embestir

Compartimos una anécdota que demuestra la importancia del triunfo. Y es que la cuestión es embestir…

<<Victoriano Roger («Valencia II»), espada madrileño, más conocido en el ambiente taurino por el remoquete de «el chato Valencia» (1898-1936) fué en sus primeros años de matador de toros un diestro con gran afición y un valor a prueba, un torero que, aunque corto, triunfaba frecuentemente por la emoción que ponía en su manera de torear, sobre todo por el lado derecho.

En el año 1922 fué a torear a Sevilla las dos corridas de la feria de San Miguel, y al bajar a despedirle en la estación madrileña de Atocha, le dijo su padre, el señor Pepe Valencia, a modo de consejo:

— Hijo mío: Dios quiera que los toros te embistan.

Y el mozo, de recio temple, conociendo la buena intención de la despedida, le contestó con la firme resolución del convencido que se halla dispuesto a todo.

-No se preocupe padre. Si los toros no me embisten, embestiré yo>>.