyecto político de Pablo Casado el que parte con una mayor presión pues se debate entre alcanzar la Presidencia del Gobierno o presentarse ante un nuevo Congreso Popular habiendo empeorado el resultado de Mariano Rajoy. Si malo es para España lo primero, no quisiera imaginar lo segundo conociendo a algunos de mis compañeros.

Entre realidad y deseo, yo creo no equivocarme si pensamos en que tras el 28 de abril la unión de estos tres partidos conquistará una cifra cercana al 48 por ciento de votos recibidos y que, si no se llega a la mayoría absoluta, se quedará raspándola, una vez se materialice en sus correspondientes escaños. El anuncio de Albert Rivera de no pactar con Pedro Sánchez es una clara declaración de intenciones y el compromiso de cambio de VOX está absolutamente garantizado.

Como afiliado del Partido Popular que apoyé con mi voto la regeneración interna en las primarias del último Congreso Nacional, espero que Pablo Casado acierte en las estrategias necesarias para aprovechar esta oportunidad. La campaña va a ser muy intensa y cada gesto va a tener un valor y una relevancia trascendental. Desde el PP, no podemos permitir un traspiés en estos momentos en los que de hacer bien las cosas, se puede empezar a reconstruir la fortaleza de todo el espectro político que llegamos a aglutinar.

Si estamos en esta situación no ha sido por haber hecho las cosas especialmente bien, sino todo lo contrario. Solo faltaría que los responsables y las responsables del Big Bang de siglas, viniesen a terminar de rematar lo que queda del legado de don Manuel Fraga. Se que no está de moda reconocer los fallos cometidos pero me resisto a pensar que la ética ya no tiene un espacio que ocupar en nuestra democracia y mucho menos en algún despacho de la calle Génova. En esto, sigo con la misma ilusión de un chaval de Nuevas Generaciones.

Prudencia si, entender las decisiones por la coyuntura electoral también, pero dejar de ejercer la autoridad recibida por miles de apoyos en todas las provincias puede ser un suicidio que pase una factura demasiado alta, para el Presidente y para el proyecto político de todo un partido. Por todo ello, votar al PP en estas elecciones generales se convierte para muchos que piensan como yo, en un acto de lealtad y de responsabilidad a pesar de las simpatías y de los aciertos de discurso que tengan por su parte Ciudadanos y VOX. Que los tienen sin lugar a dudas.

Uno de los politólogos más perturbadores de la Unión Europea, hablaba frecuentemente en sus discursos sobre la noche de los sueños. Como buen manipulador de sentimientos, al estilo de los predicadores de falsas religiones, utilizaba la música de fondo al terminar cada actuación y siempre repetía el sonsonete de la noche de los sueños. No piensen que se trataba de imaginar un espacio común de bienestar, ni tan siquiera, de un éxito compartido. La noche de los sueños era la materialización de su pequeña venganza, un nuevo ardid para ocultar la basura tras el éxito provisional.

Prefiero el PP de resistencia en el País Vasco o en los rincones más alejados de la costa de mi tierra, que al PP de la noche de los sueños de Valencia, de las cremas de supermercado o del otro resistente, Luis Barcenas. Porque las cosas pueden cambiar, se necesita una oportunidad de regeneración interna. Por eso Pablo Casado debe afianzar el liderazgo de un partido que se olvidó por un momento de su razón de ser. Han coincidido tantas citas electorales que quiero pensar que ha sido imposible comenzar a ordenar nuestra casa. Pero todo llegará a su tiempo, o se arregla la cocina, o nos quedaremos con el recuerdo nostálgico del pasado.

Todo pasa por el 28 de abril. El futuro de España está en nuestras manos. Podremos votar con el corazón, con la cabeza o con las dos cosas a la vez. VOX, Ciudadanos o Partido Popular, tres partidos distintos y sin embargo un mismo camino que recorrer. PSOE, Podemos y los independentistas están en el otro lado. Seguiremos la campaña con atención para intentar cargar de razón la decisión tomada. España está en el aire.

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