juicio por el golpe de estado

Llegó el día, comenzó el juicio, proceso penal contra estos golpistas acusados por la comisión de delitos tan graves como los de rebelión y malversación, a los violadores de nuestra constitución y nuestra democracia. Se está juzgando a aquellos que pretendieron forzar la legalidad dando un golpe de Estado desde Cataluña para romper España el 1-O de 2017.

Este jueves pasado, día de San Valentín, se pudo escuchar la declaración de Oriol Junqueras, ex-vicepresidente del Gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña.

Se le han podido escuchar cosas como: “Estoy convencido de que se me acusa por mis ideas y no por mis hechos, estoy en un juicio político y no voy a responder a las acusaciones. Me considero un preso político” y yo me pregunto, ¿Por qué no está entonces Torra también acusado? La respuesta a esa pregunta se podría fácilmente explicar diciendo que es Porque ha cuidado mucho de no traspasar la línea que hace pasar de la idea política a la comisión de un delito por acción o acto ilegal. Cobarde traición a los suyos, pero no cabía esperar otra cosa de tal personaje o su mentor el Sr. Puigdemont huido, dejando solos a sus compañeros de tropelía ante la justicia y sometidos a prisión preventiva para evitar su ejemplo, es decir, más fugas.

Hay que decir, como aclaración, que pese a la solicitud de un miembro de la defensa para expulsar a VOX del juicio como acusación popular no ha fructificado, ha sido denegada. Sería ciertamente chocante que se hubiera concedido tal petición, por parte del tribunal, cuando fue VOX quien denunció ante los tribunales a los presuntos delincuentes independentistas.

Oriol ha hecho un relato de los hechos y/o las actuaciones del secesionismo para lograr la independencia de Cataluña, ha negado cualquier delito en su actuación, como si fuera él el que hubiera de delimitarlo, y se ha presentado como un hombre de paz. Cuestión capital en la vista oral el que se pruebe la existencia de violencia, un requisito necesario para la existencia del delito de rebelión por el que está acusado.

Nada de lo que hemos hecho es delito. Nuestra voluntad ha sido, y sigue siendo, y seguirá siendo, la del diálogo” (Junqueras 14/02/19). Cuando las palabras se deforman dejan de tener sentido y eso es lo que sucede al tener cualquier tipo de interlocución con los independentistas. Palabras como democracia, legalidad, dialogo,…, pierden su sentido y se pervierten con lo que sus mensajes resultan huecos, falsos, carentes de sentido y lógica alguna. “Antes que independentistas, somos republicanos; antes que republicanos, somos demócratas; y antes que demócratas, somos buenas personas

En fin,…, cuando lo absurdo se hace cotidiano el conflicto no tarda en aparecer. El fanatismo tiene mil caras y en España nos ha tocado vivir en pleno siglo XXI varias de ellas. Populismos, independentismos, neocomunismos filoterroristas,…

Somos muchos, españoles, los que tenemos la sensación de que se ha usado por su parte, por parte del que fue cargo institucional y que entre sus responsabilidades estaba cumplir y hacer cumplir la constitución y el resto del ordenamiento jurídico español,  la declaración en el juicio del “procés” para lanzar una defensa política cerrada del secesionismo catalán, incluido el camino de los hechos consumados que los líderes independentistas recorrieron por la senda de la ilegalidad.

Junqueras no ha mostrado ningún arrepentimiento y anuncia su intención de mantenerse en el desafío al Estado de Derecho español para lograr la secesión por cualquier medio. Y digo yo,… ¿No era pacífico?

“Cuando hay una reivindicación ciudadana pacífica, reiterada en el tiempo, hay que darle una salida política. Es lo que siempre hemos intentado y seguiremos intentándolo, sea cual sea el resultado de este proceso”.

¿Será, además del riesgo de fuga, este ánimo de persistir en sus acciones para romper España uno de los motivos que les mantiene en la cárcel? La verdad, no lo creo. En España se juzgan hechos, no intenciones, aunque en más de alguna ocasión hubiera sido de sentido común y en alguna ocasión hayamos tenido la sensación de que si se hace así. Si así fuera, si se juzgaran intenciones, Torra y su actual gobierno estarían siendo procesados también. Es la estrategia del papel victimista que tan bien les ha ido a los independentistas catalanes en su acoso, lento pero minucioso y constante durante años, a España. Una labor donde el adoctrinamiento generacional ha sido una de sus armas silenciosas pero altamente efectivas hasta llegar a este punto.

Por suerte la Fiscalía tiene una visión antagónica y sostiene que las  antiguas autoridades catalanas, asumieron que la violencia podía ser un medio para lograr la  existencia de la república catalana  y su independencia fuera de cualquier legalidad vigente. Como me recuerda esto a ciertos “réditos” políticos de los que se beneficiaban ciertos partidos políticos, hace algún tiempo, en algún lugar de la geografía española, cuando ETA asesinaba absurda e inmisericorde en su guerra contra el “estado español”. Por cierto a nadie se le olvide Terra Lliure, organización terrorista del independentismo catalán. Ambas organizaciones, en principio disueltas y/o inactivas.

La cuestión es que la justicia, ciega, debe seguir su camino y por otro lado decir que, en mi modesta opinión, son todos los que están pero no están, ni mucho menos, todos los que deberían estar. El tiempo dirá.

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