Madera de Presidente

Son ya ocho meses largos los que dura la materialización a costa de lo que fuera del sueño ambicioso y volador de un incompetente, que está pasando carísima factura a España, y casi siete desde el necesario recambio en la cúpula del Partido Popular, sin recorrido entonces más que a la baja, tras la desastrosa gestión de los golpes de Estado catalanistas de Noviembre de 2014 y Octubre de 2017 y de la aplicación blanda y corta del Artículo 155, continuación del desperdicio de una mayoría absoluta en 2011 que costará mucho recuperar, si se recupera.

No voy a entrar en detalle de los despropósitos -hasta hoy- del soñador, volante y plagiador, ni de las inacciones y oídos sordos de Mariano Rajoy a más de media docena de avisos electorales de todo ámbito -autonómico, municipal o nacional-, y de otra índole, entre 2012 y 2017 -por mucho que se quieran justificar en la pésima herencia económica recibida, que lo era y más-, que excederían con mucho la capacidad de un artículo -o de un par de libros- y que se pueden encontrar en la “maldita hemeroteca”, en la que he dejado no pocas reflexiones y análisis de unos y otros, en ese periodo.

Dejemos, sin olvidarlo, el pasado y vayamos al futuro que nos viene y puede marcar el retorno al sentido común, con los matices que se quieran, o el desastre ya evidente al que nos lleva este nuevo frente popular. Desde sus primeros discursos en el inicio de las primarias del PP hasta el de cierre del Congreso de Julio pasado, tras ser elegido Presidente por una holgada mayoría de más de 14 puntos de diferencia y sus posteriores intervenciones públicas o en medios de comunicación, sigo casi todo lo que viene diciendo Pablo Casado -también lo ‘leído’ por el “okupante” de la Moncloa- y, sobre todo, me fijé especialmente en cómo lo dice, matiz importante porque, salvo sobreactuación excepcional, merecedora de todas las estatuillas de oro habidas y por haber, es una forma -quizás la única a priori, a falta de hechos que lo confirmen- de medir lo que dice un político y, de manera  fundamental, su credibilidad, tan cuestionada en tantos de nuestros supuestos representantes desde hace casi cuarenta años, sobre todo desde que aquel Alcalde socialista de Madrid, Enrique Tierno Galván, más conocido como “el Viejo Profesor”, reconociera que “las promesas electorales se hacen para no cumplirlas”, antes de invitar al botellón a sus enfervorecidos oyentes.

Yo creo lo que le estoy escuchando a Pablo Casado porque, como decía, me parece muy difícil tener esa fluidez de discurso, con nombres, fechas, datos y convicciones, durante largas intervenciones y sin papeles, si no responde a algo que se tiene interiorizado frente a lo que vemos a diario a la inmensa mayoría de líderes políticos que, salvo coletillas aprendidas a fuerza de repetirlas, no dicen más de tres palabras seguidas sin mirar el papel hasta para decir “buenos días señorías”. Y lo creo también porque por primera vez se escucha a un líder político decir lo que cada día más gente dice en la calle y no caer en la trampa de la maldita corrección política que el lenguaje buenista e inclusivo que impera en buena parte de una sociedad “adocenada” por la decadencia educativa dominante desde que se transfirió esa competencia a las taifas autonómicas ha conseguido imponer la progresía de izquierdas. Y lo que no es progresía de izquierdas ¿verdad Sr. Rajoy y Sra. Sáenz de Santamaría? Lo primero que hay que hacer para entender bien el mensaje es llamar a las cosas por su nombre, aunque haya que llamar “traidor, felón, irresponsable, incapaz o desleal, que está cometiendo alta traición contra los intereses de nuestro país” al que lo es y, como aclara el propio Casado, no son insultos sino definición de un personaje tan nefasto para España.

