dictador sanguinario

Lo que está ocurriendo en Venezuela es uno de los episodios más repugnantes, injustos y desconcertantes que la mente más retorcida pudiera imaginar. Porque el hirsuto Maduro, ese dictador chavista, que con su imaginación calenturienta afirmaba que su antecesor -el también dictador Chávez- se le presentaba en forma de pajarito y que le había confesado que “estaba feliz y lleno de amor”, lleva mal gobernando su país, desde hace ya seis largos años y pretende (haciendo trampas) seguir otros seis más (hasta el 2025) aunque sea Juan Gerardo Guaidó el actual presidente de la Asamblea Nacional de su país y parcialmente reconocido como presidente encargado de Venezuela.

Desde que llegó al poder el repugnante y criminal Maduro, Venezuela va de mal en peor; allí la ley se vulnera por sistema y la economía está por los suelos a pesar de tener una de las mayores reservas de petróleo del mundo y muchos otros recursos naturales. Pero el comunismo más cruel y su “cinturón de seguridad” hacen que la tiranía y el narcotráfico allí instalados hayan alcanzado unas cotas insoportables.

¿Cómo sino se puede entender que mientras se están quemando, por sus sicarios, gran parte de la ayuda humanitaria enviada por muchos países, compuesta de toneladas de alimentos y medicinas, este subnormal se permita difundir videos bailando con su esposa lo que se podría definir como “el baile de la muerte”?

Y ¿cómo se puede justificar el silencio de Rusia, China, Cuba y la gentuza del Cine? Venezuela (y nuestro mundo en general) precisa un cambio urgente, pero está visto que ese cambio jamás lo podrá prestar la izquierda en sus distintos grados y en cualquier latitud, porque está demostrado que solo aspira a romper el orden establecido, imponiendo una dictadura de pensamiento único, despilfarrando el dinero de los impuestos en proyectos inviables y quebrar la convivencia y la hermandad entre todos.