No sabemos lo que comemos

A estas alturas del siglo XXI, hay veces que nos encontramos desamparados los mortales con quebraderos de cabeza, de pensar que lo que estamos comiendo, bebiendo y chupamos, sea la comida que traguemos y si hablamos de alimentos  precocinados cada día nos bombardean en las teles  presentaciones que después nos dicen que no son buenas para la salud, por aquello de los conservantes, acidificantes y azucares, nos dicen que provocan obesidad, y en su consumo  diario obesidad, según sea el caso y la persona. Se lleva bastante tiempo  hablando de un azúcar que algunas bebidas refrescantes  llevan el ciclamato sódico  E-952,  cincuenta veces más dulce que el propio azúcar  y mucho más barato. Estos azucares, los dos tiene unos inconvenientes y distintos riesgos. “Aunque la toxicidad del E-952 no es elevada, cuando un producto se utiliza a diario por millones de personas, si hay  riesgo, el principio que se suele aplicar es el de precaución, y, por tanto, se suele prohibir”, explicó Eduard Rodríguez Farré, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

A todo esto no todo es malo y menos bueno, pero si hay unas palabras desconocidas  e inexactas en sus prospectos o pegadas  en las botellas y latas, a veces bebidas que, nos puedan traer males mayores a la hora de consumirlas. Hace dos días he leído, una advertencia de la OCU donde se dice que “advierte sobre el fraude de las anchoas del cantábrico” ahora me digo, ¿son del cantábrico las anchoas que nos comemos? Cuando dicen que son del cantábrico. ¿O los espárragos son de Navarra? O como pudría ser que vengan del Perú. ¿O el vino que nos ofrecen en un restaurante nos lo meten por vino francés cuando en realidad es vino español? Cómo en este caso que las anchoas—para mí son una delicia de gusto para el paladar—del cantábrico que como muy dice esta asociación: ¿estamos seguros? ¿Cuando estas pueden haber sido capturadas en otros mares u océanos? Tanto Cantabria y el país Vasco para diferenciar estas latas están creando sellos de calidad, un sello para distinguirlas y diferéncialas del resto. Para llevar este sello, deben haber sido la pesca, su  captura en la flota vasca de bajura y las conservas en lata elaboradas un 100 % por el País Vasco. Referente a la OCU, me congratula sus desafíos en poner en solfa estas  investigaciones y sus realidades.

Ahora, mejor que después le toca coger el mando a las autoridades competentes en estas materias, bien en los  embazadores,  pescadores, y todo tipo de comerciantes que entra en este conglomerado de personas que todo el mundo sabe y calla. Debería ser obligatorio  señalar en el enlatado la especie concreta de la anchoa en el etiquetado, así no caeríamos en la trampa  de pagar liebre por conejo—aunque a mí particularmente me gusta más el conejo, y si es de campo, mejor—o en realidad pagar un  precio más alto  por una anchoa que en realidad es de calidad inferior. Una equivocación no es lo mismo que un error, podemos equivocarnos y corregirlo, pero sería un error equivocarnos a sabiendas y no hacer nada para corregirlo y dejarlo pasar como si no fuese nada.  Todo tiene su importancia y jugar con los alimentos llevamos muy mal camino.