Y lo ha demostrado llamando con presteza a esa calle, “la España de los balcones” que decía en algunos de sus discursos, a expresar su hartazgo, demostrando su madera de Presidente y adelantándose en la jugada a esa periferia que lo “acompaña” -de momento- por la izquierda y por la derecha y consiguiendo que se “unieran”, dentro de su distancia, a esa demanda popular más que justificada, aunque bien hará Casado en no fiarse demasiado de esos “compañeros” de viaje, prestos a desbancarlo a la menor oportunidad y alguno ya experto en deslealtades varias con quiénes lo sacaron del ostracismo y le dieron generosamente de comer. Circuló una foto posterior a la masiva concentración de la Plaza de Colón, en la que los tres líderes políticos “convocantes” aparecían saludando, eso sí, convenientemente separados, que me recordó la conocida película dirigida por Sergio Leone en 1966 que en España se llamó “El bueno, el feo y el malo”, obviamente, Casado, Abascal y Rivera, por ese orden, aunque puede que el título en italiano, “Il buono, il brutto y el cattivo” se adaptara mejor si estos dos últimos epítetos se tradujeran por lo que suenan, “bruto” como él solo, el “gladiator” verde, y “cautivo” de su veleidad, el calculador, de pensamiento metamórfico, naranja. De nuevo, una imagen vale más que mil palabras.

Lo cierto es que la Plaza de Colón madrileña y sus calles y avenidas aledañas, Goya, Serrano, Castellana, Recoletos y Génova, estaban abarrotadas. Un simple cálculo de superficie -97.000 m² cubiertos, se dice- y ocupación -2/4 personas/m²- arrojaría un mínimo de 200.000 personas siendo muy conservador y posiblemente en torno a 400.000 si somos más realistas y consideramos la densidad que había en buena parte de la concentración, especialmente en la propia Plaza, en la que, literalmente, no cabía un alfiler. Yo estaba allí, al pie del enorme mástil de la gran Bandera Española que preside el espacio público, y puedo dar fe de ello. En mi opinión estuvo bastante bien organizado y políticamente “repartido” en un gesto de generosidad, seguramente calculada -como sería lógico-, del único convocante real, leyéndose un Manifiesto común en el que tres periodistas, representando a cada uno de los tres partidos, de mayor a menor, María Claver (azul), Albert Castillón (naranja desde el primer día, en aquel Movimiento Ciudadano presentado en Octubre de 2013 en el Teatro Goya) y Carlos Cuesta (ahora verde, “que de azul pierde”) se repartieron la lectura. Sólo fue criticable, en mi opinión, la nueva muestra de oportunismo que naranjas y verdes dieron al final del acto cuando los políticos comparecieron ante los medios desde la misma tribuna, rompiendo el acuerdo de que sólo hubiera una misma bandera. Rivera apareció rodeado por multitud de trapos arcoíris y uno rosa, azul y blanco (transexual), y los de VOX, además de enseñar sus camisetas de partido bajo las camisas, remataron desplegando una pancarta verde con el nombre de la formación, pero “cela va de soi” en sus ADN oportunistas que acaba saliendo a la menor ocasión propicia.

Con este precedente de manifestación del hastío que el resultado del contubernio de Junio y el frente popular resultante han producido en el pueblo español de buena voluntad -constitucionalista, dicen algunos, pero yo no me atrevo a usar ambos términos como sinónimos- esa concentración significaba una buena introducción a lo que se iniciaba el martes en el Tribunal Supremo (TS) y se dilucidaba en el Congreso de los “disputados” (CD) entre ese día y el miércoles.

