ideas

Ayer, en el juicio al ‘procés’, el fiscal Zaragoza con una sola sentencia ha desmontado el argumento de fondo de las defensas: “nadie es perseguido por sus ideas, sino por sus acciones” dejando claro que no se juzgaba a nadie por lo que pensaba o incluso manifestaba, basta escuchar a los líderes independentistas que aún hoy gobiernan Cataluña, si no a aquellos que, pensaran lo que pensaran o no pensaran nada, cometieron actos presuntamente ilegales.

Contrasta esta claridad, que todos entendemos, con lo manifestado casi en simultáneo por el que ahora representa en Cataluña al Estado y al tiempo al independentismo militante, chocante contradicción, Qim Torra, que no ha dudado en declarar en una emisora nacional que “nosotros ponemos la voluntad de la gente, la democracia, por delante de la ley” cargándose con ello el acervo de pensamiento político de cualquier sociedad occidental avanzada: ni la democracia es sin más la voluntad de la gente, ni la voluntad de la gente está por encima de la ley si no la cambia.

Una vez más se ve que estamos ante dos mundos bien separados, el de la realidad, supeditado a la ley, y el de la ficción, donde se confunde hacer con pensar y democracia con votar.

No entiendo nada. ¿Tan difícil es entender que la ley obliga? ¿Alguien me lo explica?