28 de abril

Lo que me propongo escribir en varias entregas, con el mismo título con que encabezo este escrito, son una especie de reflexiones en forma de “avisos para navegantes” que en realidad son “avisos para votantes”. ¿Y a quien o quienes van dirigidos? Pues nada más y nada menos que a todos aquellos que me siguen a través del periódico o a los que les suelo enviar por correo electrónico todo lo que escribo.

Me he propuesto, como principio irrenunciable, que no voy a decantarme por ningún partido en particular, aunque desde luego excluiré de mis preferencias a aquellas organizaciones políticas que actúen de una u otra forma en contra la Constitución a los que considero que están en la “orilla mala”.

Y siguiendo esta senda, me gustaría compartir con todos vosotros mi impresión -no exenta de pesar, pero sustentada en la realidad- de que ninguno de nuestros partidos políticos está químicamente puro, aunque está bien claro que -cuantitativamente- los no constitucionalistas se llevan la palma en corrupción, desobediencia y desamor por España.

Dicho lo cual, ya podemos ir pensando que la mejor solución sería que los que están en la “orilla buena” buscaran los puntos que comparten (que son bastantes) y, por elemental patriotismo, deberían acordar coaliciones para conseguir gobernar España como deseamos y merecemos la inmensa mayoría de los habitantes de esta bendita tierra.

En la próxima entrega iré al meollo de la cuestión.

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