En cuanto a lo primero, tiempo habrá en los tres o cuatro meses que se prevé que durará el juicio de comentar lo que se vaya produciendo, pero no quiero pasar por alto dos puntos que me parece interesante destacar. Por un lado -uno menor- la comparecencia ante la prensa, previa al inicio de la primera sesión, de los dirigentes de VOX en la puerta del TS, en otra muestra de su oportunismo político queriendo rentabilizar su afición por las querellas que, según ellos, son las que han hecho posible el juicio de estos presuntos delincuentes, en una clara manipulación de la realidad judicial que muchos descontentos con el PP de Rajoy -con razón en parte, sin duda- le compran a estos populistas que viven “el sueño de ‘muchas’ noches de verano -primavera, otoño e invierno- durante su pertinaz caída desde Mayo de 2014 hasta unos meses antes del “milagro andaluz” del pasado Diciembre, en el que, en principio, no iban ni a participar. Por otro, la contundencia del fiscal Javier Zaragoza en el segundo día de juicio saliendo al paso de las manifestaciones de la defensa de los políticos acusados por golpismo, a la que ha dejado claro que sus intervenciones “más que alegatos, son libelos acusatorios con el fin de cuestionar a la Justicia y al Estado de derecho”, que “pretenden justificar al que ha intentado quebrantar el orden constitucional y poner en el banquillo al Estado”, añadiendo que “no es el independentismo lo que se juzga, sino los gravísimos hechos cometidos”, para concluir con un rotundo “sabemos que este Alto Tribunal impartirá Justicia”, entre otras muchas cosas. Y mientras tanto, el principal culpable, el fugado Picodelmonte, sigue su gira europea a gastos pagados ¿por quién? y de cenas oficiales, pasando por la embajadilla catalana en Berlín, ante lo que yo me pregunto ¿no es territorio español el de esas sedes? ¿no se le podría detener allí, si lo es? Seguramente me pueden las ganas y no estoy en lo cierto, pero ahí lo dejo por si es que no se le ocurrió a nadie.

Por último, no voy a ocultar mi alegría por el batacazo que el Dr. Plagio se dio en el CD con su proyecto de Presupuestos Generales del Estado, que le han tumbado sus socios supremacistas después de arrastrarse ante ellos mendigando su gracia, y dos diputadas podemitas, lo que abre la puerta al tan deseado como necesario adelanto electoral que se viene comentando en la prensa estos días barajando fechas a cual más inoportunas, 14 o 28 de Abril, la primera Domingo de Ramos y la segunda que implicaría pasar la Semana Santa en campaña electoral -una buena “penitencia” para la izquierda, sin duda-, las dos poco apropiadas, me parece, pero bien venida sea cualquiera de ellas, más lógica la segunda, para lo que habría que disolver las Cortes el próximo día 5 de Marzo como máximo, víspera precisamente del Miércoles de Ceniza, y abriendo una auténtica “cuaresma” para el decadente “okupa”. Aunque no dudo de que este equilibrista del poder se tomará los tres días que se ha dado hasta su comparecencia del viernes tras el consejo de ministros -y ministras, claro, ¿verdad Sra. Calvo “Pixie”? Aparte de componer los decretazos que considere convenientes para su clientela social a base de incrementar el gasto que caracteriza siempre a la ruina socialista y, cómo no, insistir, antes de pasar a estar “en funciones”, con su obsesiva exhumación de los restos del Caudillo que o mucho cambia la cosa o seguirá reposando en su tumba del Valle de los Caídos, desde la que “verá” desfilar al inane traidor camino del ostracismo que se merece, si no del banquillo de los acusados, si alguien se decide a analizar la posible aplicación del Artículo 102.2 de la Constitución, en el que debería gozar de la compañía del asesor de Maduro, al que clonó y casi superó, a ver si se le acaba ese contoneo chulesco de una vez por todas.

Interesante, en la línea antes citada, la intervención de Pablo Casado en su turno tras la presentación del proyecto de PGE que, entre otras cosas, le dedicó al presidente verdades como puños, tales como “nunca nadie hizo tanto mal en tan poco tiempo”, afeándole haber “callado de forma vergonzante ante las reivindicaciones absolutamente ignominiosas del separatismo” o tratar de “permanecer un mes más con el Falcon, en el banco azul, recibiendo a gente en el Palacio de la Moncloa o paseando por el Palacio de Pedralbes con los que le dan la respiración asistida a cambio de millones y de impunidad en sus golpes de Estado”.

La solución, el viernes. O no.